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El hombre que gastó 1.5 millones de dólares para llevar 200 refugiados a Canadá

"No quería tener 80 años y saber que no hice nada durante la mayor crisis humanitaria de mi época"

En verano de 2015 ya habían muerto 250.000 personas en Siria y otros 4 millones habían huido del país. Ante aquello, Jim Estill no pudo quedarse de brazos cruzados.

El CEO de Danby, una compañía de electrodomésticos con ventas anuales de 400 millones de dólares de Guelph, Canadá, decidió ayudar a familias sirias a llegar a su país y a empezar una nueva vida lejos de la guerra. Al principio no contó su plan a nadie, pero ahora, Toronto Life ha recogido su historia.

"No quería tener 80 años y saber que no hice nada durante la mayor crisis humanitaria de mi época".

Así que calculó el dinero que necesitaría para ofrecer una vivienda, alimentos y cubrir otras necesidades de 50 familias. El resultado fue 1,5 millones de dólares.

Para llevar a cabo su plan, reunió a organizaciones religiosas y cívicas de la ciudad y pactaron crear el programa de ayuda a los refugiados sirios Ease Into Canada. Se trata de una iniciativa ambiciosa con la que Estill quiere demostrar a empresarios ricos del país que con sus recursos es posible ayudar a los demás. "Si puedes dirigir una empresa con 800 empleados, entonces puedes dirigir una organización con 800 voluntarios".

En verano de 2015 ya habían muerto 250.000 personas en Siria y otros 4 millones habían huido del país. Ante aquello, Jim Estill no pudo quedarse quieto

 Con este programa no pretende que los refugiados dependerían siempre de él. Solo darles el primer empujón para empezar una nueva vida y ayudarles a encontrar trabajo para que después puedan pagar sus impuestos y comprar sus propias provisiones. "No les estamos animando a depender de nosotros. No les haríamos ningún favor si solo les entregáramos cheques".

Una de las cosas más complicadas para este empresario fue leer miles de cartas llenas de sufrimiento y elegir quienes permanecería en Siria y quienes vendrían a Canadá. "Tuve que jugar a ser Dios. Fue como encontrar a mil mendigos. ¿A quién ayudas? ¿Cómo escoges quién se muere de hambre?".

Una de ellas relataba una triste historia que decía: "Sr. Jim Estill, somos una familia siria y ahora estamos en Jordania como refugiados. Queremos ayuda para llegar a Canadá. 2 primos nuestros fueron asesinados por el gobierno sirio, 1 hermano nuestro está desaparecido y 2 detenidos... Ayúdenos, por favor".

"Si puedes dirigir una empresa con 800 empleados, entonces puedes dirigir una organización con 800 voluntarios"

Para tomar aquella difícil decisión, se centró en los solicitantes que creía que tenían más probabilidades de tener éxito en Canadá. Aquellos que tenían familia en el país y que podrían trabajar.

Finalmente, después de tiempo de planificación, llegaron los primeros refugiados. Acabaron siendo 58 familias, 220 personas, que lo primero que hicieron fue informar a Estill sobre los parientes que habían dejado atrás. Él no supo decir "no" a nadie y apuntó todos los nombres, que acabaron sumando 200, con la esperanza de encontrar la forma de sacarlos del limbo en el que se encuentran.

Muchos de ellos carecían de experiencia o no tenían el nivel de inglés adecuado para trabajar en las fábricas de la ciudad. Pero Estill encontró una solución para: les ofreció empleo en el almacén de Danby, donde podrían coger experiencia y practicar el idioma.

"Tuve que jugar a Dios. Fue como encontrar a mil mendigos. ¿A quién ayudas? ¿Cómo escoges quién se muere de hambre?"

Entre los primeros refugiados que llegaron, se encontraban Nadeen y sus 3 hijos: Alem, Maha y Naya (todos nombres ficticios). Antes de esto vivían en Bariqa, Siria, donde ella era directora de un colegio y su marido abogado.

Pero en noviembre de 2012 todo cambió: su ciudad se convirtió en un frente de guerra. A partir de aquel momento empezó un largo viaje que, afortunadamente, les acabó llevando hasta Guelph.

Ahora viven en una vivienda cerca de la Universidad de Guelph, diseñada para estudiantes con familia. Nadeen trabaja media jornada en la misma universidad ayudando a estudiantes internacionales a establecerse en Canadá y sus 3 hijos van a la escuela. El siguiente paso es intentar traer a su marido junto a ellos.

Después de todo, Estill sigue pensando como ayudar a más refugiados a llegar a Canadá y motivar a otros empresarios a unirse a su causa. "Sé que estamos haciendo algo bueno, pero nunca estoy satisfecho. He ayudado a 200 personas. Ahora estoy pensando en los próximos 200 ".

[Vía Toronto Life]

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