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Los cortos que dinamitarán tu imagen del conflicto sirio

El colectivo Abounaddara lleva tres años produciendo una pieza semanal desde Siria: apoyado en pequeños relatos, su trabajo está cosechando éxito internacional

Un mes después del levantamiento en Siria, en abril de 2011, un grupo de cineastas residentes en Damasco, todos autodidactas, se constituyeron como el colectivo Abounaddara ("Hombre con gafas"). Desde entonces, han estado produciendo un cortometraje semanal hasta hoy.

La costumbre ha sido subir todos los vídeos a Internet cada viernes, pero no se trata de piezas filmadas por aficionados y pensadas para Youtube. Como explica Charif Kiwan, portavoz del colectivo, lo que hacen es una especie de “cine de emergencia. Como una atención médica de emergencia, solo que cinematográfica”.

Recientemente galardonado con el premio del jurado en la sección de cortometrajes del festival de Sundance, el colectivo ha recibido un nuevo reconocimiento a su trayectoria. El festival de cine organizado por la ONG internacional Human Rights Watch ha proyectado, por primera vez y ante el público londinense, seis películas de Abounaddara.

Cortos como balas

Se autodenominan francotiradores. Esperan emboscar al régimen sirio por la espalda con sus cortos aparentemente inofensivos, de autoría colectiva y anónima. Trabajan rápido, y con medios muy escasos.

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Muchas de sus piezas se basan en una técnica de camuflaje, una cámara estática y un plano pulido. Al contrario que las imágenes movidas y borrosas que estamos acostumbrados a ver (un funeral, protestas callejeras, gente corriendo hacia las ruinas de un edificio que acaba de ser derribado), la técnica del "Hombre con gafas" consiste en colocar la cámara en el callejón donde trabaja un viejo tapicero, bajo un halo de luz; en dejar que las conversaciones entre los dependientes de una discoteca de casetes fluyan frente al mostrador. En mirar cómo madruga la gente que viaja en tren o filmar el minucioso trabajo de tres artesanos sobre una tela, una concentración inquebrantable, con el ritmo ancestral de la Ciudad del Jazmín.

Pero también nos habla de jóvenes que juegan al Call of Duty, de una sociedad que se transforma. En uno de sus trabajos recientes, titulado “Confesiones de una mujer”, una mujer sentada en su sofá habla con franqueza casi íntima de cómo el sectarismo empieza a infiltrarse en su forma de pensar.

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Cinema vérité

No se pueden clasificar como reportajes, ni entrevistas, ni siquiera vídeos de denuncia. Las piezas de Abounaddara son transparentes como el agua, han bebido del cinéma vérité y del pionero del documental sociético Dziga Vertov. Son tan breves como un tweet fílmico, fragmentarios como un post. Curiosamente, para obtener relatos que rompan la imagen y los tópicos construidos por los medios de comunicación y filtrados siempre por las lentes de la geopolítica en la región, “no queda más remedio que utilizar la estética del cine. Se nos muestra siempre como feos yijadistas a manos de un dictador caballeroso”, cuenta Kiwan. Otra de las técnicas es pasar de la imágenes panorámicas a lo individual. La historias pequeñas cuentan más que los relatos que intentan abarcar una multitud.

Es como asomarse a una ventana a husmear. Al espectador se le proporciona, inevitablemente, un conocimiento secreto de la sociedad siria, una imagen alternativa, humanizadora, lejos del papel de víctimas para el que parece que algunos pueblos hayan nacido.

A través de Abounaddara, los sirios se reapropian, se vuelven a narrar, y se desprenden de los relatos del régimen y de la prensa internacional. Encantados de conocerle, "Señor con gafas".

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