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Exluchador, exdrogadicto y creyente: la vida de un súperheroe entre pigmeos

Tras bajar a los infiernos de la adicción, Justin Wren se ha convertido en el defensor más grande de los pigmeos. Ahora prepara un documental sobre el pueblo africano

Los niños se ríen mientras tocan su larguísima barba, las mujeres le peinan y los hombres se fotografían orgullosos a su lado. A Justin Wren le adoran los pigmeos.

Podría ser una especie de Thor en mitad de la selva africana. Y, en cierta medida, sin maza nórdica y procedente de otras latitudes, Justin Wren es un superhéroe en el Congo.

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1. Sueño con heridas

Wren ha llegado allí por un sueño. Y no es una frase de película barata. Dice Wren que en 2010 tuvo un sueño en el que andaba por un camino rodeado de vegetación y sonido de tambores y gente cantando. Cuando observó a la gente, todos tenían algún tipo de herida.

Wren le contó el sueño a un amigo y llegaron a una conclusión: ese lugar existía y era la República Democrática del Congo. La gente herida eran los pigmeos.

En 2010 tuvo un sueño extraño en el que se le apareció la República del Congo

2. D de depresión, D de droga y D de Dios

En ese momento, Wren era un exitoso luchador profesional de artes marciales mixtas que a los 23 años había abandonado una prometedora carrera por culpa de una depresión mezclada con adicción a las drogas.

En sus peores momentos, el menú de su desayuno incluía —además de claras de huevo— marihuana, alcohol y oxicodona, un analgésico opioide muy adictivo.

La visión del Congo en la mente del joven se produjo al mismo tiempo en que trataba de desintoxicarse. A la vez, abrazaba la fe cristiana como particular luz en el horizonte. Para seguir adelante con su vida, solo le faltaba una motivación concreta. Y estaba en aquel país centroafricano.

Wren viajó allí con una ONG. Pisando aquella tierra, en mitad del frondoso bosque de Ituri, se dio cuenta de que su sueño se había hecho realidad. Solo había un problema. No era un sueño, sino una pesadilla.

Wren empezó una carrera como luchador que se truncó por culpa de una depresión y de su adicción a las drogas. Mientras se desintoxicaba y abrazaba la fe cristiana, tuvo la visión del Congo

3. Dos plátanos como sueldo

Una de aquellas personas de pequeña estatura se acercó a aquel grandullón estadounidense y le dijo "somos el pueblo olvidado". Wren veía con sus propios ojos cómo los pigmeos mbuti vivían brutalmente oprimidos por tribus vecinas como la de los mokpala.

Estos últimos forzaban a los pigmeos a trabajar una jornada entera a cambio de dos plátanos para toda la familia. Los mokpala insultaban a los mbuti . Les llamaban "monos" y les decían que no son nada.

En el pasado, en tiempos de la guerra civil congoleña, los mbuti habían llegado a ser cazados y comidos por otras tribus, de acuerdo a la creencia que su carne contenía propiedades mágicas.

Sencillamente, los pigmeos eran una propiedad.

Wren descubrió a un pueblo oprimido que se había visto forzado a trabajar una jornada completa a cambio de dos plátanos

4. La fiebre del agua

Wren no tuvo dudas: tenía que ayudar a los pigmeos. Sus primeras acciones fueron destinadas a la necesidad más básica del pueblo pigmeo: el agua potable. Su inexistencia es causa directa de enfermedades potencialmente mortales como la fiebre tifoidea.

Poco a poco, la ONG en la que Wren trabajaba construyó 25 pozos y 3 granjas y compró legalmente 10 kilómetros cuadrados de terreno a los mokpala.

No ha sido nada fácil. Durante una de sus estancias en Congo, Wren contrajo fiebre tifoidea y malaria. Tuvo que ser trasladado a un hospital en la vecina Uganda con un cuadro clínico preocupante.

Una vez curado, compró un camión y condujo de vuelta hacia los mbuti. Aquellos pigmeos eran su nueva familia.

Ahora el camión sirve para transportar agua entre poblados. Justin Wren ha puesto en marcha la ONG Fight for the Forgotten y ha escrito un libro con el mismo título, cuyo 33% de las ventas destina al pueblo pigmeo. Su actual proyecto es un documental con su historia, Fighting for Freedom, que en dos semanas ha conseguido en Kickstarter 50.000 de los 60.000 dólares que necesita para salir adelante.

Wren ayudó a construir 25 pozos y 3 granjas. Ahora su proyecto es un documental con su historia

5. "El gran pigmeo"

Ahora Wren acaba de volver a los rings hace una semana. Llevaba sin hacerlo 5 años. Asegura que ahora necesita alzar su voz para visibilizar la situación de los pigmeos.

En la vida del gigante no queda rastro de aquellos desayunos tóxicos. Y sus viajes al Congo —lleva ya 8, algunos con su mujer Emily—, no van a parar.

Antes era The Viking y ahora es conocido con el apodo que le puso su nueva familia: Big Pygmy, "el gran pigmeo". Quiere volver a ser un campeón, pero ahora tiene una ventaja sobre el ring que antes no tenía. Cuando combate, ya no combate solo su imponente cuerpo de 1,90.

Para ganar necesitaba la fuerza de hombres de metro y medio.

Justin ha descubierto el secreto: ayudar ayudándose

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