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¿Por qué nos enamoramos de las chicas con enfermedades mentales?

"El Nao de Brown": el trastorno obsesivo-compulsivo que acabó convirtiéndose en historia de amor

Nao Brown es una chica londinense de orígenes japoneses que sufre un trastorno obsesivo-compulsivo un tanto fuera de lo común. Su locura no provoca miedo en el lector, sino más bien ternura. Nao sueña cosas extrañas todo el rato, y a veces incluso tiene visiones terribles. El cómic, por ejemplo, comienza con ella imaginando que empuja a un hombre a las vías del tren, como si fuera lo más normal del mundo. Las viñetas se suceden entre lo real y lo imaginario, y Glyn Dillon, su creador, divide su vida entre dibujos de tonos oscuros o luminosos, dependiendo de su estado de ánimo. Conforme llegamos al final, la diferencia de estilo entre viñeta y viñeta se acentúa, pues Nao está enamorada, pero sus sentimientos acaban por chocar continuamente.

La portada de ‘ El Nao de Brown’ lo dice todo sobre la novela gráfica que encontraremos a continuación: una chica con cabeza de lavadora (motivo recurrente en el libro) que no es otra cosa que la metáfora de la mente de su protagonista, la cuál sólo puede ser curada a través de la meditación. Este continuo dar vueltas de su cabeza resulta muy atractivo para nosotros. Hay algo excitante y enamoradizo en una mujer que aparentemente es frágil, pero en cuyo interior se pueden encontrar huracanes. Los rincones oscuros de su mente acaban por conquistarnos, por obsesionarnos y por hacer que queramos entrar en sus enigmáticos mundos pase lo que pase.

Mujeres que se quedan dentro de nosotros, como Justine en Melancholia, tan desquiciada y silenciosa; o Amélie, heroína solitaria y maniática; o Carrie, de Homeland, y sus altibajos continuos; o por ejemplo Susana, la dramática amiga de la narradora en La trabajadora, última novela de Elvira Navarro, cuyos delirios acaban por convencer a la protagonista de que ella también está loca y consiguen que su personalidad se hunda en la depresión más profunda.

Entonces, ¿por qué nos gustan tanto estas chicas, si al final lo único que nos aportan es daño? La respuesta está en el prólogo de ‘El Nao de Brown’, escrito por Jessyca Hynes, en donde advertimos que la locura puede ser contagiosa. Sus dos últimas frases son definitivas, y quizá, a partir de ahora, también nos sirvan como una suerte de escudo: " La mente inquieta te hará creer que eres tú, que tú eres ella. Y no lo eres".

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