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“En mis conciertos siempre veo gente llorando”: una conversación sobre emociones con Julianna Barwick

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La artista norteamericana actúa este viernes en Barcelona y nos explica cómo su música, a diferencia de la de Enrique Iglesias, sí es casi una experiencia religiosa

Javier Blánquez

27 Marzo 2014 11:37

La música de Julianna Barwick, lo sabe quien la haya escuchado -aunque más que escucharse, es una música que se atraviesa, de lo gaseosa y tenue que es-, apela profundamente a las emociones. Habrá quien adopte la pose de fría indiferencia ante sus escalas ascendentes de largas notas vocales, despachándola con un displicente ‘esto es new age de siempre’, pero lo que hace esta joven norteamericana no tiene nada que ver con la espiritualidad rancia, sino con el afecto del sonido amable susurrado al oído hasta que adquiere dimensiones de catedral. Sus técnicas de composición, que tienen que ver mucho con el ambient envolvente y grandioso, en el que un montón de capas de sonido forman una bóveda resonante sobre la habitación, pero también con las formas antiguas de la música polifónica y el post-rock más liviano, le permiten explorar sus emociones más profundas, que tienen que ver con el anhelo de belleza, la búsqueda de la calma interior y el rescate de la nostalgia de la infancia.

Su primer álbum, “The Magic Place” (Asthmatic Kitty, 2011) -hubo otro en 2006, “Sanguine”, que prácticamente no cuenta-, estaba inspirado en su árbol favorito de cuando niña, y era una colección de líneas vocales extendidas como drones o como canto gregoriano, con el apoyo subterráneo de notas nebulosas de sintetizador. El segundo, Nepenthe, editado el año pasado, aumentó la masa de sonido con un coro, guitarra y una sección de cuerdas -todo ello grabado en Islandia con la ayuda de Alex Sommers, la pareja de Jónsi de Sigur Rós-, y le abrió a una dimensión aún más ancha y compacta. Ahora la tendremos en directo -este mismo viernes en Barcelona, dentro del ciclo Dnit de CaixaFòrum, compartiendo cartel con AtomTM, a partir de las 22.00h.-, razón por la cual quisimos intercambiar unas preguntas con ella, para comprender si es un ángel, como parece, o sólo una chica normal con una sensibilidad desmesurada.

Cuando grabaste “Nepenthe”, decidiste no hacerlo sola y pedir ayuda de algunos amigos músicos. ¿Cómo afecta eso al directo? ¿También necesitas una colaboración extra por lo que te piden las canciones a nivel de sonido, o ya te apañas por ti misma?

Cuando tuve que pensar cómo llevar las nuevas canciones al directo, sentí un momento de agobio, porque había más sonidos de los que podía controlar. De hecho, le pedí a un amigo que tocara conmigo durante unos meses, hasta que conseguí encontrar la manera de hacer casi todo por mí misma. Así que ahora he vuelto al directo con mi equipo habitual, un micrófono y efectos que circulan por un aparato que me permite hacer loops con ellos, y luego están los teclados y los samplers desde los que disparo sonidos diversos. ¡Todo a la vez! Pero ya me estoy acostumbrando y he pillado el ritmo. En febrero hice 16 actuaciones y ya no tengo problemas.

El nuevo álbum lo grabaste parcialmente en Islandia, con Alex Somers. Es evidente que está de moda ir a grabar a Islandia, pero en tu caso la idea resulta totalmente coherente porque tu música es como un enorme paisaje blanco. Incluso “The Magic Place” te lo inspiró un árbol en el que pasabas mucho tiempo de niña. ¿Podrías decir que la naturaleza es la base de tu influencia?

Diría que sí. Cuando estuve grabando “The Magic Place” pensé mucho en aquel lugar mágico al que iba de niña, y en el momento de meterme de lleno en “Nepenthe” también me encontré en medio de los paisajes más hermosos que había visto nunca. Y además era una experiencia diaria. Fue una experiencia que iba más allá de lo inspirador y lo conmovedor. Así que sí, creo que la naturaleza me inspira, ya sea la naturaleza en mi memoria o en la experiencia de presente.

Julianna Barwick

Has dicho en varias entrevistas que tus temas empiezan siempre de la misma manera, con una improvisación vocal. Pero a la vez, tienes una estética muy concreta y elaborada que no puede venir exclusivamente de la improvisación en el momento. Incluso tu manera de cantar puede ser descrita como ‘modal’, como en la liturgia religiosa medieval (por ejemplo, puede recordar a las letanías de Hildegard von Bingen). ¿La opción de este canto llano y expansivo hasta qué punto es premeditada, como una manera de empezar y de hacer?

Es totalmente premeditada. Siempre empiezo a grabar con una melodía de la que empiezo a sacar loops, y a partir de ahí aparecen capas y más capas de armonías por encima. Normalmente son tres loops separados, lo que me permite darles entrada y salida a cada uno mientras trabajo en la composición final de la canción. Todo lo hago al vuelo, es lo que más me gusta de hacer música de esta manera, que siempre queda la sensación de espontaneidad, de una música impredecible, en el mejor sentido de la expresión.

En la mitología griega, la ‘nepenta’ es la droga del olvido; en la naturaleza, es una medicina para calmar el dolor (físico y anímico). ¿Tú qué significado le das? ¿Concibes tu música como una medicina para apagar el dolor, o para olvidarse de los males del mundo exterior?

La primera definición que encontré fue la de ‘una poción usada por los antiguos griegos para inducir al completo olvido de cualquier pesar o dolor físico’, y me gustó mucho la idea, que además se adecuaba muy bien con la experiencia de hacer la música de “Nephente”, porque para mí representó ese tipo de experiencia. Al instante supe que el disco se tenía que llamar así.

La estética de tus temas tiene un significado muy completo al ser tan etérea, sobre todo por la parte vocal. Pero a nivel textual, tu voz apenas aporta significado porque apenas hay palabras. Como mucho, se podría hablar de un significado en clave de sentimientos y emociones. Como en Sigur Rós, es el oyente quien tiene que decidir qué quiere entender de todo eso. ¿A ti te preocupa el significado, como en una canción pop o en un poema, o es algo que te da igual?

Para mí lo importante es cómo suena la música cuando la hago. No es algo intencionado, es algo que sucede de manera natural cuando empiezo a grabar, casi siempre son sonidos, casi nunca son palabras, y en caso de que haya palabras casi nunca tienen un sentido natural. Admiro muchísimo a artistas como Joanna Newsom o Bill Callahan, que son capaces de pintar un cuadro con sus letras preciosas, pero esa no es mi gran habilidad.

¿Dirías que tu música es de algún modo religiosa, o al menos mística?

Entiendo bien que el tipo de música que hago están muy próxima a las ideas de religión, espiritualidad o mística. No intento, de todos modos, que mi música sea intencionadamente nada de eso. Mi sentimiento es que es profundamente personal, emocional e incluso devota, así que comprendo por qué la gente puede apreciar mi música como si fuera espiritual. Pero la realidad es que trata sobre todo acerca de sentimientos.

En “The Magic Place” lo hiciste todo tú sola, y en “Nepenthe” requeriste la ayuda de otros músicos. Esta manera de hacer en el último disco, ¿es una interrupción de tu costumbre, o es el comienzo de una nueva forma de grabar tu música? Es decir: cuando vuelvas a grabar, ¿necesitarás más gente, o volverás a hacerlo sin ayuda de nadie?

Cuando hice “Nepenthe” me desvié del camino que había seguido para hacer música, es cierto. Y fue un desvío agradable. Hice mucha música en la cama, viajé a Islandia y tuve un productor como Alex, conté con las chicas de Amiina para que tocaran cuerdas, y Robbi me ayudó con la guitarra, y la ayuda del coro de chicas que cantó conmigo por encima es algo que nunca, nunca voy a olvidar. Me abrió los ojos a nuevas posibilidades que no había imaginado. Supongo que en el futuro haré discos en solitario de nuevo, pero también discos en los que participará más gente: me gustan las dos maneras de trabajar y tengo muchas ganas de dar el siguiente paso.

Cuando estás actuando en directo y miras a la gente que tienes delante tuyo, ¿qué tipo de expresiones ves en las caras?

A veces veo gente llorando. Y para mí eso siempre es chocante. ¡Espero que sea algo bueno!

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