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Por qué estamos enganchados al alcohol: una historia cultural de la bebida (y II)

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El alcohol solo se criminalizó después de que la revolución industrial introdujera el consumo masivo. Y la intoxicación masiva

Rafa Martí

02 Abril 2016 06:00

El alcohol, como Jekyll y Hyde, tuvo dos caras desde el inicio. Primero fue un nutriente. Y al mismo tiempo que nació como un nutriente y una bebida incluso más segura que el agua, se convirtió en una herramienta de intoxicación. Hasta el siglo XIX, nuestra relación con el alcohol fue en la cara buena de la moneda, en la cara de Jekyll. Los episodios históricos de intoxicación hasta entonces fueron minoritarios y jamás representaron un problema de salud pública. Sin embargo, hubo un momento en el que las cosas cambiaron, y el alcohol pasó a ser un problema, hasta el punto de ser criminalizado.

Lee la parte I de este artículo aquí


¿Qué fue lo que provocó que el alcohol pasara a ser una epidemia? ¿Qué llevó al alcohol a ser moralmente censurado, hasta el punto de prohibirse? ¿Qué llevó al consumo en exceso como algo generalizado, y a la intoxicación masiva? En definitiva, ¿qué transformó al doctor Jekyll en un Mr Hyde permanente?

Hasta la revolución industrial, el alcohol era un hecho cultural localizado en diferentes sociedades. Un hecho festivo, necesario, intrínseco a la sociedad, que solo daba resacas de manera ocasional.

No era un fenómeno global e interconectado. Ni era visto como un peligro.

Revolución industrial y etílica


Fábrica de Guinness en Dublín

Gina Hames, autora de Alcohol in World History, dice que la revolución industrial fue el principal motor de cambio cultural en nuestra relación con el alcohol. La industrialización trajo la producción masiva, introdujo los destilados y la comercialización del producto a través de la publicidad.

“En la Revolución Industrial, uno de los primeros productos en industrializarse fue el alcohol. No podría explicarse el desarrollo industrial de Irlanda sin Guinness, que adelantó a muchos países europeos. Podemos decir que la industria del alcohol llevó a la industrialización en diferentes partes de Europa”, dice Hames.

La lógica productiva provocó el boom de los destilados: alcoholes más fuertes que la cerveza y el vino.

Y más rápidos de producir.

La revolución industrial trajo la producción masiva de destilados. Y con ella, llegó la intoxicación masiva y la condena moral del alcohol

Y esta producción masiva tenía que ser comercializada. Por esto, el alcohol industrial creó también las aspiraciones y las identidades: la publicidad y la venta de un estilo de vida o un nivel social.

Es cierto que el alcohol siempre ha estado vinculado a la identidad: en Mesopotamia era un producto elitista mientras que en la Edad Media el vino identificaba a los ricos y la cerveza a los pobres. Sin embargo, la publicidad en el capitalismo llevaron la potenciación de la identidad al extremo.

“Si nos movemos hasta la actualidad, tenemos identidades como la raza, la clase, la orientación sexual, el género... Y el alcohol se ha adaptado perfectamente a todas estas identidades y, de alguna manera, las ha ayudado a definirse”, asegura Hames.

Producción masiva, intoxicación masiva


Pero la producción masiva y su promoción trajeron los problemas:

“Con el boom de los destilados en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII, la clase obrera comenzó a tener problemas de intoxicación. Las clases trabajadoras, ahora con acceso a los destilados, bebían hasta el exceso. La burguesía comenzó entonces a querer controlar a la clase trabajadora para hacerla productiva”, explica Hames.

Y lo mismo se replicó más tarde en otros lugares: “Cuando EEUU comenzó la prohibición en 1920, la idea en México era que también necesitaban la prohibición, porque los bebedores problemáticos eran de la clase trabajadora”, añade Hames.

Los burgueses habían creado una máquina de hacer dinero con el alcohol industrial. Pero también lo habían convertido en la droga que sedaba a los obreros

Los propios burgueses habían creado un arma de doble filo: una máquina de hacer dinero y un sedante masivo para los obreros. Ahora había que censurarlo moralmente.

La industrialización llevó a la expansión internacional de la cultura alcohólica europea. Por lo que el alcohol como un hecho cultural localizado desapareció para convertirse por una cultura universal del alcohol, que ya estaba marcada por el exceso.

Por su parte, Iain Gately, autor de Drink. A cultural history of alcohol, dice: “No fue hasta que las bebidas espirituosas (destilados) fueron consumidas por todo el mundo que comienza a asentarse la creencia de que el alcohol es algo asqueroso. En Inglaterra pasa con el gin, luego en América con el whisky. Eso fue uno de los detonantes del movimiento de la templanza que llevó al prohibicionismo en EEUU”.

De néctar de los dioses a veneno del diablo



La abuela de Gately probó el alcohol —por primera y última vez en su vida— el día de su 100 cumpleaños. Fue una inofensiva copa de champagne. Ante el silencio expectante de sus familiares ante un hecho tan excepcional, dijo: “Está bien, pero no lo suficiente como para querer otra copa”.

La abuela de Gately había emigrado de la tierra escocesa del whisky Johnnie Walker a EEUU en los años 20. Era una hija de la influencia del Movimiento por la Templanza y del prohibicionismo. El alcohol era un demonio al que había desterrado completamente de su vida.

