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Lo contrario a la muerte no es la vida, es el sexo

Milena Busquets publica 'También esto pasará', una novela sucia sobre el duelo y sobre la superación del dolor

Sería imposible escribir un manual universal para superar el duelo, no ya porque cada muerte sea distinta, sino más bien porque cada vida es diferente. Lo sabe bien Milena Busquets, la escritora barcelonesa que acaba de publicar También esto pasará, una novela que nace de un adiós. De un dolor. De un intento por salir adelante. Busquets pone voz a la garganta de Blanca, una mujer de mediana edad que acaba de perder a su madre y que no sabe cómo enfrentarse a la nueva realidad que se le presenta. Para ahuyentar a sus demonios, decide emprender un viaje a Cadaqués, donde la búsqueda de la calma y de la luz se convertirá en su mayor obsesión. 

¿Pero cuánta luz y cuánta paz hace falta para superar la muerte de un ser querido? Decía Joan Didion en El año del pensamiento mágico que los que acaban de perder a un familiar tienen un gesto característico en el rostro. Una mirada especial que define su gesto para siempre. A Joan Didion le daba pudor tener ese rostro. Le daba miedo que los demás la miraran con pena y le asustaba no poder dejar de sentir esa patada en el estómago cada vez que la realidad le recordaba que su marido o su hija ya no estaban. En el libro Tara, la poeta Elena Medel realiza un ejercicio parecido, y sólo a través de la escritura y de la memoria será capaz de cantarle las suficientes canciones de amor a su fallecida abuela, a la que tanto amaba.

Estos son sólo dos ejemplos recientes, pues en realidad, desde siempre, el duelo ha sido un género literario en sí mismo. Por eso es imposible que exista un manual preciso, y por eso cada autor creará su propio vínculo entre su palabra y la memoria de sus desaparecidos. Igual que Allen Ginsberg retrató a su madre demente como una diosa en el homenaje de Kaddish, en También esto pasará la figura maternal es la de aquella mente sana y todopoderosa que servía como faro para una hija a veces descarriada. Blanca fuma, y bebe, y hace el amor con sus amantes para mantenerse alejada de los malos pensamientos. Sus ojos hundidos son parecidos a aquellos que Didion describió, y sus pensamientos impuros son en realidad poemas fortísimos con los que pretende purgarse.

Escribe Busquets que lo contrario de la muerte no es la vida, es el sexo . Por eso en su manual particular de supervivencia el personaje de Blanca se empeña en los placeres carnales y sólo es capaz de descansar con un mordisco, un masaje, o un abrazo. Cuando un cuerpo amado desaparece, hay quienes necesitan palparse a sí mismos para saber que todavía siguen vivos.¿Estás triste? Folla. ¿Te duele la cabeza? Folla. ¿Se te ha estropeado el ordenador? Folla. ¿Estás en la ruina? Folla. ¿Se ha muerto tu madre? Folla. Busquets emprende así una aventura confesional, que acaba dando cuenta de cómo a veces los placeres más secretos y el cariño de nuestros amigos o familiares más cercanos acaban por hacernos comprender que la vida sigue. Que nuestro corazón aún late muy fuerte. Que, como todo en la vida, también esto pasará.

Cuando un cuerpo amado desaparece, hay quienes necesitan palparse continuamente a sí mismos, para sentir que siguen vivos.

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