PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Cientítificos logran descongelar tejidos criopreservados sin dañarlos

H

 

¿Estamos a las puertas de la reanimación criónica?

PlayGround

02 Marzo 2017 15:44

Cada año mueren miles de personas esperando un trasplante de órganos. La causa no solo es la insuficiencia de donantes, sino también la premura que exige el procedimiento. Una vez retirados del cuerpo, los corazones, hígados o riñones aguantan unas escasas cuatro horas en hielo antes de sufrir daños irreversibles. Cuatro horas para llegar a un paciente. Como resultado de estas limitaciones, el 60% de los órganos donados se descartan.

"Si sólo la mitad de estos órganos descartados fueran trasplantados, se estima que las listas de espera podrían extinguirse dentro de dos a tres años", escribe un grupo de investigadores de la Universidad de Minnesota.

El rayo de luz lo proporcionaban los mismos científicos con una técnica con la que han podido congelar y descongelar secciones de corazón de cerdo sin dañar los tejidos. Los investigadores están convencidos de que esta misma técnica podrá emplearse en el futuro próximo para criopreservar y luego descongelar órganos enteros, lo que podría poner fin a esa dificultad de su traslado contrarreloj hasta el recipiente.



La criopreservación —proceso en el cual se congelan tejidos— existe desde hace décadas, siendo la vitrificación el método más adecuado para impedir la formación de cristales dañinos en el proceso. Gracias a esta técnica, los órganos podrían ser almacenados durante años, lo que permitiría crear bancos de órganos disponibles para que cualquier paciente que necesitara un órgano lo encontrara de inmediato.

Pero mientras congelar ha sido factible desde hace tiempo, en la descongelación surgían siempre problemas. A menos que el proceso se aplique de manera rápida y uniforme, aparecen grietas y los tejidos se resquebrajan. La descongelación solo ha funcionado sin inconvenientes en muestras con un volumen de 3 milímetros, y los órganos no son tan diminutos.

La alegría ha venido porque estos científicos, liderados por el ingeniero biomédico John C. Bischof, han dado el salto hasta válvulas y vasos sanguíneos de 50 ml. Su técnica, basada en la nanotecnología, puede calentar los tejidos a temperaturas de entre 100ºC y 200ºC por minuto. Eso supone un proceso entre 10 y 100 veces más rápido que con métodos anteriores. Los investigadores han utilizado nanopartículas de óxido de hierro, recubiertas de silicio para hacerlas inertes, que se mueven por la muestra de todo el tejido aplicando el calor.


Para que los órganos no se dañen, no se deben formar cristales de hielo en su congelación y descongelación

Su siguiente paso será realizar el experimento con órganos de conejo y calculan que en unos diez años podría llegar a la fase clínica. El sueño de que las listas de espera comiencen a desaparecer.

No obstante, Bischof ha echado por tierra la otra gran aspiración de la criopreservación: la de congelar los cuerpos enteros después de la muerte para resucitarlos en el futuro. "Hay una cierta conexión intelectual de los puntos que te llevan desde el órgano a la persona, pero a diferencia de los órganos, la persona ya estaría muerta cuando se congela".

Para lograr reanimar el cuerpo congelado de una persona muerta hará falta otra ciencia. 

share