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El espía que resolvió su propio asesinato

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Poco antes de morir, Alexander Litvinenko ya sabía quién le había matado. Esta semana una investigación concluiría que Rusia mandó asesinar al exespía

PlayGround

20 Enero 2016 06:00

El hotel Millenium de Londres fue el lugar elegido. Era 1 de noviembre de 2006, y dos hombres procedentes de Moscú, Andrei Lugovoi y Dimitry Kovtun se citaron con un antiguo compañero de trabajo para envenenarle.

Era el segundo intento.

La víctima era Alexander Litvinenko, exagente del FSB (antiguo KGB), el servicio secreto ruso. Utilizaron una cantidad minúscula de polonio 210, un isótopo radiactivo que creían invisible e indetectable.

Desde su exilio a la capital británica seis años antes, Litvinenko había empezado a trabajar como escritor y periodista y se había convertido en una de las personas más críticas con el gobierno de Putin.



La tumba de Alexander Litvinenko.

Lugovoi llamó a Litvinenko, le dijo que estaba en Londres con su familia y que iban a ver un partido del CSKA Moscú contra el Arsenal.

Ambos habían colaborado varias veces en la asesoría de empresas occidentales que desean invertir en Rusia. Le propuso una reunión rápida en el bar del Millenium, antes del partido. Litvinenko aceptó.

No sabía que cuando llegó al hotel hacía media hora que su colega estaba allí, acompañado de Kovtum. Ya habían pedido las bebidas alcohólicas. En la mesa no había botellas, sólo vasos. Y una tetera con té. 

'Hay un poco de té aquí, si quieres puedes tomar un poco'

 "¿Quiere tomar algo?", preguntó el camarero a Litvinenko. Él dijo que no. Lugovoi añadió que iban a irse en breve: "Hay un poco de té aquí, si quieres puedes tomar un poco". También pidió una taza limpia, y cuando el camarero la trajo, Litvinenko se sirvió un poco de té.

El té estaba frío, sin azúcar, no le gustó. Pero había ingerido lo suficiente.


Lugovoi y Kovtun en una conferencia de prensa en 2006.

Diecisiete días después Litvinenko estaba ingresado en el hospital. Dos detectives de Scotland Yard, la polícía de Londres, se preparaban para tomarle declaración.

No esperaban que ese hombre ruso, moribundo, hablara en perfecto inglés. Mucho menos que se tratara de un exagente secreto ruso capaz de describir con extraordinaria precisión a los dos hombres que, según su versión, le habían envenenado.

El hombre que los detectives tenían enfrente trabajaba para el MI6, el servicio secreto de su propio país

El testimonio grabado de Litvinenko acabaría durando 9 horas. Empezó diciendo:"No puedo culpar a estas personas directamente, porque no tengo pruebas".

Los dos detectives comprendieron que sabía lo que se hacía. Litvinenko utilizó sus últimas fuerzas para señalar a sus propios asesinos.

El Millenium Hotel, en Londres.

No solo les facilitó fotografías, datos, y detalles de la escena en el hotel, también les dio acceso a sus archivos sobre el gobierno de Putin y su personal de confianza, así como documentación sensible sobre bandas criminales rusas. Les facilitó el acceso a su cuenta bancaria y a su email.

Entonces supieron toda la verdad: el hombre que tenían enfrente trabajaba para el MI6, el servicio secreto de su propio país como experto en crimen organizado ruso, desde hacía tres años. Su muerte iba a resultar un escándalo también en Gran Bretaña.

Para Litvinenko la ideología comunista había sido reemplazada por la ideología criminal. Rusia era un estado mafioso

El 23 de noviembre de 2006, el exagente del FSB indignado por la penetración del crimen en las estructuras de su país, falleció.

Para Litvinenko la ideología comunista había sido reemplazada por la ideología criminal. Rusia era un estado mafioso. Cuando los detectives le preguntaron si quería decir el nombre del hombre responsable de su muerte, dijo:

"Esa persona es el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin". Y dictó una declaración:

"Usted puede tener éxito en silenciar a un hombre, pero el grito de protesta de todo el mundo va a repercutir, señor Putin, en sus oídos el resto de su vida".

[Vía Guardian]




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