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Una empresa belga instala microchips en el cuerpo de sus trabajadores

La compañía de marketing NewFusion propuso a sus empleados incrustar en sus cuerpos pequeños dispositivos electrónicos. Ocho de ellos aceptaron

Ayer mi empresa me dio la posibilidad de convertirme en cyborg. En los últimos meses, desde dirección han estado pensando que las tarjetas con las que fichamos a diario al entrar y salir del edificio ya no son demasiado eficaces. Son poco innovadoras, old style, demasiado comunes para los trabajadores del gremio creativo.

Desde dirección, dicen, han encontrado una nueva forma de "monitorizar nuestro trabajo". Controlar nuestras vidas. La era de la tecnología nos ofrece un amplio abanico de posibilidades. El siglo en el que la ciencia ficción se hizo realidad ha creado un nuevo dispositivo que hará feliz a mi jefe.

Tiene el tamaño de un grano de arroz y más inteligencia que mi último iPhone. Me han dicho que no dolerá. Serán apenas unos segundos. Una máquina quirúrgica esterilizada impactará con su tubo a modo de aguijón entre el dedo gordo y el índice de mi mano derecha y depositará en mi piel un huevo tecnológico.

Mi carne abrazará el nuevo dispositivo, que a partir de ahora retransmitirá al móvil de mi jefe la hora en la que entro, la hora en la que salgo, la velocidad a la que estoy tecleando este artículo, las veces que he ido al baño, el viaje en el metro que he hecho para llegar aquí, las veces en las que he dejado de teclear para hablar con mis compañeros de mesa.

No soy una ex convicta pero llevaré entre mis dedos un microchip que funcionará como la pulsera electrónica que les ponen a los violadores de Missouri. No tengo dueño pero ahora los perros y yo tenemos algo más en común.

Aunque las líneas superiores suenan a pura ciencia ficción, los microchips ya están siendo insertados en las manos de los trabajadores de ciertas empresas. Por suerte, mi jefe no me lo ha ofrecido pero el dueño de la empresa belga de marketing NewFusion sí lo ha hecho con sus trabajadores.

En lugar de usar las típicas tarjetas "de fichar", los empleados de NewFusion pueden optar a insertarse en la piel un pequeño dispositivo que les permitirá acceder al edificio de la compañía y a los sistemas informáticos de la misma. Sorprendentemente, ocho de los trabajadores de la empresa han aceptado convertirse en cyborgs y dejar vivir la pequeña cápsula en su mano.

El precio del dispositivo usado por la empresa es de unos 100 euros y se supone que solo sirve para entrar en las oficinas y acceder a sus sistemas, no para controlar a los trabajadores, pero su uso despierta muchas incógnitas a nivel ético y de cultura empresarial. ¿Son seguros estos implantes? ¿Debemos hackear nuestro cuerpo por deseo de nuestra empresa?

Implantes similares también se usan en la República Checa para realizar transacciones de Bitcoins a través de microchips y en 2015 una empresa sueca implantó microchips a sus trabajadores para que pudieran usar la fotocopiadora, abrir la puerta o pagar su almuerzo.

El precio del dispositivo es de unos 100 euros y se supone que solo sirve para entrar en las oficinas y acceder a sus sistemas, no para controlar a los trabajadores, pero su uso despierta muchas incógnitas a nivel ético y de cultura empresarial

Desde la empresa belga aseguran que desde el punto de vista de la privacidad, cualquier teléfono inteligente es más indiscreto. Pero la única pregunta que cabe en mi mente es, ¿en qué momento la sociedad distópica de Huxley y Orwell se convirtió en nuestra realidad?

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