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Ni drogas, ni sexo, ni jazz: el mejor poema beat era la carta de amor a una madre

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Se publica en nuestro país la edición definitiva de 'Kaddish', la obra más grande del poeta Allen Ginsberg

Luna Miguel

19 Junio 2014 17:54

Antes de apellidarse Ginsberg, Naomi había sido rusa. La madre del aclamado poeta beat Allen Ginsberg nació en 1894 en tierra de nadie, y siendo muy pequeña tuvo que emigrar a los Estados Unidos, donde las adversidades no fueron obstáculo para convertirse en una mujer fuerte e inteligente. Algo malo azotaba su mente, sin embargo. Naomi tenía problemas psicológicos que fueron brotando poco a poco a lo largo de su vida. Desde que su madre muriera jovencísima, la bella europea de tierra de nadie empezó a sentir dentro de su cabeza lo que años más tarde también acabaría con ella.

Casada con el literato Louis Ginsberg, Naomi parió a dos chavales muy sanos, uno de los cuales uno se convirtió en el autor del poema más célebre, más versionado y más importante de su generación y de las venideras. Pero cuando el creador de Aullido sólo contaba tres años, ella ya había vuelto a enfermar, y fue entonces cuando comenzó el que sería su absoluto declive como enferma mental. Violencia, manicomios, electroshocks. Épocas tumultuosas de sábanas y encierros. Un cerebro luchando contra sí mismo y provocando terror y ternura a partes iguales en los que la rodeaban.

Vendría después un divorcio. Luego un affaire con uno de sus doctores. Y más adelante, mientras Allen terminaba el borrador de su célebre poemario, la oscuridad llegó por culpa de un derrame cerebral que pondría fin a su historia, pero que sería el inicio de otra muy distinta. Como explica Bill Morgan en el epílogo de esta edición de Kaddish —que Anagrama acaba de editar en conmemoración de los 50 años de su existencia— el libro no podría llegar a comprenderse del todo sin tener en cuenta la cercana y obsesiva relación de Allen con su madre.

Desaparición, arrepentimiento, memoria

Allen Ginsberg

Tras el fallecimiento de Naomi, el Allen Ginsberg adulto no pensaría en otra cosa que no fuera la muerte. Su meta, entonces, se convirtió en la de escribir su propia versión del Kaddish, una de las oraciones principales de la religión judía que ha de rezarse en público. Un canto hondo, el suyo, dedicado a la desaparición, al arrepentimiento y a la memoria. Un conjunto de poemas que casi son como cuentos en los que el protagonista invoca a los fantasmas del pasado, para poder sobrevivir a su propio futuro.

Contaba Ginsberg que lloró mientras lo escribía, y ciertamente las lágrimas fluyen por estos poemas, y casi chocan contra nosotros como si fueran olas fortísimas. De hecho, en los primeros borradores, su empeño era el de titularlo Poema del Mar. Cuando acabó el manuscrito, se sentía derrotado e incluso avergonzado porque no tenía ni idea de qué podrían pensar los amigos y cercanos de aquellas páginas tan íntimas. No eran Aullido, sino algo mucho más potente. Versos que tardaron en tener el reconocimiento que merecían, pero que su conjunto consiguieron hacer sombra a ese “he visto a los mejores cerebros de mi generación destruidos por la locura”.

Ni el sexo, ni el jazz, ni el budismo, ni las drogas, ni la enfermedad, ni la homosexualidad, ni tampoco la política. El tema literario de Allen Ginsberg sólo fue uno, y le persiguió durante toda su vida. Su musa: su madre. Su miedo: no saber rendirle homenaje. Su gran hazaña: cada una de las líneas irregulares y perfectas que al fin dedicó a Naomi.

*Bonnus Track

HIMNO IV

Oh madre qué he dejado fuera Oh madre qué he olvidado Oh madre adiós con adiós un largo zapato negro con el Partido Comunista y una media rota adiós con seis oscuros vellos en el lunar de tu pecho adiós con tu viejo vestido y una larga barba negra alrededor de tu vagina adiós con tu vientre hundido con tu miedo a Hitler con tu boca de malos cuentos con tus dedos de mandolinas pútridas con tus brazos de gordas terrazas de Paterson con tu vientre de huelgas y chimeneas con tu barbilla de Trotsky y la guerra civil española con tu voz cantando por los obreros envejecidos quebrantados con tu nariz de mal polvo con tu nariz de olor a pepinos de Newark con tus ojos con tus ojos de Rusia con tus ojos de no hay dinero con tus ojos de falsa porcelana china con tus ojos de Tía Eleonor con tus ojos de India hambrienta con tus ojos meando en el parque con tus ojos de América dejándose perder con tus ojos de tu fracaso en el piano con tus ojos de tus parientes de California con tus ojos de Ma Rainey muriendo en una ambulancia con tus ojos de Checoslovaquia atacada por Robots con tus ojos que van a clases vespertinas de pintura en el Bronx con tus ojos de la Abuela asesina que ves en el horizonte desde la Salida de Incendios con tus ojos corriendo desnuda afuera del departamento y gritando en el corredor con tus ojos siendo arrastrada por los policías hasta una ambulancia con tus ojos amarrada a la mesa de operaciones con tus ojos de páncreas extirpado con tus ojos de operación de apéndice con tus ojos de aborto con tus ojos de ovarios extirpados con tus ojos de electroshock con tus ojos de lobotomía con tus ojos de divorcio con tus ojos de derrame con tus ojos sola con tus ojos con tus ojos con tu Muerte llena de Flores

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