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El día que el cine X se hizo videoarte

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Four Chambers es una de las productoras más elegantes del momento, y la actriz Amarna Miller nos habla de ella desde dentro

Amarna Miller

19 Agosto 2014 10:37

Aunque llevo más de dos años intercambiando comentarios con Vex Ashley a través de Twitter, nunca nos habíamos conocido en persona hasta hoy. Es 28 de julio y estoy en Leeds, Inglaterra, haciendo una parada en mis semanas de rodajes por la pérfida Albión. Esta noche cenamos con ella y su pareja Arlen para planear los detalles de la escena que grabaremos mañana.

Vex y Arlen son los responsables de Four Chambers, una productora pornográfica de estilo alternativo y aires artísticos que me tiene enamorada desde el momento en que la descubrí: el uso de elementos simbolistas, iluminación con gelatinas de colores y ediciones más cercanas al terreno cinematográfico que al porno mainstream son algunos de los elementos que definen su estilo.

Con Vex siento una conexión especial porque su historia me recuerda mucho a la mía: tras acabar la carrera de Bellas Artes decidió experimentar con la imagen sexual y comenzó a grabar vídeos pornográficos, más como piezas de videoarte que con fines sexuales. Fue a través de la página alternativa GodsGirls como conoció a unas cuantas chicas con interés por mostrar su cuerpo, y rápidamente se convirtieron en sus conejillos de indias y actrices porno improvisadas.

Aunque hace apenas unas horas que estoy hablando con ella, siento como si nos conociésemos de toda la vida, así que cuando finalmente me desvelan la temática de mi escena de mañana, no puedo evitar una sonrisa de oreja a oreja. ¡Voy a ser una virgen! Resulta que desde pequeña he estado obsesionada con el imaginario religioso, y una gran parte de mis proyectos en Bellas Artes han estado dedicados a esta área. Coronas de espinos, vírgenes dolorosas y halos de luz que te hacen ascender de forma mágica hasta los cielos… Me encanta.

Espacios industriales, taladros y neones

Nos levantamos a las 9 de la mañana y me llevan a comer a lo que parece ser un típico restaurante de desayunos ingleses. Allí devoro mis tostadas, salchichas y baked beans como si me fuese la vida en ello. Tengo un día largo de rodaje por delante y necesito energía extra.

La localización del rodaje es un estudio de artistas situado en lo que parece una fábrica antigua. Me recuerda a Berlín. Tiene aspecto deteriorado y lo están remodelando: aquí hay palets, botes de pintura y black&deckers por todas partes. En la planta de arriba podemos oír a gente usando radiales y cortando piezas de madera.

La sala en la que montamos la base de operaciones es grande, muy grande. El suelo es de manera antigua y las paredes todavía están sin pintar.

—Nuestra casa es muy pequeña para poder rodar dentro —me dice Arlen—. Por eso hemos pedido este sitio prestado, así tendremos más espacio.

Vex Ashley, de Four Chambers

Comienzan a sacar bártulos del coche, un pequeño Mini Cooper cargado hasta las trancas. Fondos de fotografía, focos, un candelabro, una caja llena de ropa, y la que se convertiría en la joya de la corona en aquel rodaje: un círculo de luz hecho con luces de neón que habían mandado construir especialmente para la ocasión.

—En realidad nos cargamos el primero que nos hicieron —me explican—. No sabía que el neón era tan frágil. Este será tu halo de virgen.

Porno sin ánimo de lucro

Montan la estructura de un fondo de fotografía, pero en vez de rollos de papel, cuelgan telas negras que harán de fondo en nuestro vídeo. Yo empiezo con las pruebas de vestuario mientras Vex me supervisa. Elegimos un vestido de gasa con cadenitas colgando y un collar-mordaza dorado con piezas de cristal. Todo lo que han traído de atrezzo es etéreo y sutil, casi con un aire de irrealidad. Telas vaporosas, pequeñas velitas por todas partes y focos azules y rojos cubren la escena. Yo estoy en el centro, sentada sobre una silla y mirando fijamente a cámara, mientras hacen las pruebas de luz.

Vex me pone un velo sobre la cabeza y encima coloca una corona hecha con cartulina dorada. Todo tiene un aire muy “do it yourself”, y yo todavía estoy alucinando ante la idea de que sean solo dos personas las que han organizado esta compañía.

—Nosotros nos vemos más como una asociación de artistas, no hacemos esto para ganar dinero, ¡sino porque nos gusta! —detalla Vex.

De hecho, en la web oficial de Four Chambers no hay forma de encontrar el botón de pago… y es porque no existe: Four Chambers es una web sin ánimo de lucro.

—Eso sí: pedimos donaciones a los usuarios a cambio de poder ver nuestros vídeos completos, así podemos comprar material, producir nuevas escenas y pagar a nuestras modelos —dice Arlen.

Apenas estamos tres horas grabando, prácticamente nada teniendo en cuenta la media de tiempo que se suele emplear en hacer un vídeo porno. Durante el vídeo se crea un aire de solemnidad más propio de algún ritual que de una escena X. Las risas dan paso a la seriedad: comienza el rodaje.

Vex me dirige mientras Arlen graba con la cámara, y discuten sobre la posición de las luces. El sudor hace que el vestido se me pegue al cuerpo mientras miro muy seria hacia la cámara y pongo cara de virgen desgarrada. Huele a cera quemándose y hace calor.

La escena culmina cuando me meto una vela encendida por el coño y acabo masturbándome con ella. La iluminación es tenue y tengo un candelabro detrás de mí que hace que el velo y la corona se iluminen a contraluz. Me siento en un videoclip, y es una pasada.

Luego terminamos con un par de planos desenfocados y recogemos todo el escenario. Vex raspa con una navajita los goterones de cera que han caído sobre el suelo. Yo me siento radiante… ¡Prueba superada! Acabo de hacer el que probablemente sea vídeo el porno más artístico que he grabado hasta la fecha. Estoy orgullosa de haber podido colaborar en el proyecto.

Four Chambers son el ejemplo perfecto de que la línea entre cine, arte y pornografía puede ser tan fina como nosotros queramos trazarla.

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