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Por qué estamos enganchados al alcohol: una historia cultural de la bebida (I)

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El alcohol nunca fue algo a lo que temer... hasta que un día se convirtió en la droga más peligrosa de todas y nos engañamos para convivir con ella

Rafa Martí

01 Abril 2016 06:00

*Imágenes de Peter Dench

El viejo Lot jamás lo supo. Pero una noche, tras beber demasiado vino, se acostó con sus dos hijas. Ellas le embriagaron para tener descendencia, según cuenta el Génesis.

Si Lot hubiera conocido su desgracia, seguramente, no habría bebido. O sí.

Algo parecido nos pasa en pleno año 2016: a pesar tener numerosas estadísticas que señalan al alcohol como la droga más peligrosa, es la que menos hemos regulado y la que más aceptamos socialmente.

Entender por qué nos emborrachamos y lo aceptamos socialmente escapa a la lógica racional y a la evidencia científica

¿Somos estúpidos? No. ¿Somos masocas? Tampoco. Entender por qué nos emborrachamos y lo aceptamos socialmente escapa a la lógica racional y a la evidencia científica.



La única respuesta está en un viaje que empieza hace 10 millones de años, antes de ser humanos, cuando comenzó nuestra larga y tortuosa relación de amor y odio con el alcohol.

Cómo y por qué comenzamos a beber

A beber alcohol comenzamos hace 10 millones de años… porque lo necesitamos para sobrevivir. Según la teoría del “mono borracho” de Robert Dudley, los primates que dieron origen a nuestra especie podían metabolizar el alcohol; mientras que el resto de especies no.

Así, cuando los demás tomaban fruta o agua podrida, los primates podían alimentarse de frutos o bebidas fermentadas. Fue un hecho que permitió su evolución.

Como todos los grandes descubrimientos, la fermentación apareció por casualidad. El agua de lluvia sobre las colmenas de miel produjo la primera bebida alcohólica: el hidromiel. Era el néctar de los dioses.

El alcohol fue un nutriente básico para la evolución. Y al mismo tiempo nació como una droga que provocaría intoxicaciones memorables

A la hidromiel le siguieron la cerveza y el vino. En Mesopotamia y Egipto, la necesidad de almacenar el grano provocó la fermentación que dio lugar a la cerveza. Lo mismo ocurrió después con las uvas y el vino.



De una manera u otra, el proceso natural de la fermentación originó el alcohol en todas las sociedades, en diferentes momentos históricos y sin haber tenido contacto entre ellas.

Pero al mismo tiempo que el alcohol entró en la vida del ser humano como un nutriente, lo hizo como una droga. Desde pronto, el alcohol también fue una parte inseparable de ceremonias y experiencias místicas. De borracheras memorables.

La primera borrachera

Iain Gately, autor del blog Proof del NYT y de Drink. A cultural history of alcohol, dice: “Tenemos pruebas muy tempranas de la intoxicación por alcohol hace 5.000 años, si miramos recipientes usados entonces. Fermentaban la cerveza y también añadían plantas psicoactivas”.

La intoxicación por alcohol, sin embargo, era un problema ligado a episodios históricos puntuales y minoritarios.

En Roma, el exceso se materializó en los ríos de vino que corrían en las bacanales. A pesar de la magnificación que la Historia ha dado a estas fiestas, eran prácticas reducidas a las élites y nunca llegaron a representar un problema de salud pública.

A pesar de que las intoxicaciones en la antigua Roma o durante la conquista de América fueron graves, nunca representaron un problema masivo de salud pública

Otro de los momentos clave de la intoxicación fue cuando los conquistadores españoles colonizaron mesoamérica. Gina Hames, historiadora y autora de Alcohol in World History, explica que en entonces se fusionó una cultura europea que consumía alcohol todos los días con una cultura que consumía en exceso pero solo en festividades señaladas.



“Muchos indígenas comenzaron a beber todos los días como estaban acostumbrados a hacerlo en algunas ocasiones del año”, asegura.

Sin embargo, como dice Hames, “para la mayoría de culturas, beber hasta la borrachera no era un problema porque la gente apenas bebía, y solo lo hacía en ocasiones religiosas”.

Pero es que incluso en las culturas en las que se bebía a diario, la borrachera tampoco representó un peligro.

En la Europa medieval el alcohol no solo no fue un problema de salud pública, sino todo lo contrario: “Hasta el siglo XIX, beber era totalmente seguro, porque beber agua no lo era. Y esto ha pasado desde los constructores de las pirámides en Egipto, que estaban alimentados por cerveza, hasta el consumo ordinario en el Reino Unido, que era de 8 pintas al día”, dice Gately.


10 millones de años bebiendo, 300 años intoxicados

Desde muy temprano en la historia, el alcohol ha tenido una relación bipolar con el ser humano, como la del doctor Jekyll y Mr. Hyde. Jekyll era la parte festiva, nutritiva y segura. Hyde era la parte de la intoxicación, y de todos los problemas sociales y de salud que conocemos.

Hasta el siglo XIX, sin embargo, fuimos más Jekyll que Hyde: no fue hasta entonces cuando el alcohol comenzó a verse como un peligro.

Podríamos decir que comenzamos a beber hace 10 millones de años. Y que solo comenzamos a pasarnos de copas hace 300.

La cuestión es, ¿por qué lo hicimos?




(Lee la segunda entrega de este artículo mañana)

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