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El día en que los vermuteros también conquistaron los festivales

¿Cómo es el Primavera Sound a mediodía? A primera vista uno se imaginaría que la gente que hace el Primavera por la tarde, por la noche y a mediodía son los mayores fiesteros del mundo, pero…

Salgo de mi casa en Barceloneta con la máxima concentración, dispuesto a cartografiar el último resquicio del Primavera Sound dándolo todo. No he cubierto el festival, pues poca cosa podría decir de su música, que no es exactamente mi tipo. Como mucho podría decir que siempre llueve y hace una rasca de narices y que la única vez que fui llegué a eso de las cuatro de la madrugada para el cierre de Carte Blanche, y cuando comenzaba a pasármelo bien cerraron. Pero esto del vermut del Primavera en la Ciutadella montado por Martini es otra historia. Me queda cerca de casa y es gratis. Y además todo el mundo ha hablado mucho ya del Primavera nocturno. Así que, ¿cómo podrá ser un Primavera de día?

No espero nada en concreto, aunque mi imaginación me sugiere que puedo encontrar a los enfants terribles del Primavera dando los últimos coletazos con un reenganche de aúpa, apurando las últimas horas del domingo antes de caer rendidos en cafés con cakes ecológicas o en teterías del Raval con Rooibos de ginseng por la vena.

Ya veremos.

Perdido en el parque

Al entrar al parque de la Ciutadella recibo el primer baño de realidad que me descoloca: en el paseo de tierra central hay una feria con pequeños chiringuitos de fundaciones para niños.

Llego al estanque.

Hay muchos barcos con más guiris dándole al remo. Las aguas, sucias. Y ni rastro del concierto. Recorro con la vista los distintos senderos intentando ver en cuál de ellos circulan más enfants terribles del hipsterismo, empuñando su Martini con hielo del Ártico. Y nada. Ni rastro. Familias, picnics y tambores.

Me acerco a la plaza principal con decisión.

Tiene que ser ahí, por narices.

En la lejanía escucho unos acordes de guitarra y una voz intensa, de esas que tiene que estar cantando algo relacionado con una ruptura amorosa o hablando de algún tema importante de la vida. Renace en mí la esperanza Reenganche Primaveral. Imagino cientos de festivaleros renqueando, aullando y completamente idos, todavía bajo los efectos de tres días de festival: gente guapa con el filtro de Instagram ya implantado, como si de un bronceado de piel se tratase. Os quiero; confío en vosotros. Vamos a pasarlo bien juntos. Aunque sea por un rato. Atravieso una zona llena de juegos infantiles, como un Quién es quién gigante de madera.

Quizás sea el último obstáculo hasta El Dorado Primaveral.

¿El fin del after festivalero?

los fiesteros vermuteros han tomado el mundo

Al fin veo una pequeña muchedumbre que mira hacia lo que debe ser el escenario del concierto. Como he perdido mogollón de tiempo bordeando el parque de susto en susto creo que llego para el grupo Hospitality.

La lluvia ha dado paso al sol.

Mirando al escenario hay bastante gente. Los que bailan no son mayoría. Los de la banda tocan con ganas y el resultado es agradable. Acaba un tema y la gente aplaude. Nada se va de las manos. La gente está realmente de charletas. No gritan ni bailan ni se desmadran. Podrían estar en la salida del curro o recién levantados de la siesta. Este es el domingo más light del año.

En los baños tampoco hay cola.

¡Un baño sin cola en un concierto post-festival!

Los reenganches del Primavera Sound en la Ciutadella son como un eterno domingo en el que tanto te da hacer zapping como pasear al perro: son como domingos que daba por extinguidos, aparentemente imposibles tras un festival que reúne a tanta peña con ganas de darlo todo.

Ellos son la confirmación de que los fiesteros vermuteros han tomado el mundo. Superadas etapas previas como los botellones, fiestas de estudiantes y fiestas de tres días, el fiestero vermutero ahora también conquista los festivales.

Aquí no hay afters ni raves, y las fiestas inacabables han dado pie al Martini con aceitunas, rollo tranqui.

La música es calmada y la gente sonríe. La gente incluso mira los conciertos sentada. Las gafas de sol no ocultan las ojeras de quien lleva bailando días. Sea lo que eso sea, al hipster lo que es del hipster. Buena música, y buena compañía. Bien jugado ese Martini.

los fiesteros vermuteros han tomado el mundo

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