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¿Se ha convertido el couchsurfing en couchfucking?

Los usuarios utilizan cada vez más la red social enfocada al intercambio de hospitalidad como vía para buscar sexo

Hay un tipo de publicidad invasiva en la red que es muy sintomática del tipo de sociedad en que vivimos. Una vez demostrado que los anuncios del tipo 'Felicidades. Eres el visitante 9.999 y por eso has ganado tal premio' ya no engañan a nadie, los pescadores del dinero sucio en internet tratan de robar el clic del internauta con banners y pop-ups que invitan a gozar de los placeres de un improbable "Facebook del Sexo", o "Fuckbook" o a acceder a algún tipo de chat con mujeres medio desnudas que le dicen al visitante que están muy aburridas y más calientes que el mismísimo centro de la tierra. Decimos que son sintomáticas porque todos tenemos la convicción que las redes sociales cumplen también la función de página de encuentros soft. Quizá el 'fenómeno Informer' nos abrió los ojos: la posibilidad de anonimato convirtió los timelines del Facebook en mercados del sexo.

Algo así está pasado con el couchsurfing.

Lo que empezó siendo una red social con vocación social y cultural, que creaba un sistema de intercambio de alojamientos entre la comunidad de couchsurfers (todo el mundo que quiere participar debe poner su 'sofá' a disposición de los demás), para algunos ha acabado convertido en una forma de conseguir amoríos de usar y tirar. La cosa está en que el couchsurfing no consiste sólo en ofrecer hospedaje al visitante, sino que convencionalmente el anfitrión ejerce de guía al recién llegado, ya sea para enseñarle la zona o para llevárselo de fiesta.

Por eso es importante que todo el mundo tenga un perfil que, además de dar información básica acerca de la casa y la localización de lugar de hospedaje, dé detalles sobre el anfitrión: sus gustos, sus intereses, su aspecto o su edad. Está pensado para orientar a los usuarios, que normalmente buscan personas compatibles, con quienes puedan congeniar o compartir intereses. Pero también para escoger a los más guapos o los más interesantes. Si es lo que se quiere.

Su sistema está a medio camino entre la páginas de citas y la red social. Y si tenemos en cuenta que el objetivo explícito de la transacción es dormir un par de días en casa del otro, convertir el couchsurfing en una especie de couchfucking era tan fácil como sumar dos y dos. Por eso hemos hablado con algunos usuarios sobre sus experiencia con el couchsurfing, y les hemos preguntado por las derivas románticas de los encuentros.

couchsurfing

Todos nuestros interlocutores han coincidido en que ser guapo o feo es un factor importante al escoger un huésped o un anfitrión. Algunos reconocen que el sexo se contempla como una posibilidad, aunque no sea ni de lejos una razón determinante. En general, afirman que no se han metido en la página para poder follar y, sin embargo, algunos han follado.

Una chica —a la que llamaremos Sloan— afirma que sus experiencias con el couchsurfing han acabado varias veces en sexo: "Son cosas que pasan, porque al final somos personas jóvenes y nos encontramos en puntos y lugares concretos de forma bastante puntual y que, además, cuando quedas con una persona de couchsurfing ya ha pasado por un filtro anteriormente (leyendo su perfil) y conoces un poco su rollo... entonces no me parece muy raro que algunas situaciones acaben en sexo".

Pero no para todos es tan casual: un chico —al que llamaremos Robin— nos cuenta que llegó a practicar el couchsufing debido a que un amigo suyo le había creado un perfil, diciéndole que era un grandísimo método para ligar. Y así fue. Para Robin, el atractivo físico del huésped no es un factor que contemple entre otros: es el único a tener en cuenta. De hecho, en su perfil público, estableció la sugerente condición de que solamente acogería a chicas solas (o excepcionalmente a dos chicas). Robin reconoce la dimensión cultural del couchsufing, aunque cree que de un tiempo a esta parte se ha sobredimensionado lo comercial, y no duda en recomendarlo como un método para ligar: cuatro de sus cinco experiencias han terminado en sexo.

Aunque también es cierto que para los huéspedes de Robin el romance siempre ha sido casual e inesperado: parece decirnos que si todo el mundo se lo tomara como él, la red social se convertiría en algo así como 'AdoptaUnTio.es'. La tensión sexual puede estar en el aire. Puede animar todos los pasos de algún anfitrión o huésped. Puede ser la convicción profunda del ochenta y cinco por ciento de los usuarios. Pero no puede formularse más que de formas alusivas. ¿Por qué?

De declaraciones de Sloan se desprendía que los romances en el couchsurfing son enteramente fortuitos; quizá sólo azuzados por el hecho de compartir juntos unos días (y una misma casa). Resulta verosímil pensar que uno de los encantos de usarlo como método para ligar sea precisamente que no se trata de una herramienta para conseguir sexo exprés. El 'aquí te pillo, aquí te mato' de aplicaciones como Tinder desencantan el romance. No hay espacio para la seducción, ni lugar para el juego o la conquista real. Convierten el sexo en un contrato entre desconocidos que quieren aplacar su deseo.

David Foster Wallace bromeaba acerca de la posibilidad de que la revolución sexual hubiera acabado con la pasión romántica. Los caballeros ya no debían luchar a capa y espada contra feos dragones, ni liberar princesas de las atalayas de sus prisiones. Ahora los castillos no estaban cerrados a cal y canto; sus puertas se abrían tan fácilmente, y más a menudo, que las del Corte Inglés por Navidad. Las princesas, lejos de ser virginales ninfas blanquecinas que con suerte nunca habían visto la luz del sol, ahora esperaban a sus galanes con pose sugerente y lencería de encaje.

Las apps han llevado a su extremo esta visión contractual y desinhibida del arte del yacer. Las páginas de citas son literalmente un mercado de encuentros: todos saben qué van comprar. El sexo (o el amor, según los casos) es explícito. Por eso es posible que el triunfo del couchfucking se deba a que únicamente facilita un poco las cosas, pero no lo suficiente como para desencantar el romance. Deja lugar al juego de miradas, a los dobles sentidos, a la incertidumbre y al rechazo. Da vida al impulso erótico.

¿Has tenido tú alguna experiencia con el couchsurfing que derivase en romance exprés o en sexo? Te invitamos a que nos lo cuentes en la sección de comentarios.

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