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8 discos sugerentes que no debes pasar por alto

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Hay música con chicha por todas partes. Para no perder el ritmo de la actualidad, te destapamos un puñado de discos curiosos que vale la pena conocer

Aïda Camprubí , Álvaro García Montoliu , Luis M. Rguez 1

10 Octubre 2014 15:26

Otra semana, otra ración de música enlatada. Aquí está la columna-resumen con la que tratamos de tomarle el pulso a la actualidad discográfica cada siete días, destacando títulos recientes que, a nuestro juicio, merecen unos minutos de tu tiempo. Discos que hay que sumar a los que vienen apareciendo cada pocos días en nuestra sección de críticas.

En el menú de hoy encontrarás electrónica 'intelligent' y synth-pop gravitante, baladas pop de belleza hiriente y techno aventurero, dream-pop de onda balearic y vendavales de ruido crepitante y ambient oscuro. Un menú variado para que tú hurgues y picotees de lo que más te guste.

Lydia Ainsworth – Right From Real (Arbutus)

Nota: 8.0

Los más avispados de la clase asociarán el nombre de Lydia Ainsworth, compositora, productora y cantante, con el de Tomas Barfod, pues la joven prestó su hermosa voz al WhoMadeWho en su álbum de debut, el poco reivindicado Salton Sea. Ahora llega el estreno en largo de nuestra protagonista, que ha estado tejiendo canciones durante los últimos tres años a caballo entre Toronto y Brooklyn. Todo empezó como un pasatiempo, como algo que hacer durante las horas muertas, pero finalmente se dio cuenta que estaba ante un cuerpo de trabajo lo suficientemente sólido como para editarlo. Así recaló en Arbutus, un sello siempre atento a los talentos pujantes, y les entregó Right From Real, un disco que dice recoger influencias tan diversas como el Requiem de Verdi, Ace of Base, las voces de los coros tradicionales búlgaros, las bandas sonoras de Bernard Herrmann, Tones on Tail y Art of Noise, entre muchos otros. En realidad lo que aquí encontramos es un pop experimental sensible y altamente emocional, con un uso prominente de los samples vocales y los arreglos de cuerdas exuberantes. O en otras palabras, como si Kate Bush, Joanna Newsom y Grimes se uniesen en un aquelarre para crear pura magia. AGM


Peaking Lights – Cosmic Logic (Weird World)

Nota: 7.6

Desde las cálidas llanuras psicodélicas que marcaron su fantástico 936 (Not Not Fun, 2011) ha llovido mucho. El matrimonio que da vida a Peaking Lights ha parido un hijo y un par de discos más asequibles, de canciones pop mezcladas en una bacanal de sonidos digitales. Cosmic Logic es su disco de consolidación, más comercial a nivel compositivo pero igual de mágicamente electrizante en lo sonoro. Mezcla el dance jamaicano con electro-funk y el disco sintético a la italiana en un viaje cósmico a bordo de un cohete espacial marca Dreamcast. Su principal creador Aaron Coyes lo describe como “pop moderno”, pero parece la banda sonora de un videojuego reseñable por el Angry Nerd. Tiene un algo deliciosamente naif, pero a su manera también es tremendamente experimental. Lo notamos en el acid house que empapa Eyes To Sea, en los coros futuristas de Hypnotic Hustle o New Grrrls, una mezcla entre minimal funk y el post-punk de finales de los ochenta, como una reunión sónica entre Daft Punk y Delta 5. Producido por el mismo Coyes y mezclado por Matt Thornley, quien ha trabajado con LCD Soundsystem, Cosmic Logic se muestra más claro que anteriores trabajos, lleno de esa luminosidad que identificamos con ciudades como Los Angeles, como una versión más nítida y extrovertida de su pasado neblinoso. AC


SHXCXCHCXSH - Linear-S Decoded (Avian)


