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¿Y si tu dinero valiera lo que tu reputación?

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Llega la criptodivisa subjetiva, cuyo valor depende en cada situación particular de las apreciaciones personales de aquellos que intervienen en la trasacción

Luis M. Rodríguez

23 Julio 2014 16:42

La fiebre mediática por todo lo relacionado con Bitcoin ha remitido considerablemente en los últimos meses. Llevamos tiempo sin oír hablar de grandes fluctuaciones en la cotización de la criptodivisa reina, sin titulares sobre hackeos y robos multimillonarios o sitios de cambio quebrados de la noche a la mañana, y esa falta de noticias sólo puede interpretarse como síntoma de consolidación. Con todo, hay señales recientes que apuntan hacia la desnaturalización de su concepto original debido a la concentración en pocas manos de buena parte de la capacidad para “minar” nuevas bitcoins, lo que podría poner en peligro su razón de ser y su futuro. De ahí que algunos empiecen a buscar alternativas, que van desde lo serio (Vertcoin, por ejemplo, lanzada a principios de este mismo año) a lo chistoso (ahí están “divisas-meme” como Dogecoin, Coinye o, la más reciente de todas, Cthulhu Offerings).

En ese marco de iniciativas tecnológicas con carga irónica se inscribe también Document Coin, un proyecto de moneda virtual que introduce una nueva variable en la fórmula para la fijación de su valor de cambio: la reputación personal de quien la emite.

La criptodivisa basada en la subjetividad

Bitcoin convirtió monedas y billetes en algo virtual, desligándolo del control y la regulación de cualquier gobierno, institución o entidad financiera. Su valor se basa en la oferta y la demanda, y se calcula mediante un algoritmo que mide en tiempo real la cantidad de movimientos y transacciones que se están produciendo en cada momento. Chris Anderson, creador de Document Coin, quiere llevar esa idea del encuentro entre oferta y demanda un paso más allá, sustituyendo a las máquinas por la relación directa entre personas y a los algoritmos por la apreciación subjetiva de la reputación de cada individuo en determinados círculos.

En Document Coin tú eres el banco central. Eres tú quien crea las monedas, sin límites, siempre que quieras, pero su valor dependerá de cada situación particular. O sea, una misma moneda puede tener valores diferentes en situaciones de intercambio diferentes en función de las personas que intervengan en esa transacción particular. O dicho de otro modo: el valor de Document Coin es completamente subjetivo, depende de quién cree la moneda y para qué, y también de a quién se entregue o con qué finalidad se intercambie. “Por ejemplo, la moneda que creó mi cantante disco preferido y me dio en la barbacoa puede ser lo que me permita entrar en el club”, comenta Anderson en declaraciones a Wired. En otras situaciones, una Document Coin podría ser canjeable por un expreso en el café del barrio, o servir para pagar un masaje, o para acceder a la zona de backstage en un concierto, o simplemente ser contenedor de una foto con un significado especial. “Es un poco como una combinación de una red social y el intercambio de cromos de béisbol”, explica su impulsor.

Un mismo cromo puede ser valorado de forma muy distinta en función del contexto social en el que lo ofrezcas o de las inclinaciones personales de quien pueda ser su receptor. Para unos, puede no significar absolutamente nada; para otros, puede ser el bien más preciado del mundo en un momento dado. Esa es la idea con la que juega Document Coin.

Una invitación a repensar el valor del dinero

Anderson sigue trabajando en su concepto y en su tecnología. La idea es que cada moneda sea una pieza única, y que contenga dos bloques diferenciados de datos criptografiados. La mitad de esa información solo será accesible al propietario de la moneda, la otra contendrá datos públicos. Para transferir una moneda, será necesario crear una copia de la original, pero con nuevas claves criptográficas, de manera que una única persona (el nuevo destinatario) pueda tener acceso a la información privada de esa nueva moneda, y por tanto pueda hacer uso de ella. Un uso que dependerá de la finalidad o el valor que el creador de la moneda le haya asignado.

El objetivo último de Document Coin es animar a la gente a que piense sobre las implicaciones sociales de las criptodivisas y sobre la idea misma del dinero como medio de pago, esa según la cual todo ha de tener un valor de cambio fijo expresado en un valor numérico. Aquí, es el creador de cada moneda quien decide cuál es su contenido, sin estar éste necesariamente vinculado a un valor monetario. Así, cada participante en una determinada red humana puede tener una percepción diferente del valor de una misma moneda y de la riqueza relativa de los otros participantes. “Si Bitcoin es la versión en juguete de lo que todos usaremos en el futuro, entonces yo quiero construir la versión artística loca de ese futuro”, comenta Anderson.

Consciente de que la utilidad de su visión en el mundo económico real es más bien limitada, Anderson confía en que Document Coin pueda ser adoptada en círculos reducidos y utilizada entre amigos, sirviendo las monedas como una especie de bonos regalo o como expresión de valor de particularidades basadas en dinámicas internas e incluso en bromas privadas propias del grupo. “Todo tiene que empezar como un chiste estos días”, comenta a Wired. “De otro modo, nadie se lo toma en serio”.

Ahora que Bitcoin se ha convertido en algo tan grande, abrazado por muchos más como inversión especulativa que como alternativa real al dinero contante y sonante de toda la vida, iniciativas como la de Anderson plantean un marco de connotaciones en relación al concepto del dinero fiduciario, la atribución de valor y el intercambio de bienes y servicios en contextos sociales sin contraprestación monetaria en el que merece la pena pensar. Nunca está de más repensar nuestra relación con el dinero.

Si la idea de Document Coin como "moneda social" despierta tu curiosidad, puedes leer más sobre el proyecto y sobre sus posibles aplicaciones en este documento de trabajo facilitado por el propio Anderson.

(Vía Wired)

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