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La desigualdad nos hace infelices, y no sólo a los pobres

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Un estudio de la London School of Economics and Political Science concluye que a mayor desigualdad dentro de un país, más infeliz se declara el conjunto del país #DesigualdadSinFuturo

PlayGround

22 Enero 2016 18:06

¿Qué efectos te produce leer noticias como esta? Seguro que rabia, enfado, indignación y... puede que también un poquito —o un mucho— de envidia.

Ver cómo se ensancha la brecha entre los más ricos y los más pobres es plato del gusto de muy pocos. Hasta los reunidos en el Foro Económico Mundial de Davos, un encuentro descrito en su día como “el templo del narcisismo capitalista”, muestran su preocupación por una desigualdad creciente. Quizás porque, como explica Zygmunt Bauman en uno de sus últimos libros, el mito de que la riqueza de unos pocos nos beneficia a todos es mentira, y ellos lo saben.

La desigualdad crece y se vuelve “metástasis”, dice Bauman. “El conflicto, el antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad”, sostiene el sociólogo. Y parece que los números le dan la razón.

La desigualdad se vuelve metástasis. El antagonismo, ya no es entre clases, sino el de cada persona con la sociedad



Según un reciente estudio realizado por investigadores de la London School of Economics and Political Science, la desigualdad tiene un efecto claro sobre nuestra felicidad y nuestra percepción del bienestar.

Dicho así suena a perogrullo: es de cajón pensar que la gente que gana más suele tener más razones para mostrarse más satisfecha, y que la que tiene menos se siente a menudo limitada, infeliz, miserable. Pero las conclusiones del estudio no señalan precisamente eso.

Los investigadores han enfrentado datos sobre el bienestar de los ciudadanos de varias decenas de países y la desigualdad medida como el tanto por ciento de ingresos que van a parar al 1% más rico en cada lugar. ¿Su conclusión? Existe una clara correlación negativa entre bienestar general declarado por el conjunto de los ciudadanos y volumen de riqueza amasado por el 1% más rico.





Si nos vamos a los dos extremos, vemos que en Dinamarca, uno de los países con mejor distribución de renta del mundo, el índice de bienestar general es mucho más alto que en Colombia, donde el 1% de la población controla el 20% de la riqueza nacional. Y según los investigadores, esa correlación se mantiene de forma más o menos generalizada en todos los países analizados.

Es decir, cuanto más alto es el porcentaje de los ingresos nacionales que va a parar al 1% más rico de la población, menor es el bienestar percibido por la población general. O en otras palabras: cuanto mayor es la desigualdad dentro de un país, más infeliz se declara el conjunto del país, no sólo los más pobres.

Cuanto mayor es la desigualdad dentro de un país, más infeliz se declara el conjunto del país, no sólo los más pobres




El estudio va más allá y explora esa misma relación usando otras dos variables para medir la satisfacción de la gente.

Si en el primer gráfico ese bienestar o satisfacción vital estaría fuertemente ligado a cuestiones socioeconómicas como el nivel de renta disponible o el estatus laboral alcanzado, en el segundo se tiene en cuenta una variable más vinculada al bienestar emocional del momento, a las “experiencias positivas” que observamos en nuestro día a día, a las pequeñas satisfacciones de la vida.

“Mientras la satisfacción vital estaba negativamente relacionada con la desigualdad en ingresos, no encontramos que hubiera una relación entre el bienestar emocional y la desigualdad en el extremo superior de la distribución de ingresos”, escriben los investigadores.

En cristiano: una persona con pocos recursos puede disfrutar del momento tanto como un ricachón, aunque sea de otra manera.

Donde sí vieron relación fue a la hora de medir la satisfacción a partir de las “experiencias negativas”. De nuevo, la correlación inversa es evidente: a mayor riqueza concentrada en el 1% más rico, mayor es el número de experiencias negativas declaradas por la población general.




Cabe señalar que existen otros estudios previos que niegan esa correlación. Estudios con los que seguro estarán de acuerdo personajes como Paul Graham, el “filósofo de los ricos” que afirma que la desigualdad es intrínsecamente buena para la sociedad.

Pero volvamos al estudio que nos ocupa.

Cuanto mayor es la desigualdad dentro de un país, más infeliz se declara el conjunto del país, no sólo los más pobres, nos dicen. ¿Quiere eso decir que la población hace gala de un mayor sentido de justicia social?

?No, ?su insatisfacción parece tener más que ver con la envidia, o con no poder acceder a ciertos lujos.

En palabras de los investigadores:

“A medida que los ricos se vuelven más ricos, ensanchan el rango de distribución de rentas. En un sentido práctico, eso significa que si eres un miembro de la clase media-alta, algunas cosas comenzarán a tener precios fuera de tu alcance, cosas como escuelas privadas o casas en los mejores barrios. También puede haber un razón psicológica para ese efecto: un incremento en la participación del 1% más rico en los ingresos totales del país te puede hacer sentir como si tus oportunidades de ascender en la escalera social y convertirte en muy rico están creciendo fuera de tu alcance”.

(vía Hardvard Bussines Review)


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