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‘Fofisanos’, la nueva tendencia corporal nacida en internet que vas a odiar

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Todo el mundo ama a los 'fofisanos'

Luis M. Rodríguez

04 Mayo 2015 06:05

¿Harto de pagar cada mes por un gimnasio al que luego apenas vas? ¿Cansado de ver cómo las calorías que allí quemas no son suficientes para compensar las que engulles cada tarde entre tapas y cervezas? Si la respuesta es sí, estás de enhorabuena, porque tu falta de voluntad parece haberse convertido, de la noche a la mañana, en tendencia.

Así que olvídate de aspirar a lucir six-pack, olvídate de machacarte en busca del "cuerpo perfecto", porque lo que más cotiza ahora mismo en materia de tíos son los torsos blandos.

O al menos eso dicen ellas...

El 'fofisano' es un equilibrio agradable entre una panza cervecera y el ejercitarse


Todo empezó hace unas semanas. Mackenzie Pearson, una estudiante de la Universidad de Clemson, utilizaba el balcón público de The Odyssey para lanzar su oda costumbrista al 'dad bod'.

Con esa expresión, literalmente "cuerpo de papi", la joven de 19 años estaba refiriéndose al atractivo que entre las chicas de su edad suscita el hombre joven suficientemente sano pero de cuerpo ligeramente fofo, que no gordo.

O como nosotros preferimos decirle, el 'fofisano'.

"El 'dadbod' es un equilibrio agradable entre una panza cervecera y el ejercitarse", escribe Pearson. El 'dadbod' es ese tipo 'gordiflaco' que dice: "Voy al gimnasio ocasionalmente, pero también bebo generosamente los fines de semana y disfruto de comer ocho porciones de pizza de una sentada".

Hay algo en el cuerpo 'fofisano' que hace que los chicos parezcan más humanos, naturales y atractivos


Am i doing this right?

Una foto publicada por Destin (@destin_lett) el


El 'fofisano' sería la versión ligeramente desmejorada del hombre que estuvo en forma, su evolución cuando el aspecto corporal pasa a importar menos que disfrutar de los pequeños placeres de la vida, lo que queda del chulazo deportista después de ganar alguna que otra blandura por culpa de una vida que se ha vuelto demasiado sedentaria…

Y, aparentemente, las mujeres jóvenes beben los vientos por este tipo de hombres. Porque “hay algo en el cuerpo 'fofisano' que hace que los chicos parezcan más humanos, naturales y atractivos”.

Desde un punto de vista puramente estético, ha llegado el momento de los cuerpos que no parecen sobretonificados sino vividos

El texto de Pearson es un canto a la naturalidad corporal elevada a la categoría de moda. Un piropo de 500 palabras al hombre común que no está ni obeso ni demasiado delgado ni obsesionado con su cuerpo. Ese hombre que no está dispuesto a ser esclavo del gimnasio, ya sea por pereza o por falta de tiempo.

Y parece que esa normalidad choca, porque Pearson, sin pretenderlo, ha roto Internet.



En los últimos días, su post ha generado una cantidad sorprendente de respuestas, reflexiones, comentarios y listas varias que giran alrededor de una etiqueta que viene a ser al cuerpo y sus estereotipos lo que el normcore fue a la moda.

En realidad, no se trata de un debate nuevo. El otoño pasado, la periodista Maya Singer ya vaticinaba desde las páginas de Style.com que el cuerpo de 2015 sería normcore.

"Desde un punto de vista puramente estético, ha llegado el momento de la suavidad y la sensualidad, de cuerpos que no parezcan sobretonificados sino vividos", escribía la autora.

El 'fofisano' es exactamente eso. La novedad reside en el hecho de que esta vez no es la mujer, sino el hombre, quien está en el centro del debate.

La mujer señala públicamente al 'fofisano', al varón de cuerpo blando, cómodo en sus carnes, como imán sexual. Pero, ¿y al revés? ¿Qué pasa mientras con el cuerpo de la mujer?


El 'fofisano' viene a ser al cuerpo y sus estereotipos lo que el normcore fue a la moda



Un espejo inverso

La idea de rechazar estándares de belleza poco razonables es siempre positiva. Sin embargo, detrás del revuelo mediático que ha generado el 'dadbod', que ni siquiera es un concepto nuevo, parece latir una clara ansiedad cultural relacionada con la imagen corporal no tanto de ellos, sino de ellas.

Basta acudir a algunos de los puntos que Pearson expone en su post como razones por las que las mujeres se sentirían hoy en día más atraídas por estos hombres comunes, ligeramente fondones, que por el típico Adonis de cuerpo esculpido a conciencia.

Primera razón: no nos intimidan.

"No queremos a un chico que nos haga sentir inseguras en relación a nuestro cuerpo. Ya somos nosotras suficientemente inseguras".

Segunda razón: no nos eclipsan.

"Nos gusta que la gente diga 'qué buena pareja hacen'. Pero también nos gusta ser el centro de atención. Nos gusta parecer delgadas y cuanto más grande sea el chico, más pequeñas nos sentimos y mejor lucimos a su lado".

Detrás del revuelo mediático que ha generado el 'dad bod' parece latir una clara ansiedad cultural relacionada con la imagen corporal de las mujeres

La reivindicación del 'fofisano' no parece responder a un cuestionamiento "político". No parece que su intención sea poner en entredicho unos cánones corporales demasiado rígidos, ni evidenciar las constantes presiones que nos empujan a buscar una perfección utópica.

La mujer a la que se refiere Pearson en su texto no parece aspirar a rechazar las imposiciones de esos cánones, sino a sobrellevarlos de la mejor manera posible. Y lo mismo podría decirse del hombre al que ellas consienten, que se diría poco dado a devolver esa concesión hasta hacerla recíproca.

Esa situación de desequilibrio queda bien perfilada en la pieza a modo de debate que The Cut dedica al asunto.

Allí, alguien pregunta: "¿El 'dadbod' aspira a salir con chicas delgadas?".

Todas las mujeres asienten.

"Yo salí con un 'dadbod' en mis días de universidad, y él me decía siempre que yo necesitaba ir al gimnasio", añade una de las interlocutoras.

"¿Acaso 'dadbod' es igual a privilegio?", se pregunta otra de las participantes a modo de sentencia.

¿Tigh gap para ellas y 'dadbod' para ellos? Desde luego, no parece un reparto justo. Aunque, ¿alguna vez lo ha sido?



Cuando la normalidad se vuelve anómala, hasta la medianía se convierte en meta aspiracional.

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