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Así hierve el cuerpo de dos adolescentes reprimidas

El festival de cine independiente L'Alternativa presentó La niña santa, el reflejo de una juventud marcada por la religión y la prohibición del placer

Unas niñas cantan en un coro. Una profesora da clases de vocación a Dios mientras piensa en el encuentro carnal que va a tener en un rato. El placer no consumado, la tentación constante.

En el interior de las amigas Amalia y Jose —protagonista de La niña santa, película que estos días se proyectaba en L'Alternativa— existe un deseo latente por explorar su sexualidad. Las clases de religión se desarrollan en paralelo a su interés por descubrir el mundo adulto.

Los comentarios y susurros en el aula tan solo son el principio de un viaje hacia su lado más oscuro y desconocido: el amoroso. Aunque en La niña santa no hay ni amor ni sexo. Tan sólo primeros deseos, una aproximación inmadura a los instintos carnales.

Lo único que quieren las dos jóvenes protagonistas  es huir de la educación religiosa que las oprime y que, de forma paradójica, las acaba enzarzando en un deseo cada vez más fuerte. Un fervor muy vivo que Lucrecia Martel, la directora del film, evidencia de forma expresiva.

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Amalia y Jose necesitan incendiarse para seguir creciendo.

En Amalia, ese deseo culmina cuando la entrepierna de un médico de unos cincuenta años roza la parte trasera de su cuerpo. Él aprieta, ella no sabe dónde mirar y, justo en ese momento, descubre que el placer es aquello que la está haciendo sentir tremendamente viva.

Por su lado, Jose se mete en la cama con un joven pero no puede quitarse de la cabeza la imagen de su abuela enferma y la penetrante mirada de su madre que la observa a través de su mente.

Sin embargo, todo eso es solo el culmen de un despertar sexual en el que Amalia y Jose se han iniciado juntas rozando sus labios. Unos besos entre amigas que son lo que de verdad hacen que el túnel de la represión se convierta en una gran fuente de luz.

Al final del viaje, como una gran metáfora, Amalia bucea en una enorme piscina. Jose está con ella pero ya no se besan. La piscina saca a relucir sus cuerpos que flotan sobre el agua bañados en el aire incandescente de su propio deseo. Ese deseo que en los años de escuela empieza a hervir en los rincones de las aulas. Ese mismo que nos hace traviesos cuando lo anteponemos a la moral que nos inculcan.

El despertar sexual no tiene que ver tanto con 'Lolita' como con la intimidad de las caricias y los besos inocentes con tus amigas

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