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Este es el hombre que puede convertir a Marine Le Pen en la presidenta de Francia

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Florian Philippot es vicepresidente del Frente Nacional y el principal estratega detrás del cambio de imagen del partido hacia una línea menos dura. Pero que nadie le tome por un moderado

Margaryta Yakovenko

07 Febrero 2017 19:07

Marine Le Pen jamás ha estado tan cerca de ser elegida presidenta. Los sondeos le dan la victoria en la primera vuelta de las elecciones francesas y su campaña recién estrenada pretende borrar para siempre todo recuerdo de su padre Jean-Marie Le Pen, antiguo líder del partido con el que ha roto toda relación.

Sin embargo, detrás de la sofisticación intelectual de sus mítines, el cambio de look de su partido y el tono rebajado y populista de su nueva retórica ultraderechista de línea menos dura, se encuentra un hombre, su mano derecha: Florian Philippot, vicepresidente del Frente Nacional.

Nacido en 1981, Philippot conoció a Marine Le Pen en una cena de 2009 donde, según The Guardian, los huéspedes de la heredera del partido discutieron sobre la soberanía francesa y la identidad nacional entre platos de comida casera y buen vino.

En ese momento, Philippot era un joven de 28 años, tímido, hijo de profesores y funcionario del Ministerio del Interior. Amaba con locura a Charles de Gaulle y odiaba desde que tenía uso de razón la Unión Europea. Ese odio visceral era tan intenso que incluso ha llegado a contar la anécdota de que con 11 años se echó a llorar cuando Francia votó a favor del Tratado de Maastricht, el acuerdo que allanó el camino al euro y condenó a las monedas nacionales a la desaparición.

Philippot, que nunca había votado al Frente Nacional, vió por primera vez a Marine Le Pen en 2007 en una intervención televisiva en la que tiraba piedras a la Unión Europea. Desde ese mismo momento supo que tenía que conocerla. El discurso de la hijísima le había convencido por completo.


Cuando conoció a Le Pen, Philippot era un joven de 28 años, tímido, hijo de profesores y funcionario del Ministerio del Interior. Amaba con locura a Charles de Gaulle y odiaba desde que tenía uso de razón la Unión Europea.


La noche en la que se vieron por primera vez fue descrita por el propio Philippot como "alquimia pura". Fue un amor intelectual a primera vista. Y es flechazo rápidamente evolucionó en un romance ideológico que a día de hoy está más fuerte que nunca. En cuanto confirmaron sus lazos, los dos se dedicaron a la elaboración de la nueva línea del partido, que pretendía dejar atrás la dureza del padre de Marine Le Pen.

Las bases antimigratorias, islamófobas y proteccionistas permanecieron, pero el tono derivó desde el negacionismo del Holocausto defendido por Jean-Marie Le Pen al populismo que arenga a las víctimas de la crisis económica y la globalización.

En enero de 2011, cuando Le Pen se hizo finalmente con la dirección del partido, el papel de Philippot aún no era público. Su presentación en sociedad se hizo en primavera de aquel año y fue un absoluto fracaso. Le Pen le presentó como la chispa joven y brillante que le ayudó a escribir el programa económico del partido, pero de acuerdo a un periodista de Le Monde que estuvo presente en aquel acto, Philippot se puso tan nervioso que Le Pen tuvo que contestar por él las preguntas de la prensa.


La noche en la que se vieron por primera vez fue descrita por el propio Philippot como "alquimia pura". Fue un amor intelectual a primera vista que rápidamente se convirtió en un romance ideológico.


La transformación vino solo un año más tarde. Philippot se convirtió en el director de la campaña presidencial de Le Pen en la que el Frente Nacional consiguió 6 millones de votos. Ella no tenía ninguna duda de que esa victoria se la debía atribuir a él. Él dio una paso adelante en la escena pública y captó la atención mediática con la que el Frente Nacional solo había soñado hasta entonces.

El momento más incómodo de Philippot vino en 2014 cuando una revista le sacó en una escapada navideña de la mano de un periodista que trabajaba en la televisión. Hasta ese momento, no era oficial que la mano derecha de Le Pen fuera gay y la línea dura del partido no se tomó nada bien ese dato alegando que se había creado un "lobby gay" dentro del mismo.

Philippot salió en la defensa de su propio partido asegurando que el Frente Nacional no era homófobo pero al día siguiente, el padre de Marine Le Pen colgó una foto suya con una armadura medieval diciendo que era un traje "gay". En diciembre del mismo año, el exlíder del partido volvió a la carga y en una entrevista a Le Figaro dijo: "Los gays son como la sal en la sopa, si no hay ninguno en absoluto está un poco sosa. Si hay demasiada, es imposible de comer".


Hasta 2014 no era oficial que la mano derecha de Le Pen fuera gay y la línea dura del partido no se tomó nada bien ese dato alegando que se había creado un "lobby gay" dentro del mismo


Unos meses más tarde, Marine echaba a su padre del partido por un comentario que volvía a quitarle de nuevo importancia al Holocausto. La decisión fue difícil y desde ese momento padre e hija no han vuelto a hablarse. Nadie duda, sin embargo, de que fue una decisión necesaria para crear el partido que Philippot y ella habían planeado.

Ahora, ocho años después de haberse conocido, los dos organizadores del renovado y desintoxicado Frente Nacional están más motivados que nunca para hacerse con el poder. Tras el Brexit y la elección de Donald Trump, los sondeos le dan ventaja al partido. Y Philippot, cada vez que puede, niega que sus tendencias sean de extrema derecha. Quizá ese negacionismo sea el que de verdad le de el poder al partido de Le Pen.

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