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La directora de Vogue que puso a parir (muy fuerte) a Vogue

Una sonora bofetada como punto final a una relación de 36 años que ha traído quejas de abogados, retractaciones y amenazas de acciones legales

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Estamos mal acostumbrados. Nos pesa demasiado el miedo. La lógica coartadora del mercado laboral anima, y casi que obliga, a morderse la lengua. Nunca debes hablar mal de tus jefes ni de tus empleadores pasados, nos dicen. Esta mal visto aquello de morder la mano que te dio de comer. No debes mostrarte como un elemento crítico —ergo, potencialmente problemático— a ojos de quien se está pensando contratarte. Esa “ley del silencio” rige en todos los sectores, pero se manifiesta con especial virulencia en ámbitos como el de la moda. Quizás por aquello de que ahí “todo el mundo sabe quién es quién”.

Por eso el ataque de Lucinda Chambers contra las publicaciones de moda ha levantado tanto ruido. Porque nadie en esa industria está acostumbrado a que ese tipo de críticas vengan desde dentro.

Por eso, también, el artículo original en el que Chambers se despachaba a gusto con la publicación en la que trabajó durante 36 años aparece ahora encabezado por una nota del editor que habla de abogados “solicitando” cambios en lo publicado.

La moda “puede masticarte y escupirte” a la primera de cambio, reflexiona Lucinda Chambers sobre una industria eternamente ansiosa y voraz

¿Qué dijo Lucinda Chambers para ofender tanto a Condé Nast, grupo editor de Vogue, y a Edward Enninful, actual editor jefe de la edición inglesa de Vogue?

Pues cosas que muchos dan por sentadas, pero que pocos dentro de la industria se atreven a enunciar con tal claridad.

Cosas como que la industria de la moda es, en líneas generales, un mundo lleno de gente hipócrita, un circo de las vanidades tirando a insulso, un mundo de “trampa y cartón” esclavo de las marcas que se anuncian.

Cosas como que los principales jugadores en el mundo de la moda tienen tanto poder y ejercen tanto control que la opinión sincera y la autenticidad apenas son posibles en el mundo editorial dedicado a las cosas del vestir.

O cosas como que, para hacerse un hueco en esas revistas, el aspecto físico es casi más importante que el talento. Lucinda alude a un caso en particular en el que su editor contrató a una estilista “porque era guapa e iba a la moda”. A sus ojos, aquella mujer “era una estilista terrible. Sencillamente terrible. Pero en la moda puedes llegar lejos si tienes el look adecuado y confianza. Nadie quiere ser el que dice “(tiene un look fantástico)... pero es una basura en su trabajo”.

Las grandes revistas de moda han "dejado de ser útiles", dice Lucinda Chambers, directora de moda de British Vogue durante 25 años

Chambers relata también la manera cero ceremoniosa en la que fue despedida tras 36 años en la publicación. Fue llegar Edward Enninful como nuevo editor jefe y “a los 3 minutos” ella estaba en la calle. Dice que ni su editor ni nadie en la dirección conocía la decisión de Enninful. “Nadie sabía que iba a pasar. Nadie salvo el hombre que lo hizo”. La moda “puede masticarte y escupirte” a la primera de cambio, relata Lucinda.

También habla sobre el efecto pernicioso que los anunciantes suelen tener sobre el proceso creativo. Reconoce, por ejemplo, que algunas de las sesiones fotográficas que dirigió eran “cutres”. “La portada de junio con Alexa Chung con una estúpida camiseta de Michale Kors es basura... Es un gran anunciante así que sabía por qué debía hacerlo. Sabía que era cursi, y aún así lo hice”.

Para rematar su retrato negativo del medio que le daba de comer, Lucinda suelta cosas como que las grandes revistas de moda han “dejado de ser útiles” —"las prendas, ridículamente caras, no son importantes para la mayoría de las personas", dice— o que ella, aún siendo Directora de Moda de la publicación, llevaba años sin leer British Vogue

"La portada de junio con Alexa Chung con una estúpida camiseta de Michale Kors es basura... Es un gran anunciante así que sabía por qué debía hacerlo. Sabía que era cursi, y aún así lo hice" (Lucinda Chambers)

La entrevista de la discordia apareció publicada el pasado martes en la portada de Vestoj, una publicación que se presenta como una plataforma para el pensamiento crítico alrededor de la moda. La polémica fue inmediata. Tanto se caldeó el ambiente que a las pocas horas el artículo había desaparecido de la web.

Más tarde el texto volvió a estar disponible con una nota que explicaba que la pieza había sido temporalmente retirada debido a su “naturaleza sensible”, pero que se había republicado “en su totalidad”.

A día de hoy, otra nota explica que la publicación fue “contactada por abogados en representación de Conde Nast Limited y Edward Enninful OBE que nos han solicitado que la entrevista sea enmendada”. Vestoj explica en esa nota que “ha asumido esa solicitud”. Vamos, que ha pasado por el aro y ha cedido a las presiones. Que ha quitado cosas que resultaban problemáticas a ojos del gigante editorial y añadido otras a petición de los abogados de aquellos que se han sentido ofendidos. Y lo ha hecho por miedo a posibles acciones legales.

Presionar para censurar un contenido en el que se enjuicia tu labor. ¿Es esta la mejor manera de defenderse contras las críticas? ¿Puede una cabecera arrogarse el derecho de enmendar la opinión personal de un ex trabajador sin que su reputación se vea afectada? ¿Con esta actitud no están legitimando, en cierto modo, las críticas que quieren acallar?

Por suerte y por desgracia, internet no olvida.

Quien tenga curiosidad, aún puede leer la versión original del artículo. Por ejemplo, aquí.

"Confío en que la entrevista a Lucinda, y toda la riña subsiguiente, sea una oportunidad para examinar por qué es tan difícil ser crítico en la moda y mirar quiénes salen ganando con la estructura de poder rígida y estática de esa industria" (Anja Aronowsky Cronberg, editora jefe de Vestoj)

Para Anja Aronowsky Cronberg, editora jefe de Vestoj y firmante del artículo que desgrana la entrevista con Chambers, la reacción generada por la pieza refleja lo difícil que es retar el statu quo de la industria de la moda.

“A veces pienso que la cobertura que los medios hacen de la moda parece descansar sobre la asunción de que los lectores son idiotas que no son capaces de leer entre líneas o pensar por sí mismos. Pero la mayoría de los lectores intuyen lo manipuladoras que pueden ser las revistas y la poca libertad creativa que tienen la mayoría de editores en esas revistas”, opina Cronberg.

Ella quiere que esta polémica sirva para reflexionar.

“Confío en que la entrevista a Lucinda, y toda la riña subsiguiente, sea una oportunidad para examinar por qué es tan difícil ser crítico en la moda y mirar quiénes salen ganando con la estructura de poder rígida y estática de esa industria. También la manera en la que el sistema de la moda replica un entorno social más amplio en el que las élites dominan los medios y los disidentes son típicamente marginados”.

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