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“Debemos disparar al inmigrante”. Así es la nueva Alemania xenófoba

Los controvertidos mensajes xenófobos de Frauke Petry, líder de Alternative für Deutschland, encuentran un creciente apoyo entre la sociedad alemana

Ilustración de Peter Schrank

Wir schaffen das!”. Lo vamos a lograr. Ese es el mensaje que más ha repetido Angela Merkel desde que el pasado verano Alemania decidiera abrir sus fronteras al flujo de inmigrantes llegados desde el Magreb y Oriente Medio. “Wir schaffen das!”, dijo la canciller por última vez en su mensaje navideño, consciente de los sondeos que hablaban de un creciente rechazo a su política migratoria.

Cinco semanas después, aquella ansiedad latente entre buena parte de la sociedad alemana se ha transformado en un grito xenófobo que amenaza con secuestrar el debate, ya de por sí roto, sobre los límites de la “solidaridad” europea.

Frauke Petry

La guinda a la creciente tensión anti-migración que acumula Alemania la ponía la semana pasada Frauke Petry, líder del joven partido euroescéptico Alternative für Deutschland (AfD). Petry quiere que se reciba a los inmigrantes con... disparos.

La policía debe detener a los migrantes que cruzan ilegalmente desde Austria”, declaró Petry al periódico Mannheimer Morgen . “Y si es necesario, deben poder hacer uso de sus armas de fuego. Eso es lo que dice la ley”. Inquirida por su interlocutor, Petry matizó: “Ningún policía quiere tener que disparar contra un refugiado, tampoco yo quiero que suceda, pero el uso de la fuerza armada está ahí como último recurso”.

Aunque sus palabras han sido ampliamente criticadas desde el frente político, lo cierto es que, en su creciente giro hacia la derecha, Alternative für Deutschland está cosechando un apoyo sin precentes. Apoyo que empieza a resultar incómodo entre las filas socialdemócratas.

La policía debe detener a los migrantes que cruzan ilegalmente desde Austria. Y si es necesario, deben poder hacer uso de sus armas de fuego. Eso es lo que dice la ley (Frauke Petry, líder del AfD)

Thomas Oppermann, líder del grupo parlamentario del SPD, no tardó en acusar a Petry de “haber perdido completamente su rumbo político”, aludiendo a fantasmas del pasado que nadie quiere ver revividos.

Su propuesta evoca la orden de disparar en la República Democrática Alemana. El último político que consintió que se disparase contra refugiados fue Erich Honecker”, ha dicho Oppermann en alusión al que fuera Jefe de Estado de la RDA desde 1976 y hasta la caída del Muro en 1989.

Sigmar Gabriel, vicecanciller y Ministro de Economía y Energía en el Ejecutivo de Merkel, ha ido un paso más allá llamando a que AfD sea puesto bajo vigilancia permanente por parte de los servicios de inteligencia del país. “Existen grandes dudas de que AfD apoye los principios democráticos de nuestra república”, comentó a Bild.

También desde el partido verde han llovido las críticas para Petry. Volker Beck considera que AfD ha “clavado sus dagas contra la ley. Esto indica que el partido es realmente peligroso”.

Ilustración de Peter Schrank

La matemática populista

Algunos analistas políticos interpretan las declaraciones de Petry como un asunto de partido que trasciende las posturas personales de su líder, hasta hace poco vista como representante de la cara más amable de la derecha alemana.

Petry, opinan, está siendo utilizada por los elementos más extremistas dentro del partido para lograr un apoyo popular que no habían conseguido con sus posturas anti-euro, razón de ser principal de AfD en el momento de su fundación en 2013.

Según un sondeo publicado este pasado fin de semana, AfD se convertiría en la tercera fuerza política alemana. En las elecciones federales de 2013, cosechó un 4.7% de votos

De forma progresiva, el euroescepticismo ha dejado paso a la xenofobia como principal mensaje del partido. La cultura y la identidad alemana están en peligro por culpa de los inmigrantes, dicen. Merkel debe dejar el gobierno por sus errores, demandan. Y su giro populista hacia posturas más cercanas a la extrema derecha —un giro que ellos niegan— está dando sus frutos: según un sondeo publicado este pasado fin de semana, AfD ganaría un 12 por ciento de los votos si hubiera elecciones nacionales mañana.

Eso convertiría a AfD en la tercera fuerza política alemana.