Los problemas que provocó la producción industrial de alcohol derivaron en el prohibicionismo, que solo asentó la cultura alcohólica e introdujo a las mujeres como consumidoras

El pensamiento de personas como la abuela de Gately fue en lo que desembocó la expansión del alcohol industrial, junto a un renacer religioso en EEUU: los problemas sociales derivados del alcohol eran evidentes y los extremistas religiosos quisieron revertir una epidemia que se había descontrolado.

La acción política del Movimiento por la Templanza fue desde lo más abajo en los condados del país hasta conquistar una enmienda en una nueva Constitución.

Se criminalizó y demonizó el alcohol.

La prohibición y su efecto rebote


Lo que vino después lo sabemos de sobra, a través del esfuerzo de Hollywood para mostrarnos los efectos nocivos, de mafia y de crimen que el prohibicionismo ocasionó.

Además de crear un mercado criminal, el prohibicionismo consiguió extender el consumo de alcohol, en lugar de frenarlo.

“El prohibicionismo puso el tema en la calle. Hizo que creciera el crimen organizado y que se convirtiera en un problema nacional. Y luego, cambió la manera de beber. Precisamente porque era ilegal, la gente bebía más, y bebía para emborracharse. Se fueron al lado de Mr Hyde para siempre y mucha gente se envenenó. Fue un fracaso terrible”, dice Gately.

Además de potenciar los hábitos de consumo, el prohibicionismo enseñó al Estado que era más rentable legalizar y apoyar el alcohol para obtener los ingresos de los impuestos

El prohibicionismo cambió tanto la manera de beber que incluso sentó las bases para convertir a las mujeres en consumidoras activas: “En la época de la prohibición las mujeres tienen un acceso al alcohol totalmente insospechado hasta entonces. Se encargaban de las destilerías ilegales. Al final de la prohibición, en 1933, nos encontramos con que ya estaba aceptado que las mujeres bebieran en público. Precisamente por esta influencia de la mujer se dio el boom de los cocktails”, asegura Hames.

La aceptación de Mr. Hyde


Con el prohibicionismo aumentó la cultura alcohólica. Al mismo tiempo perpetuó la lógica capitalista que había instaurado el alcohol industrial. La prohibición se levantó, pero porque el Estado había visto en los impuestos sobre el alcohol una fuente de ingresos incomparable a cualquier otra: “La prohibición era mala para el Gobierno y por eso la terminaron”, dice Hames.

“Y así pasó en muchos países: en la India, por ejemplo, querían la prohibición porque veían el alcohol como una imposición colonial de Inglaterra y un hábito condenado por el Hinduismo y el Islam. Sin embargo, el gobierno indio necesitaba al alcohol para seguir cobrando impuestos”, dice Hames.

“En Rusia, cuando llegó Stalin y quiso industrializar el país, volvió a promocionar el alcohol porque el país necesitaba los impuestos. Podría argumentar sin miedo que uno de los principales elementos del desarrollo de la Rusia soviética fue por el respaldo de las tasas sobre el alcohol”, continúa.

El alcohol ya había creado un círculo vicioso: era masivo e intoxicaba. Prohibirlo solo generó más cultura del exceso y añadió a las mujeres como nuevas consumidoras. Y además, generaba dinero para las empresas privadas y para los Estados.

La industria del alcohol y los estados se encargaron de descriminalizar el alcohol después del prohibicionismo. Ambos querían ingresos

De alguna manera nos habíamos convecido de que, en nuestra relación con el alcohol, no nos quedaba otra que ser Mr Hyde. Y teníamos que convertir esa personalidad negativa en algo positivo.

Fue el nacimiento de la doble moral: el alcohol era un problema para la salud pública, pero a la vez un elemento sin el cual la maquinaria capitalista no podía funcionar. Era la base del progreso y, al mismo tiempo, la de la desintegración social.

En los años posteriores al prohibicionismo hasta hoy, la combinación de la industria y del Estado se encargaron de normalizar el alcohol otra vez. Y se encargaron de que aceptáramos al Mr. Hyde del alcohol como algo normal. Y de que incorporáramos la droga más mortal como un hábito social más. Lo hicieron a través del boom publicitario.

“La publicidad es el principal factor para que el alcohol esté introducido en nuestras sociedades”, asegura Hames.

¿Volveremos a llevarnos bien con el alcohol?



La evolución histórica nos demuestra que el asunto del alcohol va mucho más allá de la evidencia médica o científica. Comenzamos a beber como un acto nutritivo al mismo tiempo que nos intoxicamos. Abrazamos el alcohol como un hecho cultural apenas inofensivo para convertirlo en un acto masivo y globalizado que nos llevó hasta los problemas que que conocemos.

El alcohol logrado apaciguar frustraciones y hacer amigos, y también todo lo contrario. Nuestra relación con el alcohol siempre será la de Jekyll y Hyde

“Bebemos por placer, porque es una comida sofisticada. La sociedad moderna ahora es mucho menos violenta y el alcohol es una especie de seguro, porque permite a a la gente desestresarse, aunque al mismo tiempo puede hacerla muy peligrosa. El alcohol logrado apaciguar frustraciones y hacer amigos, y también todo lo contrario. Nuestra relación con el alcohol siempre será la de Jekyll y Hyde. La clave está en que sepamos convivir con el alcohol como si fuéramos Jekyll más que Hyde, y no al revés", dice Gately.

La cuestión es: ¿es posible en las circunstancias actuales?

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