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El cortometraje que inspiró 'Whiplash' es tan brutal como la película

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Antes de ganar el Oscar, J.K. Simmons ya interpretó a un profe cabrón lanzador de sillas

Natxo Medina

03 Marzo 2015 15:15

En la pasada edición de los Oscar, un pequeño título llamado Whiplash competía en la categoría de mejor película junto a las últimas cintas de grandes como Iñarritu, Eastwood o Linklater. No está nada mal para el debut de un joven director llamado Damien Chazelle, que sólo dos años antes se había presentado en Sundance con un corto bajo el brazo, con la esperanza de convertirlo en un largometraje. ¿Su título?, también Whiplash.

Ahora que la película se ha convertido en uno de los fenómenos del año, por fin podemos ver aquel primer embrión, que ya condensa en un par de escenas toda la fuerza de la película, y cuenta además con ese monstruo de la interpretación que es J.K. Simmons, en el papel que le acabaría dando el Oscar.

En los escasos 20 minutos que dura el Whiplash original, asistimos a la primera y traumática clase de Andrew Neiman, aspirante a batería de jazz. El corto narra el primer encuentro de Neiman con su profesor, el Doctor Fletcher, quien le demostrará por las malas que en SU banda solo caben los mejores.

En la película, este pasaje es muy similar. De hecho, muchos diálogos se reproducen punto por punto. Aunque Whiplash también compitió en los Oscar en la categoría de "mejor guión adaptado", Chazelle sólo se estaba adaptando a sí mismo.

Pero de hecho hay cambios y, aunque sutiles, son fundamentales. El más claro es el protagonista. Johnny Simmons interpreta aquí el papel que acabaría dándole el reconocimiento internacional a Milles Teller. También cambia la atmósfera de la clase, que en la película es más oscura. Una atmósfera más cercana a la de un club de jazz, que le confiere a la escena un peso mayor y al profesor un aire mucho más amenazante si cabe.

Y es que cuando de contar historias (o de llevar el ritmo) se trata, la clave del éxito siempre está en los detalles. Y Chazelle demuestra haber aprendido de sobra la lección.


Las grandes historias empiezan en pequeño. El resto del camino es pasión, ritmo y sudor



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