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Los ecologistas que quisieron salvar la Naturaleza con sus micrófonos

Conoce al equipo que está grabando cada sonido que existe para rastrear el cambio climático

La primera vez que muchos supimos de la existencia de Bryan Pijanowski fue el pasado abril. Para celebrar el Día de la Tierra, él y su equipo desarrollaron la app Soundscape Recorder, que servía para convertir tu smartphone en una grabadora de sonido y compartir tus grabaciones en un mapeo colectivo de los sonidos del mundo. Sin embargo, aquel era sólo un pequeño acercamiento a la actividad real de Pijanowski: viajar por el mundo llenando de micrófonos los lugares a los que va, y estudiar la evolución de los ecosistemas a través de sus sonidos.

Pijanowski es un “ecologista de los paisajes sonoros”, una disciplina de la que él mismo, junto con sus estudiantes y algunos colegas, es máximo impulsor. Su misión consiste en tratar de entender cómo se relacionan las especies animales de cada lugar, cómo lidian con el impacto del clima y los fenómenos naturales, y cada vez más con la actividad del ser humano: motores, aviones, fábricas, obras de ingenieria…

Un mapa evolutivo del mundo

Pijanowski sabe bien que en la naturaleza t odo muta. Así que, ¿cómo hacer frente al enorme desafío que supone documentar el mundo? Pujanowski no es el único en su área. Algunos de sus compañeros han diagnosticado la muerte de los arrecifes de coral a partir del silencio de los peces y crustaceos. Otros han descubierto que el efecto de los radares marinos sobre los cetáceos es desorientador y peligroso. También hay quien se ha hecho eco de que los saltamontes que viven cerca de carreteras modifican su chirrido, haciéndolo más agudo para escucharse por encima de los coches. Esa es su única manera de encontrar pareja.

Tal movimiento de los ecosistemas y aprender a manejar las ingentes cantidades de material sonoro que Pijanowski y su equipo registran son ahora los principales retos. En sólo unos años, han acumulado decenas de miles de horas de audio. Su decodificación es costosa y complicada y los métodos con los que trabajan los científicos de momento son un tanto rudimentarios. Por ejemplo usar algoritmos que aíslen frecuencias y les den un significado.

Una opción interesante que ya se está poniendo en práctica es adoptar una aproximación más visual al tema. Usando índices de colores pueden crearse imágenes móviles que representan los “paisajes de sonido”. Como si fuera un mapa del tiempo, en formato acústico. Algo que facilitaría mucho la labor de quienes están poniendo el estetoscopio para escuchar el corazón de la naturaleza. Un latido que todos deberíamos aprender a escuchar.

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