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“En el norte ahorran mientras el sur despilfarra”: historia de una mentira

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Así es como la fábula de la cigarra y la hormiga engañó a un continente entero

Rafa Martí

05 Mayo 2016 06:00

Centenares de años antes de Cristo, el militar e historiador ateniense Tucídices dijo: “Los fuertes hacen cuanto pueden y los pobres sufren lo que deben”. Su pensamiento político respondía a que el poder es la única vara de medir en la política, por encima de la justicia. Sin embargo, en 2016, otro ateniense se ha permitido cuestionar la máxima del fundador del realismo político: ¿Y los pobres sufren lo que deben? Es el título del último libro de Yannis Varoufakis (Deusto, 2016).

El exministro griego de Finanzas comenzó el libro en 2012, cuando era profesor de Economía en Texas. Lo comenzó como un manifiesto de rebeldía contra las estructuras de poder que han hecho que los pobres acaben pagando los platos rotos de un sistema económico corrupto. Era su testamento político y económico.

Años más tarde, con el inesperado protagonismo que adquirió en las negociaciones de los pobres —los griegos— contra los fuertes —la troika— el exministro cerró su obra con un retrato mordaz de los fuertes.

Varoufakis hace un recorrido por la historia, plagado de ejemplos extraídos de sus experiencias personales. A partir de que su par alemán Wolfgang Schäuble le negara la mano en la primera reunión que tuvieron, explica por qué las élites, en este caso la burocracia de Bruselas, han creado y mantenido una estructura que está condenando a Europa a mayor desigualdad, mayor pobreza, y convirtiéndola en un campo de cultivo para el renacimiento de la extrema derecha.

Wolfgang Schäuble

Varoufakis se ha propuesto en su último libro destruir el discurso oficial sobre la unidad europea. Y con datos históricos logra romper la explicación que se ha dado, a lo largo de muchos meses, sobre la crisis y sobre cómo resolverla.

Algunos fragmentos del libro:

Los pueblos de Europa, que hasta entonces se habían unido de una manera tan espléndida, acabaron cada vez más divididos a causa de la moneda común (…) Hay pocas paradojas que hayan estado tan cargadas de tristeza y peligro. Tristeza, porque la solidaridad de la década de 1970 fue transformada en una serie de rescates tóxicos que abrieron las fisuras psicológicas a lo largo de los Alpes y Rin arriba. Y peligro, porque un mal incontenible asomaba por estas fisuras con la capacidad de devastar el proyecto Europeo y, además, de desestabilizar el mundo en general. Estas nuevas divisiones nos recuerdan que sería una locura olvidar cómo Europa ha sido capaz, en dos ocasiones durante el siglo pasado, de desquiciarse tanto como para infligirse un daño tan tremendo a sí misma y al mundo.

***

¿Qué provocó la crisis del euro? A la prensa y a los políticos les encantan las historias simples. De 2010 en adelante, la historia que ha circulado por Alemania y por el noreste calvinista ha sido la siguiente:

Las cigarras griegas no hicieron los deberes y un día su verano lleno de deudas de acabó de golpe. Entonces llamaron a las hormigas calvinistas para que las rescataran, a ellas y a otras cigarras de toda Europa. Pero a las hormigas se les decía que las cigarras griegas no querían pagar sus deudas. Querían otro episodio de vida relajada, más vacaciones al sol, y otro rescate para poder financiárselas. Hasta eligieron a una camarilla de socialistas y radicales de izquierda dispuesta a morder la mano que les daba de comer. Había que dar una lección a aquellas cigarras si no queríamos que los otros europeos, menos cumplidores que las hormigas, se animaran a adoptar la misma vida relajada.

(…)

El problema de la fábula de Esopo sobre la cigarra y la hormiga es que resulta sumamente engañosa. No consigue reconocer que en todas las naciones hay cigarras poderosas, hasta en Alemania y en otras naciones con superávit. No es capaz de explicar que estas cigarras, del norte y del sur, tienen la costumbre de tramar alianzas internacionales dominantes contra los intereses de las buenas hormigas que trabajan incansablemente no solo en lugares como Alemania, sino también en sitios como Grecia, Irlanda y Portugal.

***

Klaus Masuch fue hasta hace poco, el representante del BCE en la delegación de la troika que extiende el pánico allá donde va. Estamos a principios de 2012 y la troika pasa por Dublín. En la rueda de prensa después de su reunión con representantes irlandeses, Masuch se sintió lo bastante cómodo (entre periodistas casi todos aduladores) como para soltar su opinión de que el irlandés era un pueblo sofisticado porque entendía que los “empeños” de la troika eran duros pero necesarios. Sus palabras exactas fueron:

“La actitud del pueblo irlandés, por lo que he podido ver, y yo tengo una perspectiva limitada, es muy buena. Estoy impresionado por la profundidad de las discusiones en Irlanda y por el nivel de comprensión de los argumentos financieros y económicos complejos… Cuando vengo del aeropuerto en el taxi, los taxistas están muy bien informados y creo que eso es un muy buen síntoma de que ha habido un diálogo abierto. Es un proceso difícil de ajuste, pero hay un debate económico y es así como debe ser.”

