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La manera creativa en la que Holanda ha resuelto el problema de quedarse sin presos

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El Gobierno holandés se ha enfrentado al problema de escasez de delincuentes transformando las celdas en pequeños hogares para los refugiados que ya no pueden acoger los centros de acogida

PlayGround

10 Febrero 2017 17:50

En Holanda hay tan pocos presos que el país tiene que enfrentarse al hecho de que sus cárceles están quedándose vacías. La escasez de criminales ha obligado a las autoridades del país a buscar soluciones para no tener que cerrarlas y condenarlas a convertirse en esqueletos ruinosos.

La culpa de todo la tiene la aproximación holandesa a la ley que prefiere la rehabilitación a la encarcelación. "Los holandeses tienen un pragmatismo profundamente arraigado en lo que respecta a la regulación de la ley y el orden", ha asegurado a The New York Times el profesor de criminología de Rotterdam, René van Swaaningen.

Ese pragmatismo les ha llevado a alquilar sus prisiones a Gobiernos de otros países cercanos como Bélgica y Noruega y al mismo tiempo a reutilizar las celdas para otras actividades. Doce de estas prisiones han sido reconvertidas en refugios improvisados para acoger a las personas que llegan a Europa procedentes de países como Siria o Irak.



Transformadas para convertirse en hogares que protejan del frío que supone vivir en una tienda de campaña en pleno invierno o en un centro de acogida demasiado masificado, las prisiones se han convertido en apartamentos con cocina común, gimnasios, pistas de fútbol y jardines al aire libre.



Para hacer que la estancia de los migrantes sea más acogedora, las autoridades retiraron los altos muros exteriores de la prisión de Hoogeveen, las alambradas de púas y remodelaron las puertas de las celdas para que se pudieran abrir desde dentro. Sin embargo, las diminutas ventanas, el poco espacio de las habitaciones o las literas con somieres de metal recuerdan a los refugiados que en realidad, están donde están: en una cárcel.



"Este lugar fue construido para los delincuentes, no para los seres humanos libres que no cometieron ningún acto equivocado. Aquí no tienes buenas sensaciones. No hay nada de aire fresco. No hay espacios verdes para caminar", denuncia a The New York Times Pooria Bazhian, un iraní de 26 años que vive en una de estas prisiones.



A pesar de ello, muchos de los que viven en ellas saben que en otros países los refugiados corren mucha peor fortuna. "Cuando miramos a las personas que se alojan en tiendas de campaña, sabemos que tenemos buena suerte", asegura el sirio Nabhan, residente de la misma prisión que Bazhian.

Por el momento, parece que el Gobierno holandés ha sabido resolver bien el problema y no tendrá que cerrar las instituciones. Aunque la falta de delincuentes ahora empieza a suscitar una nueva pregunta: ¿Qué pasará con los 2.600 guardias de prisión que antes les custodiaban?

 





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