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El hacker que escribió la historia secreta de las campañas más sucias de Latinoamérica

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Así es como se cocina una victoria electoral

PlayGround

01 Abril 2016 16:17

Las elecciones ya no se ganan solo con promesas electorales. Ahora, toda una red oculta de hackers, tecnólogos y expertos en neuromarketing trabajan para condicionar la opinión pública. Para recoger votos.

El hacker colombiano Andrés Sepúlveda es una de esas personas que ha conocido desde dentro el mundo de las sombras en el que se ha convertido el juego político. Actualmente en prisión, Sepúlveda ha viajado durante ocho años a través del América Latina manipulando las principales campañas políticas.

Su oscuro arte del hackeo ayudó a que en el 2012 el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto, ganara las elecciones presidenciales.

Pero allí no quedó todo. Sepúlveda ha confesado en una entrevista de Bloomberg Businessweek que además ayudó a manipular las elecciones de otros ocho países robando datos, instalando malware y creando olas de falso entusiasmo en los medios.

En cuanto Peña Nieto ganó las elecciones, Sepúlveda comenzó a destruir todas las evidencias.


El presidente de México, Enrique Peña Nieto.


Sepúlveda perforó agujeros en memorias USB, discos duros y móviles. Calcinó sus circuitos en un microondas y luego los hizo pedazos con un martillo. Trituró documentos y los tiró al retrete y borró todos los servidores alquilados de forma anónima en Rusia y Ucrania mediante el uso de Bitcoins.


Su trabajo consistía en "realizar la guerra sucia, la propaganda negra, la difusión de rumores y toda la parte oscura de la política que nadie sabe que existe pero que todos ven"


Según el relato del hacker, sus servicios fueron requeridos por Juan José Rendón, el asesor político más prominente de toda América Latina que ha asesorado 34 campañas presidencias (de las que solo dice haber perdido 5).

Su trabajo, según sus propias palabras, consistía en "realizar la guerra sucia, la propaganda negra, la difusión de rumores y toda la parte oscura de la política que nadie sabe que existe pero que todos ven".

Sepúlveda creció en medio de la pobreza, en la ciudad de Bucaramanga. Su madre era secretaria, su padre activista. Testigo de la violencia de las FARC comenzó desde tierna edad a odiar los movimientos marxistas de Latinoamérica y se unió a la derecha emergente.

Hasta los 15 años no tuvo acceso a un ordenador. Después de mudarse a Bogotá con su padre recién divorciado, Sepúlveda se inscribió en una escuela local de tecnología y a través de un amigo aprendió a programar.

Su hermano mayor ayudaba en campañas parlamentarias del entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe. Durante una visita a la sede del partido, Sepúlveda sacó su ordenador, interceptó el ordenador de Rendón, el estratega del partido, y descargó la agenda y los discursos de Uribe.

Después de ver la facilidad con la que lo hizo, Rendón entró en cólera. Le contrató ahí mismo.


El asesor político Juan José Rendón.


Su primer trabajo consistió en infiltrar la web de un rival de Uribe, robar una base de correos electrónicos y enviar correos masivos a los usuarios con información falsa.

A partir de ahí, Sepúlveda comenzó la carrera del ascenso en la escalera de la manipulación política, un periplo que duró varios años hombro con hombro con su mentor Rendón. Ahora Rendón niega esta versión de los hechos y asegura que nunca trabajó con el hacker, pero Sepúlveda tiene correos que apoyan sus declaraciones.


"Dar caricias" significaba atacar. "Escuchar música" significaba interceptar llamadas telefónicas de un objetivo.


Los trabajos entre Sepúlveda y Rendón eran acordados en persona. Si era necesario usar el correo electrónico se empleaba un lenguaje codificado que los dos habían acordado. "Dar caricias" significaba atacar. "Escuchar música" significaba interceptar llamadas telefónicas de un objetivo.

Cada trabajo culminaba con una metódica destrucción de pruebas.

En total, el hacker actuó en las elecciones de Colombia, Honduras, Nicaragua, México, Venezuela, Costa Rica, Panamá, El Salvador y Guatemala.

En la manipulación de las elecciones de México, el hacker contó con un software ruso que había adquirido por 50.000 dólares y que interceptaba teléfonos Apple, BlackBerry y Android. También gastó una importante suma de dinero en los mejores perfiles falsos de Twitter, que habían sido mantenidos al menos durante un año.

Además contaba con un ejército mayor de 30.000 cuentas automatizadas que realizaban publicaciones para generar tendencias en la red social.


Cada trabajo culminaba con una metódica destrucción de pruebas.


Los resultados de todas estas campañas de manipulación dieron el resultado que el equipo de Rendón y Sepúlveda buscaban: Enrique Peña Nieto ganó las elecciones.

Pero la relación entre los dos conspiradores acabó rompiéndose en 2012.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos comenzó las conversaciones de la paz con las FARC. Rendón trabajaba con Santos y quería que Sepúlveda se incorporará al equipo. Pero el hacker rechazó la oferta. Iba en contra de sus convicciones políticas. Además, quedó completamente decepcionado; Rendón demostró que sus únicos principios eran los del dinero.

Entonces comenzó a trabajar para el candidato de la oposición, Óscar Iván Zuluaga. En un mes fue arrestado. Alguien le delató.

En los tribunales usó un chaleco antibalas y estuvo rodeado de guardias. Se acabó declarando culpable de espionaje y hackeo y fue condenado a 20 años de prisión.


El hacker Andrés Sepúlveda a la salida de los tribunales.


Después de haber sufrido emboscadas y varios planes de asesinato, fue enviado a confinamiento solitario. Ahora duerme con una manta y un chaleco antibalas detrás de una puerta a prueba de bombas. Los guardias van a ver si esta bien cada hora.

Pero la detención no ha acabado con su trabajo.

Sepúlveda es un testigo protegido y tiene acceso a un ordenador con Internet. Dice que dispone de un programa que ayuda a identificar cuentas del ISIS en cuestión de segundos.

Espera poder compartir la información con los países que luchan contra el grupo yihadista.

Ahora duerme con una manta y un chaleco antibalas detrás de una puerta a prueba de bombas.

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