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La Cuba idílica de Fidel... fotografiada 'entre bastidores' por un americano

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Lee Lockwood pasó la década de los 60 fotografiando el paraíso castrista. Ahora Taschen rescata sus increíbles fotografías para una nueva edición de su crónica de la revolución cubana

Valentina Esponda Ornella

27 Mayo 2016 14:49

Fotografías de Lee Lockwood

Puso rumbo a Cuba para fotografiar los últimos días del régimen del dictador Fulgencio Batista y, de carambola, vivió la llegada de Fidel Castro al poder.

El fotoperiodista estadounidense Lee Lockwood tuvo la oportunidad de conocer personalmente al líder de la Revolución cubana tan solo una semana después de la victoria política y militar del castrismo, y ambos congeniaron. Tanto como para viajar a la isla más de una docena de veces durante la década de los 60, siempre invitado por Castro, que no dudó en brindarle un acceso privilegiado a su círculo personal, otorgándole plena libertad para para explorar la isla y disparar fotos a su antojo, sin las habituales restricciones que pesaban sobre el resto de periodistas estadounidenses.

El resultado de aquellos viajes dio lugar a uno de los registros más profundos de la Cuba de los sesenta. Castro's Cuba, Cuba's Fidel, publicado en 1967, muestra a Fidel Castro sin el filtro de la propaganda anticomunista de la época, como una persona idealista que juega mal al béisbol y que no quiere permanecer mucho tiempo en el poder. Un recuerdo de una Cuba que va a desaparecer. Que hace tiempo, de hecho, que desapareció.

Ahora, cuando el país se encuentra en otra encrucijada tras la histórica visita de Barack Obama, la editorial Taschen ha decidido recuperar aquel libro en una nueva edición ampliada que han bautizado como La Cuba de Fidel. La mirada de un reportero estadounidense en la isla. 1959–1969.



"Aunque Fidel se toma el béisbol muy en serio (como todo lo demás), no es uno de los deportes para los que está más dotado (...) Y en esta ocasión, como en todas las veces que le he visto jugar, recibió una soberana paliza. Así y todo, seguía en el campo. ¿Qué entrenador iba a atreverse a retirar a Fidel Castro?", se cuenta en un momento del libro.

Fueron décadas de hostilidad, de la crisis de los misiles, el embargo económico, los presunto planes de la CIA para asesinar a Castro y, en medio de toda ese conflicto, estaba Lee Lockwood, un gringo con suerte.

Durante los siguientes diez años él tendría acceso privilegiado a Castro y a Cuba, algo insólito para un americano en esa época. Diez años de caminar por las calles de La Habana armado con una cámara y de poder registrar al líder en su vida cotidiana.



Isla de Pinos, 1965, en la casa de veraneo de Castro. Esas son las coordenadas de una entrevista histórica. Lockwood pasó siete días con él y sus colaboradores más cercanos, como el comandante René Vallejo.

“Cada día, durante varias horas, nos sentábamos Fidel, Vallejo y yo alrededor de la mesita del porche a la entrada de la habitación de Castro, con el micrófono en medio de los tres, y hablábamos en voz baja, como en una sesión de espiritismo,” recordó Lee.

En esa semana ellos hablaron de cosas que hoy, a cincuenta años de los hechos, parecen sorprendentes, como que Castro no quería permanecer demasiado tiempo en el poder. “Creo que todos nosotros debemos retirarnos relativamente jóvenes, y no lo propongo como un deber, sino como algo más: como un derecho”, explicaba entonces el dictador.

Al final "se retiró" después de 48 años en el poder.



Entre otras frases notables del líder cubano está esa en la que se proclama “contrario a las listas negras de libros, películas prohibidas y todas esas cosas”, que ahora sabemos que no es del todo cierto.

Y también un comentario homofóbico: “Jamás llegaremos a creer que un homosexual pueda encarnar las condiciones y los requisitos de conducta que permitieran considerarlo un verdadero revolucionario, un verdadero militante comunista”.



A pesar de algunos comentarios desafortunados, Lockwood nos muestra al dictador en su forma más accesible y humana. La Cuba de Fidel es, según Nina Wiener, editora del libro, “su propia campaña a favor del deshielo”.



A las 100 imágenes de la edición original se han sumado 200 fotografías inéditas, que Wiener sacó del archivo fotográfico de Lockwood después de su muerte, en 2010. Esas fotos sirven de recordatorio de lo que pudo haber sido, una ventana a un pasado lleno de esperanza y un presente desolador.

“La Cuba de Castro ha pasado de ser lo que Lee llamaba una revolución extraordinaria a transformarse en una sociedad disfuncional”, afirma el periodista Saul Landau en el epílogo del libro. No le falta razón.



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