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“No creo que hablar de uno mismo sea inmaduro”, @SheilaHeti

La joven escritora canadiense Sheila Heti lanza varias monedas al aire y les pregunta sobre su futuro como escritora, y sobre nuestra condición como generación

Fotos de Mahala Marcet

Si nuestro destino y el de nuestra generación dependiera del azar, la vida se parecería mucho a las novelas y artículos de Sheila Heti. De hecho, la obra de la joven autora canadiense tiene mucho de generacional, y en ocasiones hasta podría componer el perfecto retrato de todos nosotros. En este sentido, su mayor aspiración no es otra que la de hablar desde el yo más íntimo y, a través de él, conseguir dibujar una imagen costumbrista con la que alcanzar a responder todas las preguntas incómodas que la sociedad suele plantearnos.

De Sheila Heti se ha dicho que es la Lena Dunham de la literatura, quizá por la excentricidad de sus personajes, o quizá porque el universo femenino que retrata forma parte de ese nuevo feminismo que ahora el arte reclama. De ella también se ha escrito que las páginas de sus libros recuerdan a aquellos tediosos manuales de autoayuda, con la salvedad de que la galaxia de Heti es absolutamente jugosa, envolvente y divertida. ¿Autoayuda para la vida moderna? ¿O quizá lecciones de supervivencia para los adolescentes inquietos de hoy?

Además, para los jóvenes autores del mundo anglosajón, la canadiense se ha convertido de un año a esta parte en toda una gurú literaria, y aunque ella presume de no ser consciente de tal cosa, parece que todas las nuevas voces que vienen surgiendo guarden un poco de la autora, o incluso de esa biblia de la personalidad moderna que es su libro ¿ Cómo debería ser una persona?

Si es cara, maternidad; si es cruz, literatura

Con una voz finísima y ese aspecto delicado, Sheila vino el sábado pasado al festival Primera Persona de Barcelona, donde leyó un fragmento de la que será su próxima novela. Una historia, cuenta, basada absolutamente en el azar y en la casualidad y cuyo trasfondo no es otro que el de la presión social de convertirse en madre cuando la mujer, sea cual sea su condición, llega a una determinada edad.

Como nos reconoce un par de días más tarde tomando café en el C3Bar, para ella hay una violencia latente en el ambiente, y parece que las decisiones profesionales, personales o incluso literarias de una mujer tengan que ir dirigidas en todo momento a cuál será nuestra postura ante la idea de la maternidad.

Sobre el escenario del Primera Persona, Sheila lanza unas monedas al aire y finge que éstas dirigen su discurso y cualquiera de las decisiones que en adelante tome. Como venía siento habitual en su estilo, la escritora convierte el motor de su creación en una batería de preguntas que sólo el azar podrá responder.

Parecido al I Ching, pero sin ese trasfondo espiritual que define al oráculo chino. “Quiero respuestas”, asegura ella. “No sé si es muy inmaduro o estúpido por mi parte desearlas, porque posiblemente no las haya. Suelo sentir mucha ansiedad cuando no comprendo la realidad de las cosas. Por eso ahora me he dejado llevar.”

Y entonces el Yo se convierte en política, y la política se convierte en futuro

Para Sheila Heti el Yo ha tomado completamente el protagonismo de nuestro tiempo. Heti defiende que vivimos un momento en el que hablar desde lo más personal se ha convertido también en la manera más cruda y honesta de mostrar el mundo. Confía en el periodismo en primera persona como literatura, y apuesta sólo por la narrativa y la poesía que saben deshacerse de las máscaras pedantes con las que los escritores normalmente suelen ocultarse el rostro. “ Se puede utilizar la tercera persona y ser egoísta; pero también se puede dar rienda suelta al Yo, y ser político.”

Con el auge de la cultura Me me me, todos se echaron las manos a la cabeza. ¿Será el fin de la ambición? ¿Será el fin de la cultura tal y como la conocíamos? ¿Será el tiempo de cerrar los libros, mirar a otro lado y esperar pesarosos a que ocurra otra cosa? Quizá lo que los escépticos deberían hacer al respecto es imitar la sencilla actitud de Heti, y dejar sus preocupaciones en manos del destino.

Como la joven autora canadiense nosotros también tomamos una moneda de céntimo entre nuestros dedos y atendemos al oráculo.

¿Será el fin de la ambición?, preguntamos.

No, dice la moneda.

¿Será el fin de la cultura tal y como la conocemos?, preguntamos.

Sí, dice la moneda.

¿Será el tiempo de cerrar los libros, mirar a otro lado y esperar a que ocurra otra cosa?, preguntamos.

Sí, dice la moneda.

O quizá es que haya llegado el momento de contradecir nuestras viejas costumbres, apunta Heti desde el fondo de la bola de cristal.

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