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Cuando los drones se convierten en el camello de la cárcel

...y otros nuevos 'hackeos' del dron

Si un dron puede transportar un libro, también puede llevar armas y drogas. Mientras muchos tratamos de imaginar cómo será la vida junto a los robots, otros dejan la teoría a un lado y empiezan a sacar tajada.

La noticia se ha conocido ahora, pero los hechos sucedieron el pasado abril. Los funcionarios de una prisión de Bishopville, en Carolina del Sur, encontraron un dron encallado en la reja de seguridad. Transportaba marihuana, tabaco y teléfonos móviles. Un joven de 28 años ha sido acusado de intento de contrabando.

No es la primera vez que se intercepta a una aeronave no tripulada intentando penetrar en una prisión, y tampoco se sabe cuántos han tenido éxito en sus misiones ilegales. En noviembre pasado cuatro personas fueron detenidas por intentar hacer entrega de varios kilos de tabaco en la prisión estatal de Calhoun, Georgia. Los contrabandistas fueron pillados antes de llevar a cabo el plan: la policía los detuvo en el bosque, con varios prismáticos y el robot cargado hasta los topes.

La penetración de estos aparatos en el mercado de consumo a un precio relativamente asequible ha provocado la activación de la corteza cerebral de buena parte de la población: ¿Para qué puede servirme un dron? El hecho de que la ley que regula su uso en España ya esté en marcha no impide que los drones sean un juguete popular: durante los últimos meses se han vendido a diestro y siniestro, e incluso los periódicos los han ofrecido rebajados con cupones.

Hecho el dron, hecho el hackeo

Las versiones más avanzadas de los aviones no tripulados están en manos de los estados y las empresas. De hecho, su perverso uso militar es a menudo denunciado por organizaciones en defensa de los derechos humanos como Amnistía Internacional.

La vigilancia o espionaje de la población es un asunto que preocupa. Sin ir más lejos un pueblo de Colorado ha propuesto una licencia de caza al dronque permita a los ciudadanos disparar a los aparatos que invadan sus propiedades. Pero hay un modo más sofisticado de impedir que los drones cumplan sus cometidos: hackearlos.

En 2011 un dron militar estadounidense RQ-170 fue hackeado en Irán a través del sistema de navegación GPS. Para ello se hizo pasar al dron al modo piloto automático y después se utilizó la técnica conocida como “spoofing”, es decir, el envío de coordenadas equivocadas para perdiera el rumbo y terminara en manos enemigas.

El analista de seguridad independiente Samy Kamkar demostró el diciembre pasado que es posible tomar el control de un dron de uso civil Parrot AR 2.0: utilizó el micro ordenador Raspbery Pi, una batería y dos transmisores inalámbricos (las instrucciones, narradas por el mimso Kamkar, pueden verse en este vídeo:

El dron forma parte de la tecnología de la vigilancia y de la guerra cibernética, pero el conocimiento tecnológico y el ingenio de la población los convierte en un arma de doble sentido: los aviones no tripulados pueden ser herramientas para hackear las leyes y ser objetivos de hackeo en sí mismos. Un dron no deja de ser un ordenador que vuela, y todo ordenador puede ser hackeado. Si sabemos esto, también podemos imaginar que los usos más sofisticados de estos dispositivos pasan por encima de nuestras cabeza y no nos enteramos.

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