En las elecciones federales de 2013, Alternative for Germany no logró representación en el Bundestag.

Odio por acumulación

En realidad, el crecimiento de AfD en las encuestas no es sino un reflejo del sentir que se respira en las calles de cualquier ciudad alemana.

Las imágenes de ciudadanos recibiendo a refugiados con aplausos, abrazos y bolsas de comida forman parte del recuerdo. Tras la fiesta de la solidaridad, llega la resaca. Los sondeos más recientes muestran a las claras que, en el tema refugiados, el pesimismo empieza a imponerse en el corazón de Europa.

El punto de inflexión está en los sucesos acaecidos en Colonia en Nochevieja. Tras unos primeros días de confusión, las denuncias por abuso sexual acabaron superando el medio millar, incluidas varias violaciones.

Alemania quedó conmocionada ante un tipo de violencia sexual insólita en el país. También ante el tratamiento que los cuerpos policiales y los distintos niveles de Gobierno dieron a los hechos, intentando ocultar información durante días o minimizando el alcance de lo sucedido.

Las violaciones a ciudadanas alemanas por parte de solicitantes de asilo procedentes de África, Asia y el Medio Oriente se vienen sucediendo desde el pasado verano. Hay más de quince condenas por este delito

Pronto se supo que lo de Colonia no era un suceso aislado. Hechos similares se repitieron la misma noche en Hamburgo o Stuttgart. Los hechos sirvieron también para destapar una realidad incómoda: las violaciones a ciudadanas alemanas por parte de solicitantes de asilo procedentes de África, Asia y el Medio Oriente se vienen sucediendo desde el pasado verano. Hay más de quince condenas por este delito que ya han salido de los tribunales alemanes. En algún caso, la víctima era menor de edad.

En realidad, el problema de la violencia sexual empieza por los mismos centros de acogida. Según informes elaborados el año pasado por los trabajadores sociales de varios centros en distintas partes del país, un número creciente de mujeres jóvenes y niñas alojadas en los albergues de refugiados están siendo agredidas sexualmente, violadas, e incluso obligadas a ajercer la prostitución por hombres solicitantes de asilo .

A eso habría que sumar un creciente número de altercados y robos protagonizados por refugiados —robos reconocidos tranquilamente por algunos de sus autores frente a las cámaras de diversos programas televisivos; la razón de sus actos, dicen, es que el subsidio mensual que les da Alemania "no es suficiente"—  y sucesos que evidencian el choque cultural, como tener a gente de procedencia árabe defecando o masturbándose dentro del agua en piscinas públicas o realizando tocamientos no consentidos entre las bañistas. 

Manifestación de PEGIDA

Hasta ahora, el aumento de la tensión entre la ciudadanía lo venía escenificando, sobre todo, el movimiento islamófobo PEGIDA. Con las declaraciones de Petry, Alternative für Deutschland reclama su parte de protagonismo en ese frente xenófobo.

Razones para la ansiedad ciudadana no faltan, pero el problema es el de siempre: juzgar al todo por las partes, demonizar a países y culturas enteras por culpa de sus peores ejemplos. Porque las palabras, ya lo sabemos, engendran violencia. Y porque nadie abandona su casa, su tierra y su familia porque quiere. Nadie huye de un mundo perfecto.

Alemania ha anunciado endurecerá las reglas para lograr asilo y empezará a requisar bienes y dinero en metálico de quienes lo soliciten. Mientras, crecen las agresiones xenófobas en distintos puntos del páis

El Gobierno alemán ya ha avisado de que endurecerá las reglas para lograr asilo, recalificando a países como Marruecos, Algeria o Túnez como “países seguros”, y acelerando las deportaciones.

También de que, en la línea de Dinamarca o Suiza, empezará a requisar bienes y dinero en metálico de quienes soliciten asilo, de manera que ese capital deberá agotarse antes de poder acceder a las ayudas del estado.

Son medidas que buscan aplacar los mismos ánimos que están haciendo crecer al AfD. Pero el malestar está ahí, se respira a pie de calle.

En noviembre, un sondeo de YouGov situaba en el 42 por ciento la proporción de la población alemana conforme con el número de solicitantes de asilo. Ahora, sólo el 18 por ciento se muestra conforme con los números.

Hasta ahora, Alemania había sido símbolo de la solidaridad en la crisis de los refugiados. El miedo ahora es que pueda convertirse en símbolo de la violencia xenófoba. De nuevo.

 

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