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5 discursos que demuestran que los peces gordos de Silicon Valley están perdiendo el norte

Una epidemia de vanidad arrasa entre los directivos de las grandes empresas tecnológicas

Un artículo en Business insider analiza críticamente la burbuja de arrogancia en la que están viviendo gran parte de los Silicon Valley Boys. Aquí repasamos algunos de los epic fails más sonados que se derivan de las declaraciones públicas de algunos de estos prohombres de la constelación empresarial tecnológica. Aunque eso sí, sin criticarlos, que por lo visto les pone tristes.

1. El curioso caso de los ricos que habían de convivir con los pobres

Todos sabemos que los pobres molestan una barbaridad. ¿Quién no ha tenido problemas para entrar en un cajero por culpa de un ocioso homeless tirado en la entrada? Por no hablar de las manifestaciones contra la reforma laboral de turno, para detener desahucios o contra lo que sea que se manifiesten "esos pordioseros", cortando calles para fastidiar a los que sí queremos hacer algo en nuestra vida.

Pero lo que hasta ahora no sabíamos era que en Silicon Valley los pobres molestan más. Peces gordos como Greg Copman, director general de AngelHack, o Peter Shih, fundador de Celery, se han mostrado indignados por el hecho de que en San Francisco los pobres no tengan sus propios barrios y guetos, ya que por culpa de ello se mezclan 'con la gente normal'. Según estos triunfadores lo normal sería que nuestros indigentes se guardaran sus pocos enseres y se marchasen con la música a otra parte, lejos de nuestra vista.

Bendícelos señor, por apartar su miseria de nuestro confort. Y bendice también a los tecnócratas por tener que aguantar los males de la democracia.

2. No sólo de nacionalismos vive el independentismo

En una distinción parecida a la que Woody Allen establecía entre horribles y miserables, Balaji Srinivasan, emprendedor en Silicon Valley, parece decir que no basta con deshacerse de homeless, pordioseros y clase trabajadora en general: también quiere desligarse de los miserables. Es decir: de todos los demás.

¿Pero acaso estos perros elitistas son diferentes a los demás? —se preguntará el igualitarista, visiblemente enojado—.

A juzgar por algunas publicaciones y revistas, sí: estos selectos californianos hablan de sí mismos directamente en términos religiosos, haciendo de sus prácticas un dogma de fe. De hecho, Silicon Valley es considerada la mismísima Tierra Prometida. No debe extrañarnos, entonces, que Balaji Srinivasan proponga la secesión de Silicon Valley del resto de los Estados Unidos. Crear un mágico lugar donde la tecnología reine por encima de todas las cosas y no haya ni pobres ni miserables, sino sólo los semidioses creadores de startups.

3. ¡Yo quiero mi Antártida!

Si eres un empresario de Silicon Valley —o empatizas con su espíritu— te estarás preguntando: ¿bastará con la independencia? ¿Es una buena idea vivir, a pesar de las fronteras, rodeado por esos haraganes apestosos, o sea, todos los otros? La respuesta a esa pregunta es clara, ¿no?

Así lo cree también Peter Thiel, cofundador de PayPal. Por eso propone la creación de una isla artificial o ciudad flotante que no esté regida por las leyes de Estados Unidos. Algunos mal pensados —probablemente los menos libertarios: perroflautas y izquierdistas varios, ya se sabe— afirmarán con suficiencia que esta utopía tecnológica es en realidad una fantasía anarcocapitalista donde el desarrollo económico y la ausencia de fiscalidad vayan de la mano.

No es la versión de Thiel. Según él, esta utopía no encierra las aspiraciones aristocráticas de la parte más alta de la sociedad, sino que ha de entenderse como una necesidad científica: una legalidad más laxa es la precondición para que se dé la experimentación tecnológica.

4. La tierra de los emprendedores

Debemos reconocer que no todos son tan vanidosos como el señor de la isla. Es cierto que la promesa es tentadora, pero en Silicon Valley también hay gente que no ha perdido de vista el principio de realidad. Es el caso de Larry Page, el CEO de Google, que también ha expresado sus deseos de poseer un espacio propio para la experimentación. Para ello ha pedido humildemente que le cedieran alguna parte del planeta para convertirla en tierra de emprendedores. Seguro que alguien hay en el mundo dispuesto a vender un pedazo de suelo para que los buenazos de Silicon Valley puedan meter ahí sus startups. ¿Por qué desaprovechar un territorio bien situado por culpa de tradiciones, regulaciones, ecosistemas o rollos hippies en general? Si hasta en Madrid estuvieron a punto de hacer lo propio con EuroVegas.

Por pedir que no quede.

5. Elogios, lo único constructivo

A pesar de todos los esfuerzos que los Silicon Valley Boys han hecho para aislarse de los demás, hay algo que ni una ciudad flotante, ni la independencia, pueden impedir: que se los critique. Por eso han decidido pedir a la gente que pare de engrosar las arcas del negativismo. Ya basta de quejarse con eso de que son la nueva élite del país. Siendo pesimistas y críticos sólo se está entorpeciendo el gran desfile del progreso... Les molesta que se diga que sus productos tecnológicos no aportan valor humano.

Y es que cuando los grandes directivos de Google o Facebook oyen cosas como estas se les encoge el corazoncito y se sienten como perros abandonados. Por eso en estos párrafos hemos evitado la crítica inoperante, optando por el elogio enardecido: no queremos que por culpa de miserables precarios como nosotros esos ricachones elitistas se queden con cara de emoticono triste. ¿Verdad que no?

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