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¿Deprimido? Tu médico pronto podría recetarte un poco de ketamina

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Nuevos estudios profundizan en los beneficios de la ketamina en el tratamiento de las enfermedades mentales

PlayGround

20 Abril 2016 15:50

Las drogas están volviendo al lugar de donde salieron: la medicina. Y en concreto, a la psiquiatría.

Tras los experimentos alrededor del uso del MDMA como tratamiento contra el estrés post traumático severo, llega la ketamina como remedio para la depresión.

Este tipo de prácticas médicas son relativamente recientes y aún son pocos los especialistas que recurren a ellas. Entre aquellos que abogan por el uso de la ketamina como tratamiento para pacientes depresivos se encuentra un psiquiatra de Nueva Jersey, Steven Levine. Este médico empezó a administrar ketamina a sus pacientes en 2011 y hoy en día es uno de los pioneros en este tratamiento.

Todo empezó con una paciente a la que no le hacían efecto los antidepresivos pero que, sin embargo, se sentía más feliz cuando tomaba jarabe para la tos. Tal y como cuenta a The Guardian, Levine se percató de que uno de los componentes de aquel jarabe era la dextromethorphan, que como la ketamina puede inducir a un estado disociativo de la realidad.



Levine estaba harto de los medicamentos convencionales, repletos de efectos secundarios y con un porcentaje muy bajo de efectividad: solo el 45% de los pacientes responden a los antidepresivos tradicionales. Así las cosas, decidió empezar a administrar ketamina a sus pacientes. Y los resultados fueron sorprendentes.

El médico asegura que, al contrario de lo que pasa con los tratamientos convencionales, cuyos efectos pueden tardar semanas en sentirse, a las pocas horas de administrar la droga se podía comprobar si iba a funcionar o no.  

Desde 2011, el doctor ha prescrito ketamina a 600 pacientes. ¿La condición? Que el resto de tratamientos no hubieran funcionado. Levine encontró que el 70% de los pacientes tratados con ketamina mejoró su depresión. En el último año este médico ha utilizado el tratamiento en pacientes en los que no funcionaron dos tipos de antidepresivos comunes, con un ratio de éxito superior al 80%.

El uso de la ketamina para tratar la depresión podría popularizarse tras la publicación en un futuro de unas directrices por parte de la Asociación Americana de Psiquiatría

La ketamina se administra por vía intravenosa a los pacientes, con varias dosis durante un par de semanas. Se recomienda combinar el medicamento con terapia, de forma que contribuya positivamente a la mejora del paciente.  

A diferencia de otras drogas psicodélicas que también han sido investigadas por su capacidad para ayudar a tratar enfermedades mentales, como la MDMA, la ketamina es un medicamento legal, ampliamente disponible y fácil de conseguir, dice Levine.



Actualmente la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) está trabajando en la creación de directrices oficiales que regulen la administración de la droga. Normas que se espera que lleguen en un año. La publicación de este informe puede provocar que pronto se cubra el tratamiento con ketamina en los seguros médicos.

Los costes de producción también serán menores, se abaratará el medicamento y los efectos psicodélicos se reducirán. Sin embargo, tal como advierte Levine, esta situación puede ser un arma de doble filo: el impacto psicodélico de la ketamina puede ser una de las razones de su éxito. Por lo tanto, el intento de reducir este efecto para hacer un medicamento contra la depresión más tradicional puede acabar creando una versión diluida y menos eficaz del mismo.



Este movimiento pro ketamina también tiene otros abanderados dentro del estamento médico. El jefe de psiquiatría del centro Kaiser Permanente de San Francisco y asistente del director regional de salud mental de Califormia del Norte, Mason Turner, cree que los efectos disociativos de la ketamina están muy relacionados con su habilidad para tratar la depresión. Esta disociación que experimentan los pacientes tiene mucho que ver con la activación de nuestro sistema neurotransmisor.

Lo que si es cierto es que puede llevar algo de tiempo acostumbrarse a la idea de tratar enfermedades mentales con drogas, a menudo asociadas a comportamiento destructivo y fiesta. Un camino complicado que las nuevas directrices de la APA pueden hacer un poco más fácil.



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