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Cuando la desnudez no es sinónimo de orgía sino de comunión

Un puzle de humanidad y carne blanca

Cuerpos sin rostro. Pieles blanquísimas que envuelven a un esqueleto con forma humana, pero en cuyo interior no hay absolutamente nada. Ni sentimientos, ni pensamientos, ni órganos que laten, ni una pizca de vísceras o de amor. Así son los seres-objeto que Evelyn Bencicova retrata, una especie de orgía oscura o de ritual pagano mediante el cual la poca humanidad de nuestro mundo se desvanece por completo.

Nuestros cuerpos son objetos de decoración. Nuestras vidas son meras excusas para acabar expuestos en una estantería, en un escaparate o en algún rincón oscuro de un museo terrorífico.

Para Bencicova la desnudez ya no es erótica y la anatomía es un puzle de piezas brillantes que ella debe encajar para quizá encontrar la armonía entre lo animado y lo inanimado del mundo.

Cuerpos sin rostro. Pieles blanquísimas. La comunión de un montón de vidas que ansían un corazón.

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