Nota: 8.0

Seguimos sin poder ponerle cara a SHXCXCHCXSH, los "chicos suecos" del sello londinense Avian. Y quizá en ese anonimato a ultranza -un atributo reforzado además por lo impronunciable de su nombre- haya que buscar parte de las causas de que a día de hoy, con cuatro años de andadura y seis notables referencias a la espalda, estos dos hombres recios y esquivos sigan gozando de un perfil mediático tirando a bajo que no se corresponde con la calidad de su producto. Entendemos que la negrura áspera y el ánimo yermo de su música, como de alma desolada y nocturna moviéndose entre el detrito urbano con la mirada siempre clavada en el suelo, pueda haber espantando al oyente asustadizo en el pasado, pero Linear-S Decoded es otra cosa. Su primer álbum era un disco autista, adusto, de una causticidad inmisericorde. STRGTHS (Avian, 2013) era el techno de poso industrial lo que Eraserhead es al cine. Pero la luz empieza a entrar en el mundo de SHXCXCHCXSH. Una luz tenue, difusa, polvorienta, que ayuda a transformar la severidad techno de antaño en una experiencia más diversa y, también, más fácil de mascar. Los chicos suecos de Avian siguen haciendo gala de su pulso severo y de una intensidad casi agresiva por momentos, pero su nuevo material se muestra más atmosférico, dúctil, dinámico y abierto al color. Hay ecos de electrónica 'intelligent' de los 90, ejercicios de techno mentalista que suenan a ciénaga espacial, dinámicas rítmicas de apariencia inestable que miran al 2step entre sombras agitadas por un latido dub, techno acuoso con vetas de emoción melódica que remite al UK rave... Todo esculpido de acuerdo a un diseño sonoro muy contemporáneo. SHXCXCHCXSH se muestran más tangentes en su aproximación al techno, logrando un resultado que es a la vez más complejo, más sustancial y también más sugestivo. LMR


Elsa de Alfonso y Los Prestigio – Desencuentros (Canadá)


Nota: 7.6

En la línea de los maravillosos Villarroel, Elsa de Alfonso vuelve a reivindicar el erotismo del kitsch, la sensualidad de lo tronado. Música para una utopía de tintes retro, que nos atrae y repele, como perderse dentro de la casa de los espejos del Parque de Atracciones Tibidabo. Respaldada por una banda compuesta por miembros de Extraperlo, Beach Beach y Doble Pletina, Elsa presenta una colección de baladas ochenteras, exquisitas y descacharradas, con letras hirientes como una copla entonada por la fallecida Jurado. "No sabes querer, así que ya puedes olvidarte y empezar de nuevo", nos canta. Como una diva disco acompañada de una formación pop, Elsa exhibe voz de femme fatal, podemos casi palpar el aire que expulsa de una forma tremendamente sensual, mientras pronuncia "no te sienta nada bien esta ciudad" en Gardenias, el corte que abre el disco. Por el teclado de esta pieza, y la baja fidelidad con la que se ha grabado expresamente la pista, podemos imaginar el baile pegado de una boda donde todos los invitados llevan trajes con hombreras. Le siguen las guitarras con reverb y los sintetizadores de serie B que abren lo Lo Nuestro y la pausada El Oleaje, una balada de belleza paradisiaca a ritmo oceánico. El punto final lo pone Sobre El Amor, que termina con un abrupto crescendo donde Elsa destapa todo su potencial vocal. Después de esta catarsis final, el EP se antoja terriblemente corto. AC


Dotore – Variaciones (Sones)


Nota: 7.8

Mucho hemos tenido que esperar los fans de Dotore para escuchar la continuación de aquel entrañable Los Veranos Y Los Días (Discos Primo, 2010). Tanto como cuatro años. Y, claro, con el paso del tiempo, también cambian las personas. Si entonces Dotore exhibía un sonido que debía mucho al Donosti Sound y al pop clásico, ahora opta por sonidos que se mueven entre el dream-pop de atmósfera luminosa, la electrónica de onda balearic y un cierto deje "tropical" en melodías y timbres que puede recordar a proyectos de aquí como Extraperlo y El Guincho. En Variaciones el alma del proyecto, Pablo Martínez Sanromá, deja atrás la añoranza de su tierra para abrazar el cálido clima de su nueva casa de acogida, Barcelona. Estas ocho canciones parecen ocho postales mandadas desde distintos puntos del planeta por lo variado del repertorio. De hecho, Sanromá cita lugares como Berlín o Asia a lo largo de todo el disco. Todo aquí cuadra, pues no extraña que Guillermo Astrain de Delorean haya producido tres de sus temas. También resulta interesante el uso de la voz, ya sea en los autocoros o en la muy fascinante El Filo De Los Días, en la que experimenta como nunca sobre una instrumentación que trae a la memoria al Destroyer más atmosférico. En definitiva, una evolución que se antojaba necesaria y comprensible. RM


Second Storey - Double Divide (Houndstooth)

 

