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¿Por qué nos cuesta tanto hacer la cama?

El proyecto 'My Unmade Bed' de Álvaro Dols reúne más de 140 fotografías de camas deshechas

La cama es un santuario, el único lugar donde todo ocurre: el dolor, el sexo, la convalecencia, el mejor de nuestros sueños. Nuestras camas han de ser templos, blandos por fuera, esponjosos por dentro y ruidosos cuando decidimos profanarlos. Nuestras camas lo dicen todo sobre nosotros mismos, y lo cierto es que a menudo, al mirarlas con atención, nos damos cuenta de que somos verdaderos desastres. Porque adoramos mucho a nuestro santuario, sí, pero entonces, ¿por qué lo descuidamos tanto? ¿Por qué las sábanas están tan arrugadas? ¿Por qué la funda sólo tapa medio colchón? ¿Por qué ya no sabemos ni de qué lado habría que poner el edredón?

Es la locura de los días, la presión del trabajo y la incapacidad de encontrar un hogar definitivo lo que nos lleva a no acordarnos ni siquiera de poder estirar la manta antes de salir de casa. Esta sensación de velocidad es precisamente la que sintió Álvaro Dols, joven editor y comisario artístico, cuando un día se decidió a fotografiar aquella desordenada pero hermosa escena que era su cama deshecha en la mañana. Como si de una nueva versión de la cama de Tracey Emin, Dols no podía quitarse aquella especie de instalación involuntaria de la cabeza, y entonces se decidió a montar un proyecto bajo el título de “My Unmade Bed” , donde da voz y espacio a una gran cantidad de creadores que como él tampoco tienen tiempo de pararse a hacer sus camas.

"Enseñar mi cama día tras día podría ser monótono y aburrido", nos cuenta el editor", por lo que decidí abrir la experiencia a cualquier persona que quisiese participar. De esta forma, cada cama pertenecería a una persona a la cual conoceríamos por la imagen de su cama deshecha y simples datos biográficos y de la propia cama como tal". Así, el único requisito que Dols pone a aquellos que quieran colaborar en su exposición online es que jamás aparezca su rostro y que, en la medida de lo posible las fotografías estén tomadas nada más haberse despertado, en ese momento exacto del día en el que el colchón aún está caliente, y es posible que todavía huela al sudor del mundo onírico en el que pocos minutos antes nos encontrábamos.

Camas desde México, desde España, desde Reino Unido. Camas desde todos los lugares pertenecientes a escritores, periodistas, fotógrafos o diseñadores que acaban de abrir los ojos y que aún miran su mundo con legañas. Hasta 140 colaboradores ha conseguido reunir Álvaro Dols, en un proyecto que crece y que se ha hecho popular gracias los propios implicados. "Cada cama es tan emocionante como la anterior, dice Dols, tienen su propio carisma. Me sorprende ver las de personas que conozco y ver que son tal cual ellas, y que aún dicen más y más de cómo son". Despistados, nada ordenados y quizá también un poco procrastinadores. Así es como somos según nuestra pieza preferida de la casa. Así es como nos delata nuestra intimidad y nuestro descanso: dos cosas a las que en ocasiones cuesta tanto llegar.

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