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Lo poco que dormimos podría ser la clave de nuestra supremacía como especie

La evolución humana, estrechamente ligada a nuestros hábitos de sueño

Imagen de Anja Niemi

Dormir tan poco podría ser la clave de que seamos la especie dominante en el planeta.

Así lo afirma un estudio antropológico dirigido por David R. Samson y Charles L. Lunn, en el que han analizado el nivel de sueño de los seres humanos en comparación a otras especies con las que tenemos relación.

Es evidente que, mientras menos dormimos, mejor invertimos nuestro tiempo. Pero el análisis de Samson y Lunn va mucho más allá.

Después de combinar los datos de más de 20 primates, observaron que los patrones de sueño varían muchísimo en función de cada uno de ellos. Por ejemplo, los lémures llegan a dormir más de 16 horas, cuando la media de los humanos no llega ni a la mitad.

Teniendo en cuenta los resultados de la investigación, la relación entre tamaño de la especie y horas de sueño parece la única evidencia válida. Pero, el hecho de que el ser humano sea la excepción, dicen, puede ser un signo inequívoco de por qué somos la especie dominante.

El ser humano ha conseguido evolucionar a un nivel superior al resto, lo que ha tenido como consecuencia que durmamos de manera más eficiente.

La fase REM del ser humano supera con creces la del resto de primates

El sueño se divide en varias etapas, pero es en la última —la fase REM— cuando soñamos y se ejercen las actividades de restauración más importantes, como la limpieza de los residuos del cerebro. A diferencia del resto de especies analizadas, una quinta parte del período de sueño medio del ser humano es fase REM, lo que hace que necesitemos menos horas para dormir, pero se trate de un sueño de mayor calidad.

En el estudio, los investigadores sostienen que la evolución humana podría haber sido impulsada por patrones de sueño.

Una cadena de consecuencias relacionadas con el sueño podría habernos hecho evolucionar como especie

Esto explicaría, por ejemplo, que hace 20 millones de años los primates bajaran de los árboles para dormir en el suelo. Como el riesgo de caer se había disipado, la calidad de sueño mejoró. De este modo, el desarrollo cognitivo aumentó, lo que podría haber ayudado a los primeros homínidos a crear mejores condiciones para dormir, como crear fogatas para protegerse de los depredadores.

Según el estudio, esta cadena de adaptaciones y sus consecuencias nos habrían hecho avanzar a lo largo de los años . Cada vez, nuestras capacidades cognitivas habrían mejorado por nuestras necesidades de sueño. Y, por lo tanto, nuestras mentes habrían evolucionado hasta lo que somos gracias a lo poco que dormimos.

La investigación no está completa. De hecho, surgen muchas dudas respecto al tiempo que dormían los primeros seres humanos. Sin embargo, la relación entre sueño y evolución humana es cada vez más evidente.

La relación entre sueño y evolución humana es cada vez más evidente

[Vía Quartz]

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