Nota: 7.7

El revuelo que causó el lanzamiento de Syro, primer disco de Aphex Twin en 13 años, vino a poner sobre la mesa un asunto que todos teníamos claro: la devoción que se siente ante la figura de Richard D. James y su música. Son muchos los que se han dejado influenciar más o menos por ella y uno de ellos es Alec Storey, el londinense que hoy os presentamos. Quizá os suena su anterior alias, Al Tourettes, pero ahora está de actualidad con su nuevo proyecto, Second Storey, que desveló hace cosa de un año con un EP francamente interesante. Su álbum de debut, Double Divide, llega justo unas semanas después de ese Syro que casi ha unido a la crítica a la hora de alzar el pulgar hacia arriba y de alguna manera podría considerarse como un buen complemento. Evidentemente, no se llega a la riqueza melódica y las complejas estructuras rítmicas del de Cornwall, pero casi. Es un disco atrevido, que sirve tanto para el club, como para la escucha doméstica. Y también es complejo y poliédrico. Hay techno escurridizo, IDM compacta, drum'n'bass sacado de las penumbras y hasta cortes más cercanos al funk que no hacen más que acercar la música del británico a un público más amplio. Lo raro es que no se haya atrevido a lanzarlo Warp y haya sido un sello como Houndstooth quien lo haya hecho. Bien por ellos. AGM


Boothroyd – Iddle Hours (Tri Angle)


Nota: 7.7

Según Peter Boothroyd, productor inglés de 21 años, su primer EP se encuentra a medio camino entre My Bloody Valentine y Wiley, entre la congestión sonora shoegazer y el filo rítmico del grime. Peter asegura que canta y toca la guitarra en todas las canciones del disco, afirma que NYC está inspirada en Stone Roses, que tiene un poster de John Lennon en su habitación y que ni se preocupa ni se interesa por Aphex Twin o Brian Eno. Su música, sin embargo, no se parece en nada a lo que puedes estar imaginando a partir de esos datos facilitados por el autor. Aunque eso, viniendo el disco de Tri Angle, ya te lo podías esperar. Iddle Hours son cuatro cortes de ruido tempestuoso y electrónica lo-fi, es pop ambient oscuro, como un viaje en autobús nocturno por los suburbios de Londres en un día ventoso o una adolescencia gastada en la periferia más sucia de Manchester. Huele a vida suburbana, donde los ruidos te hostigan y acechan en cada esquina, donde hay giros sonoros inesperados. Canciones compuestas a base de grabaciones de campo, guitarras sampleadas y fragmentos recogidos de vídeos YouTube a lo largo de varios años sin motivo aparente. Gracias a piezas como la tormentosa NYC, la bella y aterradora Colony o Y5, la más curiosa y delirante del disco, que suena a pesadilla, a una apisonadora de goma que te persigue, Boothroyd firma uno de los debuts más personales de lo que llevamos de año. Melodías difusas que asoman entre ritmos que se cruzan de sopetón, como un gato negro que se te aparece en la calzada de noche, de improviso. AC


Karen Koltrane – Plantas de interior (Foehn)


Nota: 7.4

Que no os confunda el nombre tomado de A Thousand Leaves (1998) de Sonic Youth. Esta banda de pedigrí madrileño está más próxima a la maratón digital del Tarot Sport de Fuck Buttons que a las guitarras disonantes del combo neoyorquino. Plantas de Interior podría perfectamente ser el resultados de las trastadas caseras del dúo de Bristol, en sus momentos más suaves. Porque si algo tiene este cuarteto debutante, liderado por Ángel Valiente, es que mezclan géneros como la electrónica experimental, el slowcore, el kraut-rock o la música industrial y los llevan a su vertiente dócil y delicada, empaquetándolo todo en forma de synth-pop gravitante y kraut lo-fi. Quizás sea a la cadencia vocal, camuflada entre el oleaje instrumental, que convierte sus canciones en un eco susurrante de géneros más extremos. O quizás sea por la calidad de su grabación doméstica servida por una cuadrilla de sintetizadores y guitarras. Las 6 piezas que componen su primer álbum son bucles de sonido reflexivos, nada pesadillescos, como hiedras hogareñas que se han ido podando con mimo. Desde la atlética progresión de La Montaña Artificial, las raíces post-folk de Muralla China, la gélida ascensión de Casa Tomada, la épica dreampop de Viven o la inquietante La Huida, cuyos sonidos digitales en repetición conforman un peculiar espacio sonoro, todo son atmósferas misteriosas, efectos especiales narcóticos, pequeñas sinfonías granosas en baja fidelidad. Un disco formado por capas y capas de desorden sonoro que a medida que avanza consigue hacer florecer un conjunto personal de entre un océano de ruido. AC


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