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De escritor fantasma a flamante promesa de la literatura

Cansado de escribir autobiografía para otros, Andrew Crofts publica la suya propia: "Confesiones de un escritor fantasma"

Sus vidas no son tan trepidantes como la de Ewan Mcgregor en El Escritor, aquella película de Polanski que narraba la historia de un escritor en la sombra al que se le encargó redactar las memoria del Primer Ministro inglés. Pero eso no quiere decir que sus perfiles sean tan distintos.

Sin ir más lejos, aquel largometraje se basaba en la novela The Ghost. Y Robert Harris, su autor, comenzaba cada capítulo con una frase de Andrew Crofts, uno de los negros literarios más famosos de la actualidad. O al menos uno de los que admiten públicamente haber escrito decenas de bestsellers firmados por otros.

Crofts, no reclama la autoría de los manuscritos ni está enfadado con el mundo por no haberse hecho justicia con su talento para las letras. Pero Crofts tiene una entrada en Wikipedia, una página web en la que presta sus servicios como escritor fantasma y ahora también un libro, Confessions of a Ghostwriter (HarperCollins) que verá la luz el próximo mes de agosto y en el que relata el día a día de su anónimo oficio.

Entre traficantes y políticos

Ha trabajado narrando las vidas de hombres de negocios, celebridades televisivas, traficantes de armas, multimillonarios y políticos. Él mismo relata, con cierto cinismo, la cantidad de aventuras literarias en las que se ha visto envuelto a lo largo de su carrera: "Viajando por todo el mundo, Crofts ha trabajado con las víctimas de matrimonios forzados en el Norte de África y Oriente Medio, con huérfanos de zonas bélicas como Croacia y en dictaduras como la rumana, con víctimas de crímenes y niños que han sufrido abusos. Incluso ha trabajado con miembros de una hermandad criminal", escribe en su página web,

Tras escribir su primera novela y ver cómo era rechazada en cadena por un buen puñado de editoriales, no dudó en ofrecer su talento a aquellos autores que, sea por fama mediática o por tener influencia en el sector, tenían la publicación asegurada pero poco tiempo o pocas habilidades para darle forma. Los encargos empezaron a llegar y a llenarle los bolsillos.

"Es el acuerdo perfecto. Te llevas la comisión, vives la aventura —en cualquier parte, de un palacio a un burdel— y regresas a la seguridad de tu hogar", confiesa a The Guardian. Reconoce que su vida como mercenario de la literatura le reporta muchos beneficios económicos y que, desde Internet, el mercado de las plumas invisibles ha crecido exponencialmente.

Los escritores fantasma salen del armario

"Hace diez años estaba mal visto hablar de negros literarios, como estaba mal visto confesar que tenías citas por internet", afirma Madeleine Morel en NPR. Morel es agente literaria especializada en poner en contacto a estos escritores con editoriales y todos esos autores que firman pero no escriben. "Hoy, sin embargo, este mercado se ha convertido casi en un subgénero. Es decir, buena parte del mundo editorial depende de los escritores fantasma", asegura.

Morel se refiere, sobre todo, a ese subgénero súperventas llamado autobiografía de celebridades. Hoy, quien más quien menos, tiene un libro narrando su infancia, sus logros, sus miserias o dando consejos vitales. Muchos de estos deportistas, actores o simplemente famosos de profesión ni siquiera llegan a la treintena cuando lanzan su primer volumen. Les respaldan decenas de narradores anónimos que, grabadora en mano, estilizan sus anécdotas para enganchar al público.

"He sido un estudiante autista, el fundador de la marca de moda más exitosa, la campeona de 17 grand slam, un superviviente del Holocausto, el copresidente del Comité Nacional Republicano, tres veces alcade de la ciudad de Nueva York y tres veces gobernador del Estado de Nueva York", cuenta Dan Pisner, otro de los negros literarios más célebres (si es que eso se puede decir de alguien que vive de borrar su nombre propio de los papeles)

Stephen King, Truman Capote, Dumas, Kennedy…

El oficio de escritor en la sombra ha existido siempre. Y son muchos los autores famosos sobre los que planea la sombra de la duda: de Stephen King, que ha negado en infinitas ocasiones que tenga a un grupo de mercenarios trabajando en su más que prolífica producción literaria, a Harper Lee, de la que se comenta que comparte la autoría de "Matar a un ruiseñor" con nada menos que Truman Capote. Se sabe que Alejandro Dumas padre tenía a un ejército de narradores trabajando sin descanso o que los textos que firmaba Houdini en la revista Weird Tales los redactaba Lovecraft. E incluso que el Pulitzer que recibió Kennedy por el libro "Perfiles de Coraje" debería haberlo ganado Theodore Sorenson, el genio que también le escribía aquellos memorables discursos.

Los guiones de cine y las canciones (con mención especial al hip hop) son también motivo de polémica entre autores famosos e ideólogos anónimos. Sin embargo, pocos se atreven a herir su ego y confesar que han necesitado mucha ayuda para poner sobre el papel sus vivencias.

El problema es que hoy hay tantos famosos firmando libros que resulta pueril pensar que todos ellos han tenido el tiempo y la habilidad suficiente para escribirlos enteros. Por eso los escritores fantasma se hacen páginas web ofreciendo sus servicios y redactan manuscritos narrando sus peripecias. Ya no les avergüenza hacer público su estado profesional y nadie, a estas alturas, puede darse por sorprendido.

Quién sabe, quizá "Confessions of a Ghostwriter" termine siendo un nuevo bestseller y Andrew Crofts acabe pasando de narrador anónimo a autor reconocido: sería lo mismo que le sucedió al ex negro literario más famoso de la literatura reciente, Paul Auster.

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