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“Si no hacía todo lo que me dijeran, iban a violar a mis niñas”

Hablan los sospechosos de la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos, y sus relatos son espeluznantes

Ha pasado ya más de un año y medio y el enigma de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Iguala sigue sin resolverse. Por si fuera poco, cada vez aparecen más informes sobre el caso, se desvelan nuevos giros de guión a cada cual más estremecedor.

El último es el desvelado por la agencia de noticias estadounidense Associated Press, que ha conseguido documentar 10 casos de presunta tortura contra los sospechosos que fueron detenidos unas semanas más tarde de la desaparición.

Después de la detención de decenas de personas, las autoridades mexicanas se otorgaron el mérito de haber resuelto el caso. Sin embargo, los informes muestran una realidad totalmente diferente.

Declaraciones manipuladas, torturas, pruebas fabricadas, palizas y malos tratos llenan las hojas de los archivos conseguidos por la agencia de noticias. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ha tenido acceso a 5 de los informes, confirma que en todos ellos hay pruebas verosímiles de tortura.

Declaraciones manipuladas, torturas, pruebas fabricadas, palizas y malos tratos llenan las hojas de los archivos conseguidos por la agencia de noticias

Los 10 sospechosos a los que corresponden los archivos relatan todos la misma historia: primero vino el interrogatorio, después los golpes, las descargas eléctricas, la asfixia parcial con bolsas de plástico y finalmente amenazas que aseguraban que si no firmaban la confesión oficial, matarían a sus familiares.

"En el transcurso del camino me iban dando electricidad en los testículos y en todo el cuerpo", declaró el sospechoso Patricio Reyes Landa, detenido un mes después de la desaparición de los estudiantes.

"En todo ese tiempo, que fue como dos horas y media de camino, llevé los ojos tapados y me fueron golpeando todo el camino. Recuerdo que se acercó una persona y me quitó la venda y me mostró una fotografía de mi familia, de mis dos niñas, de mi esposa y mi hermano, y me dijo que si no hacía todo lo que me dijeran iban a violar a mis niñas... Le dije que haría lo que me dijeran", confesó Reyes ante un juez.

Primero vino el interrogatorio, después los golpes, las descargas eléctricas, la asfixia parcial con bolsas de plástico y finalmente amenazas que aseguraban que si no firmaban la confesión oficial, matarían a sus familiares

Su declaración fue clave para el Gobierno: fue uno de los primeros que confesó haber matado a los estudiantes y quemado sus cadáveres en un basurero para luego arrojar los restos a un río.

El testimonio del supuesto líder de la banda criminal Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, es igual de escalofriante. "El señor aquí presente fue uno de los primeros que me torturó y se sentó en mi estómago, y fue el que me asfixió con bolsas negras de plástico, y además me violó con una pieza metálica", declaró Casarrubias mientras acusaba al detective Gabriel Valle Campos.

Según el sospechoso, el detective abusó de él durante horas después de su detención. "Me amenazó con que iba torturar a mi familia, a mis hijos de la misma forma en que lo estaba haciendo conmigo", ha revelado Casarrubias.

"El señor aquí presente fue uno de los primeros que me torturó y se sentó en mi estómago, y fue el que me asfixió con bolsas negras de plástico, y además me violó con una pieza metálica"

Además, hay informes médicos que corroboran las denuncias de torturas, que en la mayor parte de los casos incluyen "heridas que dejan huella", como moretones, cortes, rasguños y lesiones puntiformes "semejantes a las ocasionadas por la aplicación directa de dispositivos eléctricos en abdomen y muslos".

Otro de los sospechosos, Agustín García Reyes, alega que su declaración de haber asesinado a los estudiantes vino a través de amenazas y torturas. "Me llevan al río y me dicen en la camioneta 'ahorita tú vas a hacer como si tú hubieras tirados las bolsas al río y si no lo haces te vamos a seguir golpeando'. Llegamos a ese lugar y estaban grabando y yo hice como que tiraba las bolsas al río, unas bolsas que ya tenían preparadas, las señalé como diciendo que ya las conocía", argumenta García.

Denise González, especialista en derechos humanos y derecho internacional de la Universidad Iberoamericana de México, cree que es posible que algunos de los sospechosos inventen historias de malos tratos. "En el contexto de México, donde la tortura es generalizada... toda denuncia debe ser investigada", ha alegado la especialista.

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