Actualidad

Un cuerpo a cuerpo entre la naturaleza y el hombre en mitad del desierto

Con una cámara analógica y sin pizca de Photoshop, el fotógrafo francés Jean-Paul Bourdier funde Tierra y humanidad

Hace años, nuestro cuerpo decidió abandonar su esencia, rodearse de telas, mutilarse con bisturís. Olvidó la legendaria historia del mito prometeico, según el cual el titán Prometeo bajó de los cielos para moldear a los hombres con barro. Olvidó que el aliento de la vida provenía del polvo.

Quiso alejarse de la Tierra y acercarse a un ideal nunca visto entre los hombres. Denigró su esencia natural, quiso ser dueño del paisaje, destructor, creador de lo artificioso.

Se desligó de las montañas y del cielo mientras se refugiaba en sus torres de hormigón. Desterró el brillo del sol y comenzó a rezar a las pantallas, a las bombillas, a los raíles del metro y las alas de un avión.

Pero un día, pasó el cataclismo. Su desunión le había hecho infeliz. El cuerpo lloraba acurrucado en su cama de colcha de terciopelo y soñaba con la suave hierba verde acariciándole los costados.

De pronto, se desvistió arrancando sus cadenas sintéticas y corrió desnudo por la autovía durante horas. Corrió y corrió huyendo de su superficialidad, buscando el abrazo de las montañas.

Detrás de él, un hombre corría cámara en mano.

Jean-Paul Bourdier, fotógrafo francés residente en California, lleva años corriendo detrás de cuerpos hartos de la frivolidad cosmopolita que buscan fundirse con el paisaje, las montañas, la Tierra y recuperar su esencia.

Bourdier, usando tan solo una cámara analógica, y litros de pintura, ayuda a que modelos nada espectaculares se fundan extraordinariamente con paisajes siempre desérticos que luego captura en fotografías surrealistas que invitan a reevaluar la idea del land art.

La presencia humana se convierte en nimiedad en cada una de sus imágenes, donde la unión entre carne, piel y huesos, cielo, rocas y hielo es completa. "En mi trabajo, el primer principio ordinal tangible de las líneas es la línea del horizonte (cuyo espectro es el marco fotográfico); el primer principio ordinal de los colores es el cielo, y un principio máximo de mi trabajo presente es mi relación con lo que llamo nuestros ancestros, mientras continúo explorando mi relación con geometrías, compañerismo y la ligereza del ser", relata el fotógrafo.

Cuando el espectador se enfrenta a una de sus fotografías, se teletransporta a un mundo fascinante. Olvida por un momento que su propio cuerpo está recluido entre cuatro paredes. Recuerda el olor de la tierra y el calor del sol en la cara.

Cada una de sus imágenes está llena de significados. "Cada imagen es importante para mi, ya que representa una respuesta a una determinada pregunta que ha sido el centro de mi pasión en un punto determinado en el tiempo", confiesa Bourdier.

Cada fotografía de Bourdier lleva meses de planificación y bocetos que el fotógrafo luego plasma en peleícula analógica, sin usar ni una gota de Photoshop. Para no interrumpir el flujo natural. Para no cabrear a los ancestros.

Tags: ,

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar