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Mediadores: los personajes que pueden acabar con el imperio de los abogados

Denuncian que no se potencia su actividad aunque sus cifras son sorprendentes: de media cuestan 77% menos que emprender un proceso judicial. Y las soluciones son satisfactorias para ambas partes

Escucha estas cuatro historias reales. Podrían pasarte a ti en diferentes momentos de tu vida:

1. M.L., 30 años

M.L. trabajaba con otra chica en la venta de unos productos. Su compañera le pidió algunos de ellos para revenderlos y trabajar, pero nunca se los pagó. Si M.L. quería recuperar el dinero, le quedaba la opción de acudir a los tribunales. Sin embargo, el coste de un abogado le podría suponer más que el dinero que reclamaba, además de constantes idas y venidas a los juzgados. Igualmente, podría demorarse años hasta que se emitiera una sentencia.

M.L. acudió entonces a una mediadora. La compañera aceptó tomar parte en el proceso. Llegaron a un acuerdo y terminó devolviéndole parte de los productos que aún no había vendido y le pagó el resto.

2. David, 35 años

David tenía una empresa exportadora de frutas. Su trabajo consistía en comprar la fruta a agricultores para luego venderla al extranjero. En una ocasión, la empresa hizo un pago por adelantado a uno de sus proveedores, pero la cantidad era más de la que tenían que pagarle. El agricultor luego tuvo problemas económicos y nunca devolvió lo que le habían dado de más. David estuvo dos años sin recibir nada.

Estuvo a nada de comenzar una batalla judicial para recuperar 12.000 euros. Pero también acudió a la mediación. El proceso consiguió calmar las relaciones entre las dos partes y que llegaran a un acuerdo para devolver el dinero a plazos. Cada uno pagó 250 euros para arreglar el conflicto. Un abogado le podría haber costado a David 2.000 euros y, tal vez, que la otra persona terminara por no pagar.

Quería evitar a toda costa llevarse mal con la madre de su hija y no quería que la pequeña sufriera las consecuencias de un proceso judicial

3. Pilar, 34 años

Con 34 años, Piar se fue de un trabajo y la empresa no le ingresó la última nómina. Después de mucho insistir, quiso denunciar. Pero una mediadora le asesoró. La empresa aceptó entrar en el proceso de mediación para evitar la demanda y este mes Pilar va a terminar de cobrar toda su nómina.

4. Sergio, 34 años

Sergio se separó de su pareja con la que vivía y con la que tenía una hija. No se llevaba bien con su expareja y se quejó de que solo le dejaba ver a la niña el tiempo que ella misma decidía. Él quería evitar llevarse mal con la madre de su hija y tampoco pretendía que la pequeña sufriera las consecuencias de un proceso judicial. Estuvo con su expareja en dos sesiones y llegaron a un acuerdo. Sin embargo, este no ha llegado a homologarse judicialmente y no hay manera de que —todavía— se pueda cumplir.

Un mundo sin abogados

Sus historias, y sobre todo cómo las resolvieron, son bastante desconocidas en España. Aquí, los grandes bufetes de abogados han creado un imperio en el que las soluciones extrajudiciales viven todavía en el ostracismo.

Un ejemplo de esto es el caso de Bankia. La firma de abogados Arriaga Asociados emprendió una cruzada contra la entidad financiera. El macrobufete anunciado por televisión había basado su negocio en absorber a todos los afectados por la entidad financiera. Se erigió como un despacho de abogados justicieros que defendía a los preferentistas. Su facturación era millonaria. Sin embargo, la presión de la administración de justicia para reducir los procesos a los mínimos necesarios llevó a la entidad a devolver el dinero a los exaccionistas perjudicados.

El caso de Bankia demostró que podía prescindirse de la vía judicial para resolver un conflicto. También puso en jaque la viabilidad del bufete de abogados, que insiste en llevar los casos por la vía judicial.

El mediador no puede ni convencer ni presionar o amenazar con la vía judicial a la otra parte para que acepte participar

La misma suerte podrían correr otros despachos de abogados similares si gente con problemas como los de M.L., David, Pilar o Sergio hubieran conocido que podían lograr sus intereses sin gastar en abogados y sin demorarse en el tiempo. En concreto, a través de la mediación, una especie de coaching de conflictos que ha ganado relevancia en los últimos años, desde la aprobación de la Ley de Mediación en 2012.

Según los propios profesionales de la mediación, esta vía sería suficiente para resolver el 70% de los casos que pasan por los juzgados civiles y mercantiles.

Consiste en un proceso en el que una de las partes afectada por un conflicto acude a un mediador para solucionarlo. El mediador escucha el caso y si considera que es posible resolverlo por este procedimiento se pone en contacto con la otra parte. Informa a la otra parte de que existe esta posibilidad para resolver el conflicto. Si la otra parte acepta, se reúnen ambos con el mediador en una primera sesión y luego en una segunda. El proceso siempre es voluntario por ambas partes y el mediador no puede ni convencer ni presionar o amenazar con la vía judicial a la otra parte para que acepte participar.

La mediadora María de los Ángeles Granados explica que, con "don de gentes" —al igual que un coach— puede lograr explicar de una manera neutral las posibilidades que hay de solucionar el conflicto. "En un conflicto siempre hay un interés mutuo para ponerle fin", dice.

Según los propios mediadores, la mediación sería suficiente para resolver el 70% de los casos que pasan por los juzgados civiles y mercantiles

El proceso pasa por romper los posicionamientos antagónicos en el conflicto, destacar los intreses de cada parte y finalmente negociarlos para alcanzar un consenso.

El acuerdo alcanzado en el proceso de mediación se homologa judicialmente, por lo que termina teniendo el poder de una sentencia o un contrato (dependiendo del tipo de conflicto), en caso de que una de las partes no lo cumpla.

Granados asegura que el desconocimiento de su profesión en España es brutal, a pesar de la ley de 2012 (y una posterior de 2013) que regulaba su actividad y de las recomendaciones de la Unión Europea. “Mientras en EEUU el 80% de los casos de conflicto se resuelven por la mediación, en España la gran mayoría pasa por los tribunales”, dice.

“La mediación, al igual que otras vías extrajudiciales legales, limita al sistema judicial a ocuparse de los casos que realmente no pueden solucionarse de otra manera. Los retrasos y el colapso del sistema de justicia no sería tal si la gente conociera que existen estos procesos alternativos”, asegura.

¿La piedra filosofal para solucionar los conflictos?

Si la mediación parece la piedra filosofal para solucionar los conflictos, ¿por qué no se usa más? Por mucho que, como dicen los mediadores, los abogados se empeñen en no perder su negocio, algo tan bueno desbordaría las peticiones. Pero la realidad no es así.

Abogados y expertos jurídicos como Felio Vilarrubias y Albert Fauria señalan que la mediación, en muchos casos, puede entorpecer los procesos judiciales en vez de reducirlos. En un artículo plantean que dos partes ya enfrentadas en un tribunal, que acuden a la mediación y no consiguen llegar a un acuerdo, vuelven al proceso judicial todavía con más retrasos y costes.

Estos expertos señalan que la mediación puede suponer un ataque al sistema público de justicia. Denuncian una obsesión con minimizar la justicia a través de las tasas judiciales o de procedimientos alternativos con la mediación. Parecen soluciones eficaces pero que, en el fondo, no siempre funcionan y solo suponen una privatización del sistema.

La mediación no solo no es la solución única para terminar con la lentitud de la justicia, sino que podría aumentarla

Y esto puede ir en detrimento de la justicia: aunque dos partes lleguen a un acuerdo, el acuerdo puede no ser justo al no determinarlo un juez imparcial, o una de las partes de ve obligada a asumir compromisos que no debería.

Desde los colectivos de abogados, personajes como Carlos Carnicer, Presidente del Consejo General de la Abogacía Española, han insistido en no destruir la imagen del abogado. En palabras del propio Carnicer, el abogado siempre  ha contribuido a la solución extrajudicial de los conflictos, dirigiendo "todos sus esfuerzos a la concordia" entre las partes.

1.833 euros frente a 8.015 euros

A pesar de las críticas, los datos entre la mediación y los procesos judiciales hablan por sí solos:

En España, según la Corte de Arbitraje de Madrid, la mediación dura de media 1,6 meses frente a los 17 meses de un proceso judicial. Su coste promedio es de 1.833 euros frente al promedio de 8.015 euros que cuesta la vía judicial. En la Unión Europea los datos son similares: el Parlamento Europeo señaló en un informe de febrero que la mediación dura 1,4 meses frente a 18,5 de proceso judicial, y cifra en 3.371 euros el coste medio de un proceso de mediación frente a los 9.179 euros de acudir a los tribunales.

Además de estas ventajas, según Tomás Prieto, abogado, mediador y autor del blog amediar.info, el coste emocional de un proceso de mediación es nulo: “En un juicio siempre hay alguien que gana y alguien que pierde, aparte del desgaste emocional que supone la prolongación de un proceso. En la mediación ambas partes quedan contentas y ambas superan el conflicto”.

En la UE, un proceso de mediación lleva 1,4 meses frente a los 18,5 que lleva la vía judicial. Y cuesta 3.371 euros frente a los .9179 de media de los tribunales

El informe del Parlamento Europeo situó a España como uno de los países a la cola en la potenciación de estas vías. La mediación todavía se ve como un proceso de segunda. Los mediadores tienen una formación específica homologada por el Ministerio de Justicia pero no son abogados. En la actualidad hay alrededor de 15.000 mediadores en España.

El desconocimiento del proceso y los prejuicios sobre los mediadores impiden que este tipo de procesos terminen de despegar. Sin embargo la UE urge a que se apliquen como vías más rápidas, eficaces y económicas para solucionar conflictos.

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