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Un humorista insoportable en el país de las cabezas cortadas

Todo el mundo teme a Dieudonné M’bala

Hay personas para quienes nada es sagrado, como el francés Dieudonné M’bala, un humorista político que prácticamente vive en los noticieros de Francia: sus monólogos provocadores le han costado una vida en los juzgados desde su salto a la fama, a principios del 2000, y sus litigios son el pan de cada día en los medios de comunicación.

Este sería su retrato robot: Dieudonné es de origen camerunés, reconocido simpatizante del Frente Nacional (el partido de ultraderecha encabezado por Marie Le Pen), comparte teorías negacionistas del Holocausto y llena teatros con su humor antisemita y sin corsés. Es famoso por haber popularizado la quenelle, un gesto que emula el fisting y que él define como un corte de mangas al sistema, pero que para muchos tiene un componente fascista y antisemita.

Su última actuación, grabada desde su despacho y que subió a Youtube, ha sido censurada. Versaba sobre las decapitaciones de occidentales perpetradas por miembros del Estado Islámico. El vídeo, titulado Feu Foley, compara el asesinato del periodista James Foley con el de los dictadores Gadafi y Sadam Hussein: "La mafia Rothschild dice 'no, están bien (las ejecuciones de Gadafi y Sadam), pero lo de James Foley, no, eso es demasiado'". Y añade: “La decapitación simboliza progreso, el acceso a la civilización”. Lo dice un ciudadano francés.

Dieudonné no se ríe de Foley. Personifica la opinión pública mayoritaria de occidente en la familia de banqueros judíos, los Rothschild, para señalar su doble moral. Elabora una argumentación probablemente inmoral según los preceptos de la corrección política. Aun así, la fiscalía de París acaba de abrir un procedimiento contra el humorista por apología del terrorismo, que se castiga hasta con 5 años de cárcel.

Una mirada insoportable

Cuando se canceló la función “El Muro” en varias ciudades francesas y con todas las entradas agotadas, muchos simpatizantes de Dieudonné, negros y de origen argelino, se fotografiaron haciendo la quenelle.

El humorista es una combinación explosiva de herejías a la Europa moderna: está favor del gobierno iraní y mantiene una estrecha relación con Jean Marie Le Pen. Cuando el socialista Manuel Valls llegó al Ministerio del Interior declaró la guerra a Dieudonné con la ley en la mano: en Francia, como en muchos otros países europeos, el antisemitismo está penado por ley.

Desde entonces el comediante, que presume de hacer “humor antisistema”, ha sido condenado en varias ocasiones por incitación al odio y a la discriminación. FNAC boicotea la promoción de sus espectáculos y se envían inspectores a sus actuaciones para controlar lo que dice, aumentando la atracción de los franceses por su discurso prohibido.

Su caso está poniendo contra las cuerdas al ya debilitado gobierno de Hollande, pues la censura que podría afectar a su libertad de expresión está muy mal vista en el país galo. Al mismo tiempo, Dieudonné no deja de ser un potente altavoz mediático del Frente Nacional, un peligroso enemigo político al que hay que frenar como sea.

Doble rasero

Sin entrar en sus opiniones, que sin duda pueden resultar crueles y atroces, los monólogos de Dieudonné ponen sobre la mesa el doble rasero al que estamos habituados en Occidente: en primer lugar, no hay ninguna ley que proteja a una comunidad como la hay para los judíos e israelíes. Es muy difícil que alguien pueda ser condenado por negar, por ejemplo, un genocidio palestino, armenio o sirio.

Los tres occidentales asesinados a sangre fría por el Estado Islámico representan una parte de los muchos iraquíes, sirios y kurdos que han muerto en sus matanzas. También son menos que los 11 civiles afganos asesinados por la OTAN la pasada semana, que, como los anteriores, tampoco son sagrados: sólo daños colaterales, males menores en la cruzada del Bien contra el Mal representado de nuevo por el islamismo más radical.

Dieudonné tiene una mirada y opiniones absolutamente insportables y corrosivas para el europeo demócrata medio, pero no ha matado a nadie ni sus discursos han provocado ataques o disturbios.

En 2005 el periódico danés de derechas Jyllands-Posten publicó una caricatura de Mahoma con una bomba en su turbante. Entonces, el discurso mayoritario en el viejo continente se posicionó a favor de la libertad de expresión a pesar del supuesto mal gusto de los ilustradores. Probablemente el profeta musulmán encajaba mucho más en la construcción del enemigo de la civilización occidental, un concepto o representación necesaria para la actual cruzada contra el Estado Islámico.

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