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La culpa es de los padres, que drogan a sus hijos

¿Es el Adderal la nueva droga generacional en EEUU?

Socialmente aceptada. Anunciada en la televisión como si fuese una simple Aspirina. Consumida a puñados por miles de niños y de adolescentes: la nueva droga de moda se llama Adderall, y no hay botiquín familiar en todos los Estados Unidos que no guarde una de esas medicinas aceleradoras en su interior. Píldoras supuestamente creadas para que tú, como buen padre, no tengas que preocuparte más de que tu hijo sea un niño. Adiós hiperactividad. Adiós trastorno de déficit de atención (TDAH).

La causa de este auge es sencilla. Un reciente estudio demuestra que el aumento de consumo de Adderall es directamente proporcional a la publicidad que desde hace veinte años se viene haciendo de este tipo de medicamentos. Lo que nos lleva a pensar que quizá la droga de moda en realidad sólo sea el reflejo de “la enfermedad de moda”. Un ejemplo más de nuestro espíritu hipocondríaco y consumista. Si la televisión nos dice que nos curemos —incluso si no estamos enfermos— tendremos que hacerlo, ¿verdad?

Keith Conners, psicólogo y profesor de la Duke University, lleva toda su vida luchando contra el trastorno de déficit de atención con hiperactividad. Aunque a primera vista debería parecer satisfecho con la dimensión que sus estudios y remedios han tomado, Conners se echa las manos a la cabeza ante las cifras de los diagnósticos. Que el TDAH parezca una epidemia le resulta ridículo, y lo tacha de “desastre nacional de proporciones peligrosas”.

Las ventas de los estimulantes de la familia del Adderall se han quintuplicado desde 2002. Si uno googlea cualquiera de los nombres de estos medicamentos ya no sólo encontrará foros del tipo ¿Qué pasa si le doy Ritalin a mi hijo durante más de un año?, o bien ¿Alguno de vuestros hijos toma Focalin, qué efectos negativos habéis detectado? El Adderall es ya el símbolo de toda una generación, y como una especie de venganza o ironía del destino, los mismos adolescentes que lo tomaban para sacar buenas notas en la escuela, ahora lo consumen como si fuera cocaína o MDMA.

El escritor Tao Lin admitía hace unos meses en una entrevista en Vice.com, que durante la escritura de su última novela la rutina era tomar entre 80 y 120 miligramos de Adderall para mantenerse despierto 36 horas, y después contrarrestar con Xanax o Klonopin para poder dormir otras 12. En las fiestas, las píldoras y las pastillas que papá y mamá les hacían tragar, corren como la pólvora y penetran en los cerebros machacados de una nueva juventud norteamericana.

Bonus track:

“One is too many, and a thousand is never enough”

por Andrew Durst publicado en Hello Poetry

I take a Klonopin before bed, An Adderall in the a.m. And a Percocet at noon, Just to make the pain end. I smoke a bowl every hour And smoke a cig in-between, I swear I'm free from the stress, At least that's what it seems. I'm not doing it for attention, I'm not doing it for thrills, I just barely get by When I'm on these pills. I'm sorry for the attitude I just don't seem to care, Keep the advice to yourself, And I'll stay out of your hair.

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