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5 cosas que aprendí tras pasar una tarde con una premio Nobel

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La última Nobel de Literatura acaba de finalizar su gira por España dejando frases dignas de ser enmarcadas

Margaryta Yakovenko

19 Mayo 2016 19:17

La escritora llega al escenario cansada, "harta de sí misma", en sus propias palabras. El peso de los años queda iluminado por los focos mientras sus ojos recorren la sala. Los suyos son ojos que en otros tiempos han visto el horror de la guerra en Afganistán, las costras negras de los bomberos que apagaron Chernobil y las lágrimas de las mujeres que combatieron a los nazis.

Lleva más de tres decenios escribiendo sobre el horror y el dolor pero dice que ya está harta. Svetlana Alexievich, la última escritora galardonada con el Nobel de Literatura, ha pasado estos días por España durante su gira mundial. Después de ruedas de prensa infinitas y entrevistas agotadoras, Alexievich ha querido conocer cara a cara a su público en un coloquio organizado por el CCCB de Barcelona.

La guerra, los triunfos, el fracaso del comunismo ruso y el derrumbe de un mundo idealista lleno de gulags son los temas en los que se basa su obra definida por la Academia como "un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo". Y aunque la crueldad humana sale a la superficie en cada una de las voces que recoge, ella cuenta que en su obra está llena de esperanza.



Pero Alexievich ya no quiere escribir sobre más muertes. No tiene fuerzas. "Ahora escribo un libro sobre el amor y me gustaría saber lo que es eso, al menos al final de mi vida", dice con su voz pausada al auditorio. "Lo único que se contrapone a la crueldad es la belleza. El odio no nos salvará, solo nos salvará el amor", comenta convencida.

Toda su intervención, realizada en modo de diálogo con el escritor Francesc Serés, ha girado en torno a la literatura y al proceso literario. Como si de una clase magistral se tratara Alexievich ha expuesto una serie de consejos y pautas que le han permitido desarrollar toda su obra.

Y esto fue lo que aprendí de ella:

1. En la alta cultura no está el conocimiento


"La gente de los pueblos no lee a Dostoievski ni a Tolstoi pero entienden el mundo como nadie, si les escuchas pronuncian unas palabras sorprendentes y nosotros tenemos que intentar transmitir la vida"

Alexievich creció en un pequeño pueblo de Ucrania alimentándose de las voces de las mujeres que vivían allí, escuchando los relatos de las mujeres tras la guerra. Ese primer contacto con la cultura oral ha sido lo que ha acabado dando forma a su obra, libros llenos de voces donde la de la autora es la única que no se escucha claramente.

"Ellas hablaban tan alto, no había fantasía en su relato y eso me impactó", dijo durante el coloquio.

2. Busca siempre la sencillez


Nada de metáforas revolucionarias que obliguen al lector a arrodillarse ante tu genialidad, el verdadero núcleo de las cosas reside en lo más simple.

"La sencillez es la mejor manera de transmitir las cosas, sin el artificio literario, así es como verdaderamente se llega al núcleo del asunto"


Sin embargo, ella misma admite que la sencillez es una cosa aún más difícil de conseguir que la frase más barroca de la historia de la literatura. Detrás de cada frase sencilla se encuentra un trabajo intenso con el que se ha intentado transmitir lo más importante de la forma más comprensible posible. "Es casi-sencillo, tienes que saber conseguirlo".

3. Una entrevista no es un interrogatorio




Para una persona que lleva 30 años recogiendo los testimonios de las personas, el arte de la entrevista ya no tiene ningún secreto.

"Vengo a una persona como a un amigo. No es una entrevista, es una conversación sobre la vida y está construída de confidencias, detalles, basurilla que giran en torno a una taza de té"


4. ¿Entretener? ¿Qué es eso?

En un momento de la conversación, Francesc Serés le preguntó a la Nobel sobre las preguntas que se hacía cuando al escribir buscaba entretener a su lector. "No, no es en absoluto así", le contestó ella con voz firme.


"No escribo para entretener. Me interesa vivir y me da mucho miedo perder ese interés. Yo quería comprender los hechos sobre los que escribo, quería comprender por qué los hombres no se vuelven locos en la guerra"


De hecho, esa negación a la superficialidad del entretenimiento está presente en toda la vida de la autora que declara que casi no lee ficción. "Las escenas de la vida cotidiana son mejores que la ficción. Muy raramente me gusta leer ficción, prefiero leerme la obra entera de Dostoievski".

5. Estamos perdiendo nuestra esencia de personas

"Hoy no podemos prever el futuro, nada pasó como lo habíamos pensado. Ser persona es cada vez más difícil"

Guerras, muertes, auges nacionalistas y homofobias campan a sus anchas en un mundo cada vez mesno involucrado e individualista. En sus palabras se nota un cierto deje nostálgico por aquella vida en el pueblo en el que todo era puro y no estaba contaminado por la tecnología ni la sobreabundancia de información.

"La información entre la que vivimos no nos acerca al verdadero secreto de la humanidad pero la literatura nos acerca a lo eterno", sentenció.

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