Klaus Masuch

En este punto, Vincent Browne, el experimentado periodista irlandés, le hizo una pregunta asesina que desencadenó un intercambio fascinante:

Browne: Klaus, ¿le contó su taxista lo indignada que está la gente de que estemos obligados a pagarles a los propietarios de bonos sin garantía miles de millones de euros por deudas de las que los irlandeses no tenemos nada que ver, ni ninguna responsabilidad, principalmente para rescatar o para asegurar la soberanía de los bancos europeos? ¿Y si su taxista le hubiera hecho esta pregunta, cuál habría sido su respuesta?

Masuch: Le habría dicho que puedo entender que se trata de una decisión difícil que ha sido tomada por los gobiernos, pero que hay una serie de temas distintos que hay que sopesar, y que entiendo que el gobierno llegó a la conclusión de que el coste para el pueblo irlandés, para la estabilidad del sistema bancario, la confianza en el sistema bancario, habría sido mucho mayor para el contribuyente que la acción que usted menciona... De modo que el sector financiero habría quedado afectado, la confianza en el sector financiero habría quedado afectada negativamente, y puedo entender que se ha tratado de una decisión difícil, la que se tomó en esta dirección.

Browne: ¡Pero no responde usted al tema que le pregunto! Nos piden que paguemos por ese banco difunto de una manera que no tiene ningún beneficio para el pueblo irlandés, miles de millones de bonos sin garantizar con el fin de asegurar la salud de los bancos europeos. ¿Cómo explicaría usted la situación al taxista que ha mencionado antes?


Los paneuropeístas que anhelan imaginar Europa como nuestra casa común, pero que también temen razonablemente que Europa esté cayendo en un insoportable autoritarismo que amenaza con convertir nuestra casa común en un campo de concentración compartido, será mejor que estén preparados: el descenso hacia el totalitarismo no se puede prevenir con medios mecánicos que aplicarán una serie de burócratas sin rostro más preocupados por sus propias y banales carreras profesionales



Masuch: Creo que ya he respondido a la pregunta.

Browne: No, no ha respondido. Usted ha hecho referencia a la viabilidad de las instituciones financieras. La institución de la que yo hablo está hoy desaparecida. Ya no está. Está acabada. Entonces, ¿por qué se pide al pueblo irlandés, bajo la amenaza del BCE, por qué se le pide que pague miles de millones a tenedores de bonos bajo la amenaza del BCE?

Masuch: ... (Murmura algo inaudible)

Browne: No ha respondido usted a mi pregunta antes, tal vez quiera responder ahora.

Masuch: …

Browne: ¡Eso no basta! Ustedes están interviniendo en esta sociedad, provocando un enorme daño exigiéndonos que paguemos, no en beneficio de la gente de aquí, en Irlanda, sino para el beneficio de las instituciones financieras europeas. Tiene que responder usted a mi pregunta: ¿Por qué se carga sobre el pueblo irlandés toda esa responsabilidad?


Bertolt Brecht bromeó una vez, a través de uno de sus personajes, que “la fuera bruta está pasada de moda. Por qué enviar a sicarios si puedes mandar alguaciles”. En la era de la troika, Europa le dio otra vuelta de tuerca a su ocurrencia empleando a tecnócratas trajeados, como el señor Masuch, para hacer ese papel.



Masuch: Creo que ya he respondido a la pregunta…

Browne: ¿No tiene nada que decir ¿No hay respuesta? ¿Es eso? ¿No responderá?

Masuch: Le he dado una respuesta…

Browne: Me ha dado una respuesta a una pregunta distinta.

Moderador: Esa es su opinión.

Browne: ¡Es mi opinión y será también la del taxista!

Incapaz de silenciar al infatigable periodista, Masuch recogió sus papeles y abandonó la sala con el rabo entre las piernas.

(…)

Bertolt Brecht bromeó una vez, a través de uno de sus personajes, que “la fuera bruta está pasada de moda. Por qué enviar a sicarios si puedes mandar alguaciles”. En la era de la troika, Europa le dio otra vuelta de tuerca a su ocurrencia empleando a tecnócratas trajeados, como el señor Masuch, para hacer ese papel.

***

Multitud de males pueden acechar tras el velo ideológico de la integración europea hecha de arriba a abajo, en especial cuando se efectúa en medio (o hasta a través de) una terrible y asimétrica recesión. Los paneuropeístas que anhelan imaginar Europa como nuestra casa común, pero que también temen razonablemente que Europa esté cayendo en un insoportable autoritarismo que amenaza con convertir nuestra casa común en un campo de concentración compartido, será mejor que estén preparados: el descenso hacia el totalitarismo no se puede prevenir con medios mecánicos que aplicarán una serie de burócratas sin rostro más preocupados por sus propias y banales carreras profesionales. ¡Solo lo podrá evitar una democracia sana y que funcione correctamente! Mediante, precisamente, el proceso político que los representantes de Bruselas y Fráncfort tanto desprecian y que cada giro de tuerca de la troika devasta.

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