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El día en que la marihuana sorprendió a los economistas

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El inestable mercado de la marihuana legal de Colorado sorprende a legisladores y economistas

José Necky

13 Enero 2014 10:15

Aunque en España de marihuana sólo se hable en las canciones de Ska-p, su legalización es una realidad que poco a poco se está imponiendo en el resto del mundo. Su utilidad como instrumento medicinal ya no sólo la defienden boticarios y alquimistas varios, sino que es materia de Estado. Entre los objetivos de la legalización está la lucha contra los mercados de narcotráfico, la batalla por la regulación del producto y el control de su calidad y su consumo. Muchos países han elevado el ejemplo de Ámsterdam a símbolo de una correcta gestión de la droga, pues la idea principal es que la gente acuda a los mercados legales de hierba, en lugar de financiar las redes criminales.

Sin embargo, el caso de Colorado (que recién acaba de aprobar la legalización de la marihuana), ha conllevado una situación que parece poner en jaque todo el sistema de legalización: en contra de todo pronóstico, el precio de la hierba legal es muy superior al de la clandestina. Se suponía que al dejar de ser un bien escaso y negociado en la clandestinidad, y al no ser necesario asegurar el alto nivel de beneficios que persiguen los traficantes como contraprestación por el riesgo que asumen, su precio se estabilizaría a la baja. Es cierto que al coste de producción se le habían de sumar las tasas elevadas que impone el Estado, pero aun así la libre competencia entre cultivadores debería hacer posible que el precio de venta al público de la hierba legal fuera mucho más bajo. Eso según la teoría. El resultado, sin embargo, ha sido un incremento brutal del precio de venta final de la marihuana legal, que ya dobla el precio de la ilegal.

Algunos consideran que el problema está en las tasas, que el Estado debería racionalizar. Otros piensan en que el aumento del precio no es un problema, ya que el consumidor estará dispuesto a pagar más por una hierba de calidad resultante de un proceso de producción controlado. Y, por supuesto, hay quien piensa que aun hemos de dejarle margen al mercado para que obre su magia (y, de hecho, gente como James Shilvy, ex directivo de Microsoft, ya están creando el 'Starbucks de la marihuana').

Una cosa podemos sacar en claro: las clases de economía a las que acudía Stringer Bell, el mítico traficante de 'The Wire', no estaban de más. Básicamente porque parece que con el flamante mercado de la droga, y la incertidumbre legal que lo envuelve, se está reeditando una vez más el debate entre keynesianos y neoliberales: la regulación estatal frente al libre mercado. El triunfo social y político de la legalización de la hierba depende de que el mercado no invite de nuevo a los consumidores a acudir a los canales no oficiales.

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