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18 cosas odiosas que te pasan cuando vuelves del supermercado

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Porque es más fácil hacerse millonario que encontrar un fruto rojo en tus Kellogg's

Luna Miguel

08 Octubre 2014 09:40

Decepción es lo que uno siente cuando regresa de la compra, abre sus bolsas y descubre que todo en esta vida es una estafa. La películas norteamericanas nos habían enseñado que el supermercado era el lugar de encuentro, de recreo y de oración más importante de nuestra existencia, y sin embargo nuestra realidad en nada se parece a esos grandes almacenes que la televisión nos había prometido. Si hacer la compra ya es odioso porque siempre hay mucha gente, porque siempre hay mucha cola y porque la mayoría de las veces que vamos al super compramos cosas inútiles y nos olvidamos de lo que realmente queríamos, el hecho de llegar a casa y descubrir la realidad de las cosas que hemos adquirido es mucho peor.

Por eso podemos deciros sin problemas que…

Odiamos que las bolsas de patatas sean mitad aire y mitad patata.

Odiamos que sea más fácil ser millonario que encontrar un fruto rojo en un paquete de Kellog’s.  

Odiamos encontrar una masa rosa y deforme a abrir las bolsas de marisco congelado en cuyas fotos se prometía al padre de los langostinos.

Odiamos que los papeles que separan las lonchas de queso sean más gordos que las propias lonchas.

Odiamos que para abrir los botes de cristal de alubias o judías se precise la fuerza de La Montaña.

Odiamos que ahora las compresas vengan con un intenso olor a fresas radioactivas y acaben impregnando todo nuestro hogar con su falso frescor primaveral.

Odiamos que los yogures haya que llevárselos de cuatro en cuatro, y que no se puedan separar como las latas. 

Odiamos que los que diseñan las bolsas de pan Bimbo se las arreglen para que las dos últimas porciones siempre estén mohosas.

Odiamos que en los botes de champú o cremas corporales haya siempre la mitad de producto del que parece.

Odiamos que los envases de carne sean más plástico, cartón y otra vez plástico que materia verdaderamente comestible.

Odiamos que en los packs de tartas precocinadas siempre falte un ingrediente de los requeridos.

Odiamos que nos digan que “detrás de cada tapa hay un regalo” y que en realidad lo único que haya sea un número de pago al que llamar para ver si cae algo.

Odiamos el precio de los detergentes, el precio de los alcoholes, el precio de esos aceites que tan pronto se gastan.

Odiamos que los señores de Mistol nos digan que su producto dura cuatro semanas más de lo que en realidad tarda en gastarse. 

Odiamos que los agujeros de los zumitos sean impenetrables e incluso doblen nuestras pajitas.

Odiamos que se llamen “abre fácil” cuando deberían llamarse “rompedientes”.

Y odiamos que el papel higiénico no quepa en las bolsas del supermercado, y entonces tengamos que ir avergonzados por la calle con nuestro saco de rollos, dejando a la gente pensar que cagamos mucho.   

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