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La mujer que no pudo ser astronauta y exploró el espacio interior de la Tierra

La buceadora e investigadora Jill Heinerth ha explorado cuevas en icebergs y ha recorrido aguas subterráneas por todo el mundo

Jill Heinerth es exploradora submarina, concretamente, buceadora de cavernas. De niña quería ser astronauta, pero entonces no era posible en Canadá. Inspirada por la serie de televisión de Jacques Cousteau, se interesó por el mar.

"Resulta que sabemos más sobre el espacio que sobre los cursos de agua subterráneos que surcan el planeta, el alma de la Madre Tierra", explicó Heinerth en una conferencia para TEDYouth en Nueva York.

Por eso, a pesar de que se graduó en Bellas Artes y de que montó un estudio de diseño gráfico, en 1991 se atrevió a dejarlo todo por su verdadera pasión: explorar el fondo del mar. "En lugar de explorar el espacio exterior, quería explorar las maravillas del espacio interior", dijo.

Nuestro mundo no es una gran roca sólida. Se parece mucho más a una esponja.

Y tanto lo quería que, siete años más tarde, en 1998, ya estaba buceando las cuevas de hielo de la Antártida, convirtiéndose así en la primera persona en hacerlo.

En el 2000, después del desprendimiento del Iceberg B-15 de la barrera de hielo de Ross, Heinerth bajó para explorar la ecología del hielo en busca de formas de vida bajo él.

Las investigaciones le han enseñado que el mundo "no es una gran roca sólida y que se parece mucho más a una esponja". La tecnología actual para bucear permite que los submarinistas puedan descender a profundidades muy superiores a las de hace 10 años y por mucho más tiempo. Las misiones pueden alargarse hasta 20 horas.

25 años de aprendizaje

Después de un cuarto de siglo rodeada de expertos en sus investigaciones, Heinerth se ha convertido en una voz autorizada del mundo submarino.

De los biólogos aprendió que las cuevas son repositorios de increíbles formas de vida, de especies desconocidas.  

"Muchas de estas formas de vida viven de maneras inusuales. No tienen pigmento y en muchos casos no tienen ojos. Además, estos animales también son extremadamente longevos. De hecho, los animales que hoy nadan en estas cuevas son idénticos a los del registro fósil anterior a la extinción de los dinosaurios", explicó en la charla.

Heinerth cree que son "como pequeños dinosaurios que nadan" y que pueden enseñarnos mucho sobre la evolución y la supervivencia.

 

Los animales que hoy nadan en estas cuevas son idénticos a los del registro fósil anterior a la extinción de los dinosaurios

La exploradora también trabaja con físicos. Ellos se interesan a menudo por el cambio climático global. Cogen las rocas de las cuevas y las cortan en rodajas para ver las capas interiores, que son "como los anillos de un árbol".

Así, "pueden retroceder en la historia y descubrir cómo era el clima del paneta en tiempos muy lejanos".

El rojo de la imagen superior es en realidad polvo del desierto del Sahara, según contó. "Lo recogió el viento y lo sopló a través del Océano Atlántico. La lluvia lo depositó en la isla de Abaco, en las Bahamas. La tierra lo absorvió y depositó dentro de las rocas de esta cueva", relató.

"Al mirar las capas de estas rocas, sabemos que hubo tiempos en los que el clima fue muy, muy seco en la Tierra. Podemos retroceder cientos de miles de años", añadió.

En el equipo de Heinerth también hay paleoclimatólogos, palentólogos y arqueólogos. Con ellos ha analizado los restos culturales y humanos de cuevas de México y Cuba.

 

A lo largo de su dilatada carrera, hay un proyecto que la ha marcado, uno de los primeros que hizo: elaboró el primer mapa preciso y tridimensional de una superfície subterránea. A medida que los buzos avanzaban por la cueva, un dispositivo iba creando un modelo tridimensional. 

De esa experiencia, Heinerth aprendió que el impacto humano sobre la superfície de la Tierra repercute en el subsuelo y se nos devuelve para ser bebido. "Nuestro planeta de agua no es solo ríos, lagos y océanos, sino una vasta red de aguas subterráneas que, con su trama, nos conecta a todos".

El agua es un recurso compartido y "cuando entendamos las conexiones del humano con las aguas subterráneas y todos los recursos hídricos del planeta, estaremos trabajando en el problema quizás más importante de este siglo", advertía.

Un robot autónomo explorará los océanos que hay bajo la superfície congelada de la luna de Júpiter

Jill Heinerth no ha sido la astronauta que soñaba ser, pero el mundo submarino tendrá su astronauta. Su próximo proyecto une, precisamente, esas dos pasiones: un robot autónomo, con inteligencia artificial y un dispositivo de mapeo, explorará los océanos que hay bajo la superfície congelada de la luna de Júpiter.

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