Actualidad

¿Por qué comprar la ropa cuando puedes alquilarla?

Esta sencilla idea se le ocurrió a Rent The Runway. Acaban de facturar 50 millones de dólares en sólo un año

Los medios hablan del fauxsumerism o falso consumismo como la gran bestia negra de las marcas enfocadas a los jóvenes: ellos, según estudios recientes, no consumen, se contentan con ir de compras sin comprar, probarse la ropa sin pagarla o devolver una prenda para poder invertir en otra sin gastarse un duro.

Al fin y al cabo, no pueden permitírselo, pero tampoco quieren prescindir de las tendencias o los nuevos objetos culturales. Así se explica el triunfo de Netflix, Spotify y otros modelos de negocio que rechazan la posesión y apuestan por compartir contenido pagando módicas cuotas. Y así se explica por qué Rent the Runway (en castellano: alquila la pasarela) ha facturado 50 millones de dólares brutos el pasado año con tan sólo cuatro años de existencia o por qué sus dos fundadoras aparecen en la lista "40 por debajo de 40" que la revista Fortune dedica cada año a jóvenes genios empresariales.

Todas las buenas historias de éxito y empredimiento tienen algo en común: parten de ideas aparentemente sencillas. Cada vez que se habla de Rent the Runway, muchas marcas de moda y expertos en retail se llevan las manos a la cabeza y entonan eso de: ¿cómo no se me había ocurrido antes?

El plan maestro de esta compañia brotó de las mentes de Jennifer Hayman y Jennifer Reiss. Las dos compartían clases en el Harvard Business School y no tenían ni idea de moda, pero les sobraba sentido común:

Hartas de ver cómo la clase media americana gastaba cientos de dólares en vestidos de firma para bodas, eventos y bailes de graduación y los dejaban olvidados en un armario, decidieron lanzar una tienda online donde cientos de prendas de decenas de firmas distintas podían alquilarse por horas, días o semanas. En pocas semanas, llegó la financiación.

Sí, cómo a nadie se le había ocurrido antes.

Hoy cuentan con un equipo de más de doscientos empleados y varios corners en tiendas físicas, centros comerciales de lujo que prestan algunos de sus metros cuadrados al negocio de alquiler de prendas. Pero si hay algo que marca la diferencia en Rent The Runway, además del consumo de moda basado en la no propiedad, eso es su puntero departamento de datos.

En los últimos meses, hemos leído cientos de historias de éxito sobre firmas de moda que triunfan gracias a sus analistas de información, narraciones sobre rastreadores de datos en las tiendas y profecías sobre un futuro del consumo de moda centrado en dar al cliente lo que quiere en función de la información personal que este va dejando en las redes.

Si las marcas tradicionales necesitan saber qué quieren sus consumidores antes de que estos lo sepan, qué tendencias tendrán aceptación masiva o qué métodos de venta serán los favoritos de las jóvenes generaciones, la importancia de los datos se duplica en un negocio basado en el alquiler; no puede haber stock, todo debe ser apetecible, cada prenda ha de ser un capricho que cientos de internautas estén dispuestos a poseer de forma efímera.

El negocio está alimentado por la novedad, la necesidad de lucir lo nuevo sin necesidad de tener que pagar por ello. Y en la industria actual, gran parte de esas ansias de novedad no están fomentadas por las revistas ni las pasarelas, sino por las redes sociales: para muchos gurús de Instagram, hay una ley tácita que prohíbe retratarse dos veces con la misma prenda.

"Crean mucha presión. No puedes repetir modelo porque tus amigos ya lo han visto en las redes sociales. Suena ridículo, pero ese es el motor de nuestro negocio", cuenta Hyman en Forbes.

Su equipo de analistas rastrea diariamente miles de perfiles de Facebook e Instagram para saber qué estilos serán los más demandados. Con los datos aportados, realiza estudios comparativos en función de la región y la edad que dan pie a informes anuales sobre los hábitos de consumo de los americanos: saben, por ejemplo, que una americana de clase media y mediana edad compra 64 prendas de ropa al año. Y se pone la mitad.

Vigilan, además, el cuidado de cada prenda que es devuelta (utilizando siempre la misma cadena de tintorerías) y van cambiando su escaparate virtual (y físico) en función de la demanda que rastrean en Internet. Así, manejando ingentes cantidades de datos y mostrando la prenda adecuada en el momento adecuado y al cliente adecuado, han sabido terminar con un prejuicio que convive entre nosotros desde tiempos inmemoriales: en la moda, como en cualquier otro negocio de consumo, la posesión y el disfrute no tiene por qué ir de la mano.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar