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"La última vez que desayuné fue hace 35 años, y lo recomiendo de veras"

El ayuno intermitente no es una cosa de locos. Es más, es saludable

Imagen de Gran Cornett

Mark Mattson es neurocientífico y hace 35 años que no desayuna. De hecho, muchas veces rompe la norma de las tres comidas diarias.

Normalmente, su día se estructura de la siguiente forma: no desayuna, hace deporte y después ingiere todas sus calorías diarias en un lapso de 6 horas.

Es decir, hace lo contrario de lo siempre se nos dice que hagamos. Son muchos los nutricionistas que afirman que el desayuno es la comida "más importante del día" y que es antes de dormir cuando tenemos que comer menos, pues esas calorías no las quemaremos en la cama.

Sin embargo, el ayuno intermitente gana adeptos, y no solo entre celebridades como Hugh Jackman o Benedict Cumberbatch.

¿Será que comemos demasiadas veces al día? ¿Realmente el cuerpo agradece ese parón nutritivo?

El ayuno es una práctica milenaria y que se practica aún por motivos espirituales y religiosos. También forma parte del conocimiento popular. Por ejemplo, siempre se ha dicho que la receta de la longevidad del músico y compositor cubano Compay Segundo era comer un día sí, y otro no.

La dieta 5:2 consiste en comer sin restricciones durante cinco días y después consumir solo 500 calorías, una comida ligera, en los dos días restantes de la semana

Más allá de rituales y rumores, hay científicos que están demostrando que el ayuno intermitente es fuente de salud y longevidad.

Es el caso del Instituto de Longevidad en la Universidad de Carolina del Sur. Su estudio en ratones demostró que un ayuno de dos a cinco días al mes reducía las posibilidades de padecer diabetes, cáncer y enfermedades del corazón. Cuando se probó en humanos, los científicos observaron una reducción similar.

La comunidad científica se muestra dividida. Pese a los buenos resultados de los estudios, muchos argumentan que hacen falta más pruebas para llegar a recomendarla a toda la población.

La dieta 5:2, por ejemplo, ofrece resultados prometedores: reduce el peso y mejora los niveles de azúcar en la sangre y la infamación, entre otros. Consiste en comer sin restricciones durante cinco días y después consumir solo 500 calorías, una comida ligera, en los dos días restantes.

Adaptarse, explicó Mark Mattson a The New York Times, no es fácil. Es como pasar de una vida sedentaria a correr: es doloroso y solo se percibe bienestar cuando uno empieza a estar en forma. Pero sus beneficios también son similares: al principio provoca estrés e inflamación, pero a largo plazo protege contra enfermedades crónicas.

[Via The New York Times]

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