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¿A qué vota alguien que ha sido víctima del racismo y de la violación de un policía?

Todo lo que te han contado de los chicos enfadados de los suburbios franceses es mentira. A tres días de las elecciones en Francia, hablamos con Thomas Guénolé, experto en desmontar mitos sobre las barriadas

Jueves 2 de febrero de 2017. Cuatro policías realizan un control de identidad a un grupo de gente en Aulnay-sous-Bois, cerca de París; entre ellos está Théo, de 22 años, que se niega al control e inmediatamente recibe una paliza. Horas más tarde, Théo se encuentra hospitalizado, operado por una herida en la zona rectal. El joven de 22 años denunciará una violación por parte de los agentes, quienes le habrían introducido una porra en el ano. A los pocos días, el extrarradio de París vuelve a arder.

Considerado como un asunto de dimensiones nacionales —hasta el punto de que el propio Hollande acudió al hospital a visitar a Théo—, la brutal violación del joven francés reavivaba la historia de violencia, racismo y demonización que los extrarradios de las grandes ciudades francesas, particularmente en París, han sufrido en las últimas décadas. Estas cités son ya uno de los símbolos más rotundos de la desigualdad en Europa.

Ahora, de cara a las elecciones francesas que arrancan el próximo domingo, las reacciones políticas en estos enclaves son una auténtica incógnita. Tomemos por ejemplo el caso de Aubervilliers, que en 2014 contaba con una tasa de pobreza del 39%: mientras en las elecciones de 2012 Le Pen apenas obtuvo una cuarta posición en la primera ronda, en la actualidad el Frente Nacional ya es considerado una opción relevante, incluso entre la población musulmana, como meses atrás constataba en Politico el periodista David Patrikarakos.

Thomas Guénolé, politólogo francés de 34 años, es uno de los mayores conocedores del tema. En el año 2015, Guénolé publicaba Les jeunes de banlieue mangent-ils les enfants?, o sea, '¿Comen niños los jóvenes de la banlieue? Aquel libro era una contestación fulminante al imaginario habitual de los suburbios franceses en los medios —coches ardiendo; mobiliario urbano destrozado…— que él asocia con una palabra: banlieuefobia. Como punto de partida, una estadística: el 98% de los jóvenes de la banlieue nunca jamás han estado involucrados en delitos de ningún tipo.

Preguntado por las previsiones electorales en la banlieue, Guénolé señala que «existen tres grandes corrientes electorales: la abstención; la izquierda con una creciente preferencia por la alter-globalización, en particular la gente con ascendencia magrebí; y un creciente apoyo al Frente Nacional por parte de gente de ascendencia eslava y latinoamericana, que reaccionan a sus dificultades sociales con comportamientos racistas hacia sus vecinos magrebíes».

«Todos los gobiernos, tanto de izquierda como de derecha —añade Guénolé—, decidieron dejar durante décadas que generaciones y generaciones de inmigrantes pobres se pudrieran en estos suburbios».

Claro que, si se trata de que señalar un político especialmente dañino para las periferias urbanas, Guénolé lo tiene claro: Nicolas Sarkozy.

«Primero —dice el politólogo— demonizó a las poblaciones jóvenes llamándoles "racailles", morralla. Luego implementó la "politique du chiffre" en la policía de Francia. Esto significaba que los policías tenían que acumular "casos vistos y casos solucionados". Por tanto, los policías empezaron a acumular identificaciones policiales racistas de forma masiva con el fin de detectar a los escasos inmigrantes jóvenes clandestinos entre la gran mayoría de residentes legales. El comportamiento aumentó las tensiones racistas entre la policía y la población».

Una paradoja particularmente obvia en el debate es el hecho de que una parte notable del star system francés —músicos, futbolistas— surge de la banlieue. ¿Contradicción? En realidad, no: « según el discurso banlieuefóbico, estos pocos afortunados son la demostración de que todos aquellos que están desempleados y son pobres lo son porque no trabajan lo suficiente. Irónicamente, la mayoría de la gente que dice estas cosas pertenece a la clase media alta y heredaron su estatus social de sus padres, sin necesidad de haber tenido que subir la escalera social».

Cuenta Guénolé que el origen del mito del joven de banlieue comenzó en los primeros años de los noventa. «Los disturbios—dice—ya habían empezado en los 70, pero entre finales de los 80 y comienzos de los 90 convergieron a la vez los disturbios y la emergencia de la edad dorada del hip hop francés: IAM, NTM y demás. Los disturbios y el rap amenazaban el "centre-ville", es decir la clase media alta. Y luego en el 95 llegó la película de La Haine, que se centra en pequeñas pandillas violentas, aunque su éxito es enorme y de pronto pasa a ser la forma en que el gran público ve a la 'juventud de banlieue'. Es así como nació el mito».

Guénolé, cuya fama se disparaba días atrás en Francia a partir de una tribuna suya publicada en el periódico Libération y titulada «Electores de izquierda, votar a Macron es inútil», tiene claro qué es lo que hay que hacer para llevar a cabo un verdadero programa de integración en la banlieue: pleno empleo, lo que a decir del politólogo no es posible con el actual «sistema de libre comercio que implica precios bajos, pero a la vez una tasa estructural de desempleo masivo».

Pero mientras ese pleno empleo a través de una política keynesiana llega, la única forma que existe de acabar con la discriminación es —según Guénolé— «el enfoque punitivo, basado en cuotas, controles, persecuciones y juicios a firmas que no hagan lo suficiente por la diversidad en su política de contratación». Con todo, lo extraño de la circunstancia es que al establishment político tampoco le interesa perpetuar la banlieue. «Lo que pasa es que las elites francesas son incapaces de reducir la desigualdad y la discriminación que son la consecuencia de un sistema que no quieren combatir: como yo lo llamo, la “globalización infeliz”».

 

 

 

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