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"Los cuerpos volaban como bolos. Oí gritos que nunca olvidaré"

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Damien Allemand es un periodista que fue testigo del brutal atentado de Niza

PlayGround

15 Julio 2016 10:54

84 muertos. En el lugar más inesperado. Mientras la mayoría de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad velan por los principales monumentos nacionales durante el día de la Bastilla, miles de turistas y franceses pasan sus vacaciones en Niza. El Paseo de los Ingleses, un clásico paseo marítimo que podría encontrarse en cualquier ciudad del Mediterráneo está cortado al tráfico. Es 14 de julio, es decir, pleno verano. Y además es festivo. La gente sale como de costumbre: los restaurantes, los bares y la playa están abarrotados. Y, de pronto, un camión.

El periodista Damien Allemand, de Nice-Matin, estaba allí celebrando el día festivo. Esto es lo que vivió:

«Era una tarde tranquila. El ambiente estaba bien, los fuegos artificiales se veían nítidos, los niños tiraban piedras en el agua y la red de teléfonos estaba colapsada. En otras palabras, era una tarde tranquila.

(…)

»De lejos escuché el caos. Gritos.

»Mi primer pensamiento: un listillo ha querido hacer sus propios fuegos artificiales y le ha salido mal. Pero no. Una fracción de segundo después, un enorme camión blanco pasó a toda velocidad, arrollando a la gente, girando las ruedas para alcanzar al máximo número de personas. Este camión de la muerte pasó a pocos metros de mi y ni siquiera me di cuenta. Vi cuerpos volar como bolos en la pista. Escuché gritos y aullidos que jamás olvidaré.
»Estaba paralizado por el miedo.

(…)
»Después de refugiarme en un restaurante, salí para ver qué había pasado. La primera persona con la que hablé fue Raymond, de unos 50 años. Entre sollozos me dijo: “Hay cadáveres por todas partes”. Tenía razón.
»Justo detrás de él, había cuerpos cada cinco metros, sin vida, mutilados y ensangrentados. Había lloros. Quienes fueron a la playa fueron los primeros en llegar a la escena. Llevaron agua para los heridos y toallas para cubrir a los muertos. Justo en ese momento, perdí los nervios. Me gustaría haber ayudado, ser útil, hacer cualquier cosa... Pero no hice nada. Estaba helado otra vez.
(…)
»Por momentos, la gente estaba aterrorizada de que el camión volviese. Muchos corrían. Pero apenas docenas de metros más adelante, el asesino del camión había sido detenido a balazos. Yo no escuché ningún disparo. Solo gritos. Y ahora escuchaba sollozos. Qué sollozos.


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